Stephen Kapos, superviviente del Holocausto: “Me he visto retratado en los palestinos”
Las navidades de 1944 en Budapest permanecen intactas en Stephen Kapos: su madre, que se hacía pasar por enfermera de la Cruz Roja, fue a visitarlo al centro de detención para menores y le dijo que el padre había sido enviado al campo de Belsen (Alemania). El niño tenía siete años largos; la familia había sido separada por ser judíos. En Hungría, donde nació Stephen en 1937, la guerra llegó tarde. Los nazis invadieron en marzo de 1944 y el partido de extrema derecha Arrow Cross llegó al poder en octubre, abriendo la puerta de par en par a la persecución y deportación de judíos y comunistas, a la ilegalización de partidos y asociaciones y a las medidas de prohibición que tienden a practicar los regímenes totalitarios a través de la historia.
En un día de calor, en el Café Palestina, en el norte de Londres, Stephen recuerda episodios de su vida con una precisión envidiable a la memoria más exacta que le pasa por delante. “Mi padre era médico y tuvo que acabar la carrera en Praga, porque en Hungría las plazas universitarias para judíos eran limitadas; eso sí era antisemitismo. Él construyó una casa de arquitectura moderna en Budapest a la que llamaban 'La casa del médico loco', porque empezaba a especializarse en psicología y psiquiatría. Aunque lo peor llegó en 1944, desde 1939 unos 63.000 judíos húngaros fueron asesinados”, explica Stephen, y añade que “en Hungría los nazis lograron un acuerdo con el sionista Rezso Kasztner para que algunos judíos ricos o valedores de profesión pudieran ir a Suiza vía Belsen con los trenes de Kasztner; nosotros entrábamos en esa categoría, hasta que Hitler lo descubrió y adiós Suiza”.
Para salvar la vida, la familia de Stephen cambió de apellido: Kapos, un río que lleva años seco. Unas semanas después del final de la guerra, llegó su madre al centro de detención y ambos se dirigieron a la casa de arquitectura moderna. “De nuestra casa, quedaba el cascarón, se veían los muebles desde la calle, como en las destruidas ahora en Gaza; un día, entre las ruinas, apareció mi padre, que había sobrevivido a Belsen y a Theresienstadt”, recuerda Stephen, saltando con frecuencia de Budapest en guerra a la destrucción de Gaza y al trato a los palestinos en los Territorios Ocupados. Las comparaciones continúan con personas desaparecidas, encarceladas, masacres de inocentes en nombre de la seguridad del Estado, muertes colaterales, torturados sin cargos; restricciones en agua, comida y medicinas; periodos bajo asedio, expulsiones masivas de hogares, etc. “Mi solidaridad con los palestinos ha crecido, porque me he visto retratado en ellos durante el holocausto”, prosigue.
El término antisemitismo hace cavilar a Stephen por las distintas interpretaciones que se han hecho del vocablo en los últimos años en Reino Unido. El Partido Laborista, bajo Keir Starmer, anunció “cortar de raíz el antisemitismo del partido”. Para ello establecieron una definición que vinculaba el concepto con las críticas al Estado de Israel; así expulsaron a Jeremy Corbyn y a una sección de la rama Momentum del partido. “La llamada Declaración de Jerusalén, redactada por académicos, es la más correcta que se ha publicado hasta ahora; separa el judaísmo del sionismo y lo religioso de lo político”, explica Stephen, quien añade que “tenemos el deber y el compromiso moral con la humanidad, y los que sufrimos el holocausto todavía más, de denunciar el genocidio en Gaza”.
Al parecer de Stephen, la llegada del laborista Andy Burnham a la presidencia del Gobierno no es para tirar cohetes. Resalta que “Burnham no pronuncia la palabra genocidio, sino el sufrimiento de los palestinos; ha nombrado responsables de Exteriores, Defensa y Economía a partidarios de proveer de armas a Israel, permitir el uso de las bases británicas para atacar Palestina, reconocen el Estado palestino, pero no hacen nada para conseguirlo, etc. El cambio, si lo hay, será menor; lo hemos visto en el mensaje de buenas intenciones que ha grabado Burnham antes de ser elegido como nuevo líder y primer ministro: palabras vacías y pocos hechos; debería tomar ejemplo de Pedro Sánchez y de su defensa de los intereses de España, en lugar de doblegarse al sionismo”.
En 1956, Stephen se trasladó a Londres para proseguir sus estudios de arquitectura; se graduó, formó familia y trabajó en proyectos como la construcción de la catedral católica de Liverpool, edificio catalogado como Patrimonio Cultural. Votaba al Partido Laborista. “Admiré el Gobierno de Harold Wilson por su oposición a la guerra de Vietnam, aunque no me atrevía a manifestarme en la calle; yo defiendo el socialismo con cara humana y la democracia; me afilié al laborismo en 1997 cuando ganó Tony Blair, me opuse a la guerra en Irak; tuve un encontronazo con Keir Starmer por lo del antisemitismo en un congreso en el que yo presenté una resolución, rechazada con enmiendas que prohibían a los laboristas criticar la política de Israel. Starmer, furioso, me acusó de dividir el partido; salí del partido y ahí empezó mi activismo con grupos como Stop the War Coalition y otros por la paz y contra la guerra”.
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En el sosiego que le proveyó Inglaterra, Stephen inició su travesía personal en el pasado familiar. “En un viaje a Haifa visité a una tía que justificaba la muerte de árabes por el hecho de ser árabes; a mí, me resultaba incomprensible que alguien como nosotros, que habíamos sido perseguidos para la exterminación —en mi familia ejecutaron a entre 15 y 20 tíos y primos en distintos grados—, pudiese cruzar la línea roja que habían cruzado con ella los nazis”, rememora Stephen. Jubilado, decepcionado con el laborismo e indignado por la limpieza étnica en Gaza (73.000 asesinados desde octubre 2023, la mayoría menores y mujeres), Stephen decidió salir a la calle e incorporarse a las manifestaciones en solidaridad con el pueblo palestino cuando ya había adquirido una cierta notoriedad como superviviente del holocausto para hablar en escuelas o en eventos y plataformas públicas.
En una manifestación vio a dos hombres que sostenían una pancarta que rezaba “Descendientes de supervivientes del holocausto contra el genocidio en Gaza”. Se unió a ellos con la autoridad que le otorgaba el ser él mismo superviviente. El grupo ha aumentado; Agnes Kory, otro miembro, sobrevivió los campos de bebé; hijos e hijas de supervivientes despliegan sus pancartas en las manifestaciones que se organizan en Londres. “Al lema Never again (nunca más), que tanto repiten, debe añadirse: para nadie”, apostilla Stephen. El embajador israelí en la ONU, Gilad Erdan, se colocó la estrella amarilla y aludió al Never again en octubre de 2023 durante una reunión del Consejo de Seguridad. De lo cual Stephen opina que “fue otra utilización teatral del holocausto; la forma con la que el Gobierno israelí utiliza el holocausto para justificar lo que hace en Gaza es un insulto al propio holocausto”.
En su etapa de activista, Stephen Kapos va incorporando nuevas alianzas y amistades al camino de su vida. Destaca la siguiente: “Hace unos meses me convocaron para que comparara mi experiencia como sobreviviente del Holocausto con la de Antoine Raffoul, superviviente de la Nakba (catástrofe o expulsión de casi un millón de palestinos en la creación de Israel en 1948) y también arquitecto; no me puedo deshacer de los paralelismos por más que lo intento”.