Prensa Ibérica, influencia decisiva fuera de la M-30 y dependencia extrema del dinero público
Editorial Prensa Ibérica (EPI) suma más de 24 millones de usuarios únicos mensuales y una audiencia en papel que supera los dos millones de lectores, según datos del EGM (Estudio General de Medios) y de GfK DAM, los dos paneles de referencia para medir audiencias en España. El grupo edita 22 cabeceras generalistas y dos diarios deportivos, con periodistas sobre el terreno en doce comunidades autónomas. Pero su nombre apenas aparece en las tertulias mediáticas de Madrid, porque nunca ha conseguido trasladar su influencia a la capital.
El grupo basa su fuerza en la suma de periódicos que, en algunos casos, son líderes de opinión en sus provincias, pero no componen una marca nacional única. Faro de Vigo, La Nueva España, Levante-EMV o La Provincia funcionan como referencias sociales en sus territorios antes que como piezas de un conglomerado propiedad de un empresario que poco o nada tiene que ver con las ciudades de cuya identidad forman parte estos diarios.
Ese crecimiento territorial responde a una lógica concreta. El fundador del grupo llegó a la prensa desde el mundo financiero, y esa trayectoria explica un patrón de expansión basado en la compra y consolidación de cabeceras rentables, más que en el lanzamiento de proyectos editoriales desde cero.
Un abogado que llegó a la prensa desde la banca
El fundador del grupo, Javier Moll, nació en Zaragoza en 1950 y se licenció en Derecho. Su carrera profesional comenzó en el sector financiero, con pasos por el Banco Atlántico y la Banca Garriga Nogués, además de un puesto de consejero en el Banco de las Islas Canarias.
Moll entró en el negocio de la comunicación en 1978, cuando adquirió Editorial Prensa Canaria, editora de La Provincia y del desaparecido Diario de Las Palmas. Junto a su esposa, Aránzazu Sarasola, construyó desde ese núcleo canario un grupo que hoy dirige la segunda generación de la familia. Su hijo, Aitor Moll Sarasola, es consejero delegado desde 2014, aunque Javier Moll sigue siendo la pieza clave de la estrategia del grupo.
El salto de EPI a la península se produjo en 1984, cuando el Gobierno socialista organizó la subasta de los Medios de Comunicación Social del Estado (MCSE). Ese conglomerado de prensa, radio y agencias procedía del Movimiento Nacional franquista, que había gestionado cabeceras incautadas tras la Guerra Civil a la prensa republicana, a partidos y a sindicatos.
Con la Constitución de 1978, el MCSE pasó a manos del Estado democrático con el mandato de privatizar progresivamente sus medios. El proceso se cerró a comienzos de los noventa, con Felipe González en la Presidencia del Gobierno, y tuvo en Javier Moll a su principal beneficiario, lo que desde entonces le etiquetó como alguien próximo a los socialistas, aunque la línea editorial de muchos de sus periódicos esté lejos del progresismo.
En la subasta, el grupo se hizo con tres cabeceras que siguen siendo pilares de su estructura. La Nueva España, en Asturias; Levante-EMV, en Valencia; e Información, en Alicante. Dos años después, en 1986, sumó el Faro de Vigo, el decano de la prensa española, es decir, el periódico en circulación más antiguo del país, con lo que aseguró su presencia en Galicia.
Cabeceras propias en plazas con competencia previa
Junto a las adquisiciones, EPI desarrolló una estrategia de creación de periódicos desde cero bajo la marca La Opinión, en plazas donde ya existían otras cabeceras. El grupo lanzó así ediciones en Murcia en 1988, en Zamora en 1990, en Málaga y Tenerife en 1999, y en A Coruña en 2000.
A este modelo se sumaron lanzamientos especializados, como el diario deportivo Superdeporte en 1993 y el semanario en alemán Mallorca Zeitung en 2000. Aun así, el grueso del actual perímetro del grupo procede de adquisiciones de cabeceras con más de un siglo de historia.
Con todo, el movimiento que situó a Prensa Ibérica como el primer grupo español de información general fue la adquisición del Grupo Zeta en 2019. La operación supuso la entrada de EPI en Cataluña y el control de El Periódico, una cabecera local pero de referencia nacional.
En la puja por Zeta, Prensa Ibérica se impuso a Mediapro y a su entonces presidente, Jaume Roures. El factor decisivo fue que Moll cerró un acuerdo con la banca acreedora para reestructurar la deuda del grupo, una pieza financiera que Roures no logró asegurar. La compra se cerró tras una larga negociación con la familia Asensio, propietaria de Zeta, en la que muchos vieron la influencia del Gobierno de Pedro Sánchez.
El contexto político de la operación fue sensible. Zeta controlaba cabeceras con peso en Cataluña, Aragón, Extremadura y la Comunitat Valenciana, y en sectores empresariales y políticos existía el temor de que una compra de Roures reforzara un polo mediático próximo al independentismo. La banca, la Generalitat, Moncloa y el clima del procés, el proceso independentista catalán que había marcado los años previos, condicionaron el desenlace de la puja.
