Nativel Preciado: “No sé lo que será de nosotros si no se ponen límites a los que manejan la IA y las redes"
La protagonista de El pan de mis hijos (Espasa, 2025), la última novela de Nativel Preciado (Madrid, 1948), es una periodista y escritora con una vida dedicada de manera inquebrantable a su carrera que, inesperadamente, tiene que asumir una herencia millonaria de una familiar lejana que nunca sospechó recibir. Con sus realidades y sus ficciones, a partir de esa premisa, la trama está repleta de reflexiones sobre asuntos profesionales y vitales, igual que esta conversación en la que (vaya feliz coincidencia) la también periodista y escritora comparte con los lectores de infoLibre la sabiduría adquirida a lo largo de tantos años de observación del mundo y ejercicio del periodismo.
Dos cosas que no están tan alejadas como parece, si bien aclara Preciado que los periodistas no se dedican “únicamente a observar la realidad y contarla”, pues “también aportan sus conocimientos, su criterio a la hora de seleccionar las noticias”. “El periodismo tiene la responsabilidad de dar la importancia que merece cada hecho. Hay noticias que se imponen o se hacen virales y, sin embargo, no son relevantes. Los periodistas tienen la obligación de diferenciar el ruido de la relevancia, así como de delimitar la frontera que separa la información de la opinión, ya que cuando dan pábulo a rumores sin verificar están contribuyendo a propagar la basura informativa”, plantea.
Lo primero que le estorba a la ultraderecha es la prensa libre
“Muchas noticias, buenas y malas, se quedan fuera de la atención de los medios por temor a aburrir al lector y no ser rentables, por presiones del poder económico o político, y porque hay un tipo de noticias que requieren más tiempo y más dedicación que las habituales: declaraciones políticas o económicas, corrupciones varias, catástrofes y accidentes”, prosigue, para a su vez recordar que “las prisas y la precariedad impiden al periodista dedicar demasiado tiempo a lo que cuenta cada día”. “Es lo que impide hacer seguimiento de las noticias y saber cómo evolucionan los problemas que se denuncian. Qué se está haciendo a diario para impedir los crímenes machistas, la violencia callejera, el mantenimiento de las infraestructuras, las medidas contra el cambio climático, la acogida de los migrantes, el problema de los jóvenes y la vivienda, la invasión turística… ¿Cómo se puede hacer un seguimiento de estos asuntos y muchos más sin aburrir al lector?”, añade.
En tiempos de redes sociales y algoritmos con pinta de señores fachas, remarca la periodista que estos últimos —los algoritmos, no los señores fachas, que también—, suponen una forma de “orientar y limitar determinadas informaciones molestas para los poderes de toda índole”. “La supervivencia económica obliga a tener repercusión inmediata: el indeseable trending topic”, lamenta, relacionándolo con algo en realidad tan viejo como el periodismo mismo: “Las audiencias premian el sensacionalismo y lo que garantiza el clic inmediato”. Y denuncia en este punto el peligro de la autocensura que ya de por sí impone la “viabilidad económica”, a la que hay que sumar “el recurso de las querellas por injurias y calumnias, la publicidad institucional, y las noticias falsas para desacreditar a los medios o los periodistas críticos”. “Me canso solo de enumerar los problemas a los que nos enfrentamos”, remata.
La democracia necesita, más que nunca, gente que la defienda
Hablaba hasta ahora Preciado de las dificultades del oficio periodístico, pero va más allá al ampliar el foco y relacionarlo con el contexto de un mundo en derivas, cuanto menos, desconcertantes. “La democracia necesita, más que nunca, gente que la defienda. Y el mejor camino es informar con claridad a los ciudadanos para que sean conscientes de lo que está sucediendo”, señala, por lo que “deberíamos aprovechar cualquier ocasión para hacer pedagogía sobre el Estado de Derecho y explicar las ventajas del sistema democrático, con sus errores y sus carencias, además de compararlo con los inconvenientes de los regímenes pseudodemocráticos o abiertamente autoritarios”.
