Necropolítica

El pensador camerunés Achille Mbembé define en su libro Necropolítica (Melusina, 2011) este concepto como la capacidad de los gobernantes para exponer a poblaciones enteras a la muerte. Para ellos el sentido de la política ya no sería proteger la vida, sino seleccionar quién o quiénes se exponen a la muerte. La soberanía y el poder, según Mbembé, vendrían a ser, de esta manera, la capacidad de decidir quién se expone a la muerte, quién muere.

La pasada semana un incendio de sexta generación en Almería acabó con 12 fallecidos y 23 desaparecidos (la cifra incluye personas con las que no se ha podido contactar y que podrían estar entre los evacuados). No son ni los primeros ni los últimos cuerpos calcinados o asfixiados por un incendio. Sumen a ellos los 237 muertos por la dana de Valencia y añadan también las muertes provocadas por las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas. Los datos provisionales de junio hablan de 900, pero sabemos que serán más cuando todos los casos se reporten y analicen. Todos estos ejemplos —y otros muchos más que no caben en esta columna— tienen su raíz en el cambio climático. Ese que todo lo cambia y que nos obliga a cambiarlo todo para poder hacerle frente.

Y mientras esto pasa, los acuerdos PP-Vox en las comunidades autónomas cuestionan las políticas ambientales y reducen las medidas de adaptación y de protección. Cojamos como ejemplo el último, en Andalucía: “Rechazo a la reforma de la PAC y la condicionalidad climática”, “Andalucía, libre de cargas climáticas derivadas del Pacto Verde Europeo”, etc. Y, como colofón: “La Junta de Andalucía se compromete a no promover, financiar, subvencionar ni incentivar con fondos propios la creación, ampliación, o endurecimiento de las zonas de bajas emisiones en los municipios andaluces”. Si no han ido más lejos es porque es contrario a los planes de la Unión Europea, y acciones más rotundas podrían acabar provocando multas y sanciones. Todo esto en una comunidad en que el presidente Moreno Bonilla anunciaba en 2019 toda una “revolución verde” y la dotaba con 350 millones de euros (para ver más sobre las referencias ambientales en el resto de acuerdos PP-Vox en las comunidades autónomas, consulten este artículo de Daniel Lara en infoLibre).

Cuando desde las instituciones no se protege la vida, sino que se van limitando o anulando aquellas medidas destinadas a ello, están poniendo en peligro la salud y, por tanto, a las personas

Cuando desde las instituciones no se protege la vida, sino que se van limitando o anulando aquellas medidas destinadas a ello, están poniendo en peligro la salud y, por tanto, a las personas. Los que entendemos que el fin último de la política es proteger y mejorar la vida, podemos pensar que esto es un ejercicio de antipolítica, pero Mbembé lo definió de forma más precisa cuando habló de “necropolítica”. En efecto, en la medida en que hay no un descuido ni una desatención, sino una actitud activa, se trata de una política. Mbembé se refirió a esta necropolítica pensando fundamentalmente en las “máquinas de guerra” en que se han convertido algunos Estados y grupos de mercenarios en países donde la violencia campa a sus anchas. Pero la ausencia premeditada —ya no cabe alegar ignorancia— de medidas eficaces de mitigación y adaptación al cambio climático, o lo que es peor, el retroceso y la reducción de lo que ya existe, ¿no es también un ejercicio de necropolítica?

Ojalá me equivoque, pero temo que las consecuencias derivadas del cambio climático como incendios de sexta generación, inundaciones, olas de calor o aquellas enfermedades que provocan la contaminación atmosférica van a seguir creciendo, y este verano es más que probable que tengamos muchos más casos. Es difícil paralizar el cambio climático, pero por cada 0,1ºC de incremento medio de temperatura que se consiga evitar y por cada medida de adaptación que se pueda implementar se estarán salvando millones de vidas humanas. Recuerden esto cuando voten.

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