Entrevista

Emilio Delgado: "Tenemos que ocuparnos de todos esos hombres que viven una crisis de masculinidad brutal"

El portavoz de Más Madrid, Emilio Delgado

Emilio Delgado ha pasado de sonar como posible alternativa interna a la ministra Mónica García para disputar la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso a querer dar el salto a la política nacional. El todavía portavoz adjunto de Más Madrid en la Asamblea defiende llevar a la Cámara Baja la voz del “Madrid de los barrios” frente al modelo de Ayuso, al que acusa de haber construido una sociedad “culturalmente conservadora” y de practicar un “feudalismo” que deja fuera a quienes no pueden pagar la entrada al “parque temático” madrileño. 

Tras compartir un acto con Gabriel Rufián y defender que Más Madrid debe tener un papel protagonista en la recomposición de la izquierda, Delgado le pide al portavoz de ERC que “aterrice” su propuesta. Y, aunque él personalmente amagó con competir en primarias contra García por el liderazgo del partido en Madrid —una posibilidad que finalmente descartó para evitar "un psicodrama de la izquierda"—, defiende ahora abrir una nueva etapa centrada en ampliar el espacio progresista y dejar atrás los debates internos. Sin embargo, sí admite que hay “mucha gente” que le decía “que le habría hecho ilusión” que él fuera quien se presentase contra Ayuso.

¿Por qué ha decidido dar el paso de ir al Congreso? ¿Qué cree que puede aportar?

Estamos viviendo tiempos de enorme incertidumbre y de mucha inseguridad vital. Hay una batalla explícita entre dos opciones: o se sigue concentrando poder, riqueza, tiempo y recursos en muy pocas manos, o se democratizan. Quiero contribuir humildemente a preservar lo mejor que hemos sido capaces de construir en los últimos 50 años con el Estado del bienestar, los servicios públicos y la democracia. Es fundamental que los madrileños tengan una voz en el Congreso, igual que otros territorios tienen representación territorial.

¿Qué ha entendido mejor Isabel Díaz Ayuso de la sociedad madrileña que la izquierda sigue sin comprender?

Ayuso y el PP han hecho un experimento consistente en generar su propio electorado. Han generado una sociedad culturalmente conservadora y juegan con eso. La izquierda tenemos que tomar nota de cómo es la sociedad madrileña y ajustar nuestros mensajes para que puedan ser comprendidos por una parte amplia de la población, porque tienen que ver con mejorar sus condiciones de vida.

El PP ha generado una sociedad culturalmente conservadora y juegan con eso

Cuando el PP dice que es mejor tener el dinero en el bolsillo, nosotros debemos recordar que ese dinero se lo están sacando a la gente cuando tiene que contratar servicios privatizados o cuando necesita una residencia para sus mayores y descubre que el 98% de la gestión es privada. Cuando hablan de libertad de elección, hay que recordar que mucha gente no puede elegir: o te quedas en casa de tus padres hasta los 40 años porque no hay parque público de vivienda, o acudir a un mercado absolutamente prohibitivo.

¿La fragmentación de la izquierda responde más a diferencias políticas, de liderazgo o estratégicas?

La unidad permite maximizar el resultado dentro de un espacio determinado de juego. Podemos conformarnos con eso o intentar ampliar para que entre más gente y ahí lo importante es reconectar con sectores populares que se han distanciado de la izquierda, aportar certidumbre a los indecisos y no renunciar a entrar en el terreno político del adversario. Hay muchas personas que han podido prestar atención a lo que decía la derecha y la extrema derecha, porque a partir de unos dolores reales en los que se ven nombrados, lo que están haciendo las derechas es introducir cambios todavía más reaccionario.

¿Cómo se reconecta con esos sectores populares?

Creo que lo hemos conseguido en muchas ocasiones dejando de hablar de nosotros mismos y hablando más de lo que la gente necesita. Una persona que llega a casa a las ocho o las nueve de la tarde no quiere escuchar el psicodrama de la izquierda. Pero sí puede prestar más atención si le hablamos de conciliación de su vida familiar y familiar, de oportunidades para sus hijos, de escuelas infantiles, de universidad o de empleo de calidad.