“Hay que explicar muy bien en qué consiste el populismo para no dejarse llevar por la demagogia. Los que tenemos edad para haber conocido la dictadura franquista deberíamos hacer mucha pedagogía sobre lo peligroso que es vivir sin libertad y estar sometido a leyes injustas y arbitrarias”, recomienda, destacando en este punto que “la mentira y la desinformación son elementos corrosivos” para la sociedad: "Si la gente llega a la conclusión de que ‘todos mienten’, que ‘nada es verdad’ y que ‘todos son iguales’, acaba desconfiando del sistema democrático y desinteresándose de la vida pública. Los ciudadanos desengañados son presa fácil del populismo, se entregan con facilidad a los antisistema, porque les parece que es la mejor manera de protestar contra la política institucional y los partidos tradicionales".
Deberíamos aprovechar cualquier ocasión para hacer pedagogía sobre el Estado de Derecho
Es por esto último que, según remarca, “lo primero que le estorba a la ultraderecha es la prensa libre”, pues “para colar sus embustes y sus mensajes antidemocráticos, a través de la propaganda, necesitan desarmar a la opinión pública, privarla del criterio y de los argumentos que pueden encontrar en los medios de comunicación cuando son fiables”. Además, destaca, “el populismo de la ultraderecha llega mejor a través de los mensajes simples y directos que aparecen en las redes sociales”, por lo que recuerda una frase que le gusta decir cuando tiene ocasión: “La prensa es la mejor defensa contra la tiranía”.
Y continúa: “Sin un periodismo riguroso, crítico y fiable, el poder actuaría con más impunidad. El periodismo necesita controles que garanticen su veracidad para diferenciarse de la propaganda y la publicidad. Los gabinetes de comunicación, a través de sus comunicados de prensa, invadirían todo el espacio informativo y, al no tener el recurso de conocer la verdad, la sociedad se quedaría más indefensa. Cuanto más lo pienso, más me alarma la posibilidad de que se prescinda de medios de comunicación independientes, puesto que cuanto más dependientes sean, más indefensos dejan a los ciudadanos. Alguien, más fiable que los jueces, tiene que actuar como contrapeso y elemento fiscalizador del poder político, económico o empresarial. De otro modo, la propaganda, el adoctrinamiento y el algoritmo ganarían la batalla”.
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Una batalla en la que ha entrado a participar también la inteligencia artificial, “que miente más que habla pero, eso sí, cuando la pillas en un renuncio te pide perdón muy cortésmente y siempre te da la razón”. “No sé lo que será de nosotros si no se ponen límites a los que manejan la IA y las redes sociales”, advierte, no sin recordar que, de hecho, estas herramientas “ya están en manos de gente peligrosa” que tiene cada vez más poder: “En determinadas tareas, nos facilitará la vida, pero, en otras, habrá que andarse con ojo. Tenemos que reforzar los valores propios del periodismo, es decir, trabajar sobre el terreno, contrastar, poner en perspectiva, utilizar fuentes solventes, aportar nuestra visión personal y diferenciada. En fin, todo lo que la IA no puede hacer todavía. Pero hay muchos viejos hábitos de esta profesión que muy pronto se quedarán obsoletos”.
Ante estas amenazas no ya futuras, sino bien presentes, subraya Preciado que un periódico es resistencia “cuando da voz a los que no la tienen, denuncia los abusos del poder y defiende la verdad por encima de los intereses económicos o políticos”. Por eso, propone: “Todo lo que se enfrente a las prisas y a la superficialidad supone hoy un acto revolucionario. Tenemos que pararnos a pensar lo mucho que nos estamos jugando en este momento, saber lo que nos compensa y rechazar los atajos, y no dejarnos llevar por las soluciones inmediatas y cortoplacistas. Los cambios tan profundos a los que nos enfrentamos requieren cimientos sólidos. En este proceso, tenemos que encontrar muchos aliados que tengan paciencia y capacidad de resistencia”.
Para terminar, comparte con infoLibre la que, para ella, es la pregunta -que son varias en realidad- que los periodistas hacen muy poco al poder: “¿En qué momento una persona con valores éticos, que decide dedicarse a la cosa pública, pasa de vivir para la política a vivir de la política? ¿Cómo es el proceso que facilita esa transformación? ¿Cuándo se da el paso hacia la corrupción moral?” A su juicio, sería muy útil saberlo con detalle para que lo puedan “evitar” los que vengan después: “Me asombra que, a mi edad y con mi experiencia, me sigan sorprendiendo determinados políticos por los que hubiera puesto la mano en el fuego y, una vez más, me la hubiera quemado. Centenares de miles o incluso millones, de ciudadanos están tan defraudados como yo”.