La estrategia de la derecha

El fantasma de los errores en la campaña del 23J persigue a Feijóo en el arranque del ciclo preelectoral

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.

Hace ya tiempo que, en la política española, las campañas no empiezan el día en que se convocan las elecciones, sino mucho antes. Todavía no hay urnas a la vista ni fecha marcada en el calendario, pero el clima ha cambiado. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dejado de descartar un adelanto electoral y los partidos se preparan para que los comicios se celebren en febrero o marzo de 2027 para no coincidir con las autonómicas y municipales. Ahora cada declaración se convierte en un examen y cualquier error no forzado tiene una onda expansiva mucho mayor que semanas atrás.

En este contexto, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha entrado en una secuencia de declaraciones, rectificaciones y polémicas que recuerda de forma llamativa a lo ocurrido en la recta final de las generales de 2023. Entonces fueron las pensiones, los pactos municipales y autonómicos del PP con Vox (que permitieron la entrada de la extrema derecha en esos Ejecutivos), la negativa a acudir al debate de TVE y una sucesión de declaraciones como la del “narcotraficante” Marcial Dorado los que obligaron al PP a dedicar más tiempo a explicar a su candidato que a confrontar con Pedro Sánchez. Tres años después, el patrón parece repetirse, y la dirección nacional del partido se ha visto de nuevo abocada a matizar las palabras de su líder para evitar que el globo se hiciera cada vez más grande. 

Feijóo ha cuestionado la ampliación de la llamada ley de nietos al sugerir que el Gobierno pretendía "fabricar votantes", ha definido el absentismo laboral como un “cáncer" del mercado de trabajo, ligándolo a las bajas médicas y defendiendo cambios que endurecerían su regulación; y ha defendido una ley estatal del “concebido no nacido” en una tensa entrevista con Susanna Griso en Antena 3. Un espacio a priori afín para el líder del PP, pero en el que tuvo que responder por sus propias contradicciones. Días antes, también aseguró que había que “pasar página” del procés, lo que soliviantó al ala más dura del partido y recibió una crítica directa del expresidente José María Aznar.

Por separado, cada una de esas controversias podría despacharse como un error de comunicación. Juntas dibujan, sin embargo, un patrón que en Génova conocen bien y que ya tuvo consecuencias hace tres años. Y es que cuanto más se aproxima un escenario electoral, más dificultades encuentra Feijóo para sostener un perfil presidenciable frente al de Pedro Sánchez —el líder del PP ha perdido apoyo entre sus propios votantes desde que es presidente nacional— y más visibles se vuelven las costuras ideológicas de su proyecto y dibujan decisiones políticas que desplazan el foco desde las debilidades del adversario hacia las propias. 

En los últimos meses, la conversación política ha girado alrededor de la situación del Gobierno de Sánchez, de la crisis abierta por el caso Leire y el papel del PSOE en todo ese entramado, de la sentencia del caso Mascarillas, de la polémica instrucción del juez Juan Carlos Peinado en el caso de Begoña Gómez y de la declaración del hermano del presidente del Gobierno. Frentes judiciales que complican a Sánchez la reelección, a los que se suman las dificultades para recomponer la mayoría parlamentaria y las dudas de los socios sobre la continuidad de la legislatura. Génova llevaba semanas explotando ese contexto, dejando que fuera el desgaste del Ejecutivo el que marcara la agenda, pero esta semana ha sido Feijóo el protagonista, aunque no como él hubiera deseado.

De la "ingeniería electoral" al "concebido no nacido"

La primera polémica llegó con la reforma de la ley de memoria democrática para ampliar el acceso a la nacionalidad española de los descendientes de emigrantes. Feijóo denunció que el Ejecutivo pretendía incorporar nuevos votantes al censo que definió como “ingeniería electoral", insinuando una manipulación electoral que obligó después al PP a aclarar posteriormente que no estaba poniendo en cuestión la limpieza de los procesos electorales españoles. El episodio adquirió mayor relieve cuando Griso recordó a Feijóo que el propio Partido Popular había respaldado en el pasado iniciativas similares para facilitar la nacionalidad a los descendientes de españoles en el exterior.