Además de El Periódico, la operación incorporó a EPI el diario deportivo Sport y cabeceras regionales como El Periódico de Aragón, El Periódico Extremadura, Mediterráneo y Córdoba. El grupo pasó así a tener peso en territorios donde antes no tenía presencia o era menor.
El proyecto nacional que no cuajó en papel
Con la fuerza territorial que le dio la compra de Zeta, Moll intentó completar su mapa con una cabecera estatal con sede en Madrid. Así nació El Periódico de España en 2021, el primer diario nacional del grupo, ideado como punta de lanza del grupo en el polarizado ecosistema mediático de la capital.
El proyecto arrancó con edición en papel y digital, pero la tirada impresa se quedó muy lejos de las expectativas. En marzo de 2024, Prensa Ibérica cerró el papel de esta cabecera para concentrar los recursos en la web, y el diario, convertido en una pieza marginal del universo mediático madrileño, quedó como marca exclusivamente digital.
A pesar de ello, el grupo ha seguido ampliando su mapa nacional con otras compras recientes. En 2022 incorporó El Correo Gallego y, a comienzos de 2024, el decano sevillano El Correo de Andalucía.
Doce comunidades bajo un mismo modelo de gestión
La relevancia de Prensa Ibérica no se mide solo en el número de cabeceras, sino en el liderazgo real de sus marcas en cada territorio. La Nueva España es líder indiscutible en Asturias. El Faro de Vigo es el decano y referente informativo en el sur de Galicia. Levante-EMV e Información dominan la opinión pública en la Comunitat Valenciana. La Provincia es el pilar original y líder del grupo en Canarias.
Esta capilaridad territorial, con periodistas en doce comunidades autónomas, permite a EPI intervenir en mercados locales con un peso institucional que los diarios madrileños no tienen. La información generada en cada territorio se proyecta después a escala nacional a través del intercambio de contenidos entre las cabeceras del grupo, lo que contribuye a reducir los costes, al tiempo que homogeneiza gran parte de los contenidos.
Pese a su volumen, Prensa Ibérica atraviesa un proceso de ajuste en un mercado publicitario volátil. En el ejercicio 2024, el último sobre el que hay datos publicados, el grupo cerró con pérdidas netas consolidadas de 3,2 millones de euros, una cifra que mejora los resultados de los dos años anteriores. En 2022 las pérdidas fueron de 6,6 millones y en 2023 se situaron en 5,8 millones.
El motor de esa mejora ha sido la publicidad digital, que ya representa más del 40% de los ingresos publicitarios totales del grupo, unos 53 millones de euros. Pero también una fuerte dependencia de la publicidad del sector público.
Casi 38 millones en publicidad institucional
Gran parte de esos 53 millones de euros de ingresos publicitarios digitales procede de fondos públicos. La partida incluye presupuestos de comunidades autónomas, administraciones locales y del Gobierno central.
Los datos que las propias cabeceras del grupo publicaron en sus webs para cumplir con la regla de transparencia del Reglamento Europeo de Libertad de los Medios (EMFA), por sus siglas en inglés) permiten precisar esa dependencia.
En 2024, el conjunto de medios de Prensa Ibérica ingresó 37.959.769,04 euros en fondos publicitarios procedentes de organismos públicos.
La comparación con lo que el Gobierno de España destinó al grupo un año después, en 2025 (apenas 2,7 millones) sugiere que la mayor parte de esos casi 38 millones tiene su origen en las comunidades autónomas y en la Administración local. Prensa Ibérica no facilita el dato que permitiría conocer qué peso tiene esta financiación pública en el conjunto de sus cuentas.
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En cumplimiento del EMFA, los diarios del grupo sí han incorporado un enlace, escondido al pie del site principal de cada uno de ellos, que lleva a una página que señala a Moll y a su mujer como los dueños últimos de Editorial Prensa Ibérica. Es ahí donde explican cuánto dinero público recibieron en 2024, aunque sin concretar su origen por administraciones ni cuánto supone sobre el conjunto de los ingresos de cada periódico.
El reparto por cabeceras muestra a El Periódico a la cabeza en la recepción de publicidad institucional, con más de 7,1 millones de euros. Le siguen Faro de Vigo, que superó los 4 millones, y Levante-EMV, con 2,3 millones. Completan el grupo de mayores beneficiarios La Provincia y Diario de Las Palmas, con 1,94 millones; El Periódico Mediterráneo, con 1,69 millones; y La Nueva España, con 1,63 millones.
Los negocios de la familia Moll no se limitan al negocio periodístico, lo que representa un potencial conflicto de interés en los términos establecidos por el EMFA. Tienen inversiones en sanidad, a través de la Clínica Corachan de Barcelona; en el sector inmobiliario, mediante la sociedad Laimo; y en el vitivinícola, con la Bodega Terramoll, en Formentera.