En esa misma entrevista, el líder del PP aseguró que impulsará la ley del “concebido no nacido" a nivel estatal, a imagen y semejanza de la aprobada por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. El anuncio buscaba tener un efecto mediático, pero desde la oposición y las asociaciones feministas lo interpretan como un mensaje en contra del aborto. El texto de la ley madrileña no modifica la ley del aborto ni le reconoce personalidad jurídica plena al embrión, pero sí que dispone que, en el ámbito de las competencias de la Comunidad de Madrid, "al concebido se le tendrá por nacido" siempre que ello suponga "un mayor beneficio" para la unidad familiar o alguno de sus miembros. 

No había terminado de apagarse esa polémica cuando, en un acto con el empresariado vasco en Bilbao, Feijóo calificó el absentismo laboral como un “cáncer" del mercado de trabajo español y planteó la necesidad de revisar el sistema de bajas laborales para reducir su impacto sobre las empresas. Unas palabras que provocaron el rechazo inmediato por parte de asociaciones de pacientes, sindicatos y también de la oposición, al situar bajo sospecha a quienes se encuentran de baja médica.

Aunque desde Génova han llegado a reconocer que su líder no se expresó en los mejores términos, se trata de una propuesta que encaja con el discurso económico que el PP lleva tiempo perfilando y que también forma parte de las demandas de la patronal. Un mayor control sobre las incapacidades temporales, un papel reforzado para las mutuas y un sistema de incentivos que reduzca el coste de las bajas para las empresas. Medidas que encajan en una concepción más neoliberal de las relaciones laborales y que, precisamente por eso, suelen quedar relegadas a un segundo plano cuando el PP trata de presentarse como una fuerza de gestión alejada de las grandes batallas ideológicas.

El precedente de 2023

Ese es, probablemente, el elemento que conecta los episodios de esta semana con la campaña de las elecciones generales de julio de 2023. También entonces Feijóo llegó al tramo decisivo como favorito en las encuestas y entonces el debate dejó de girar exclusivamente en torno al desgaste del Gobierno y empezó a centrarse en las propuestas concretas del candidato popular. En apenas unos días encadenó declaraciones contradictorias sobre la revalorización de las pensiones conforme al IPC tras una entrevista en TVE, sembró dudas sobre el voto por correo y tuvo que explicar sus posiciones sobre los pactos autonómicos con Vox.

Además, también decidió no acudir al debate organizado por TVE, alimentando las críticas de sus adversarios, admitió que sabía que Marcial Dorado era un “contrabandista” cuando ambos compartieron amistad y se vio obligado a corregir o matizar varias afirmaciones que terminaron monopolizando la conversación política durante la última semana de campaña.

Feijóo convierte las demandas de la patronal en el programa laboral del PP

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Aquellos episodios no explican por sí solos el resultado electoral, pero marcaron un cambio de clima. La campaña dejó de ser un plebiscito sobre Pedro Sánchez para convertirse también en un examen sobre el propio Feijóo y sobre el alcance real del proyecto político que ofrecía el PP. La victoria en votos no se tradujo en una mayoría suficiente para gobernar, y el líder conservador comprobó que la imagen de gestor competente y desideologizado se resquebrajaba con rapidez cuando el foco se desplazaba hacia las políticas concretas que defendía.

El modelo neoliberal

De nuevo, las polémicas no son aleatorias. Todas remiten a un mismo marco ideológico, el de cuestionar el funcionamiento de determinadas prestaciones sociales, endurecer los mecanismos de protección laboral, introducir una lógica de incentivos económicos allí donde hoy predominan derechos garantizados por el Estado y reducir el peso de la intervención pública en favor de soluciones más próximas al mercado. Y todas tienen un impacto claro en el estado del bienestar.

No es una agenda improvisada, ya que el programa económico del PP incorpora buena parte de las recetas defendidas históricamente por el pensamiento liberal: rebajas fiscales, reducción de cargas para las empresas, flexibilización del mercado laboral, fortalecimiento del papel de las mutuas en la gestión de las bajas y una revisión del alcance de algunas políticas sociales bajo el argumento de mejorar su eficiencia.

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