Y, en segundo lugar, no pidiendo el carné a nadie. Tuvimos un enorme acierto cuando planteamos hace unos años que había mucha gente distinta que puede estar de acuerdo en lo fundamental: justicia, democracia, libertad y prosperidad. En eso hay una inmensa mayoría de españoles. No se trata de llenar el país de banderas, ni de echar a los inmigrantes, ni de volver a un giro autoritario que nos devuelva a antes de la ilustración y que pasa por modernizar el tejido productivo, la administración pública y garantizar derechos laborales y sociales. 

¿Se refiere a la época posterior al 15M con la aparición de Podemos? ¿Cómo se articula esto tras años distanciados y de gobierno de Pedro Sánchez?

En los gobiernos de la izquierda hay muchas cosas reivindicables, se han actualizado pensiones y hay datos de empleo muy exitosos, se ha aumentado el presupuesto para la dependencia… pero nos hemos olvidado de generar un discurso que vaya más allá de la mera gestión de los servicios públicos, que dibuje un horizonte deseable. Cuando el adversario te está poniendo delante una distopía absoluta, pero organizada y con sentido, nosotros estamos en la obligación de plantear una utopía realizable y explicando a la gente en qué consiste y cómo lo vamos a hacer. 

Estamos en la obligación de plantear una utopía realizable

Gabriel Rufián, con quien compartió un acto en febrero, ha planteado la necesidad de crear un espacio votable para evitar que la izquierda “se vaya al carajo durante años”. ¿Coincide?

No voy a entrar en cuestiones internas de otros partidos. Valoro positivamente la voluntad de Rufián de contribuir a encontrar una solución. Me parece loable todo esfuerzo por evitar una involución en este país. Ahora bien, no acabo de entender cómo se aterriza esa propuesta si las fuerzas soberanistas, que él plantea como eje, ya se han desmarcado.

En ese acto con Rufián también abrió varios debates. ¿Comparte la tesis de que la izquierda se ha centrado demasiado en las cuestiones identitarias y ha dejado de lado las materiales?

No, las cuestiones identitarias son materiales. Cuando alguien es agredido en la calle por su orientación sexual o identidad de género, no hay nada más material que eso. No hay que dar ni un paso atrás en la protección de los derechos LGTBI con 65 países en los que ser homosexual está penado y siguen produciéndose agresiones, discriminaciones y delitos de odio. Lo que he planteado es que, simultáneamente, tenemos que ocuparnos de apoyar a todos esos hombres que viven una crisis de masculinidad brutal, que ven truncadas sus expectativas y que pueden ser presa de la extrema derecha si no tenemos nada que decirles, también tenemos que dirigirnos a ellos.

¿Por qué cree que esos hombres se sienten más interpelados por la extrema derecha? ¿Se ha ridiculizado desde la izquierda a los gymbros?

A veces se han planteado como antagónicas cuestiones que no tienen por qué serlo. Que te guste el deporte o ir al gimnasio no significa que la izquierda no pueda ser tu lugar y a veces se generan polémicas estériles. Creo que son perfectamente compatibles los libros y los burpees. La izquierda también tiene que entrar en esos sectores populares y no podemos huir de las contradicciones. Todos en nuestra familia tenemos gente que aboga por los servicios públicos, está a favor de la justicia social y tiene un alma progresista, pero a su vez reproduce elementos del patriarcado y del capitalismo.

Creo que son perfectamente compatibles los libros y los burpees

No nos podemos desmarcar de esas personas porque es nuestro pueblo y nuestra gente. No necesito estar de acuerdo en todo, sino en lo fundamental. A partir de ahí, me da igual si te gusta el teatro, los toros o el deporte. Y hay que introducir a todas estas personas en los discursos de la izquierda, acudir a estos espacios y tener presencia en los espacios populares.

Suele decir que la izquierda debe hablar de inseguridad en los barrios. ¿Cómo hacerlo sin caer en discursos punitivistas en los que no se va al fondo del asunto?

Los que están generando más cuotas de desigualdad y abogan por una mayor desregulación e impiden que los Estados protejan a la gente y se quejan de pagar impuestos, son los más punitivistas. La seguridad es uno de los elementos irrenunciables de la igualdad y cuando las plataformas vecinales remarcan la inseguridad en las manifestaciones hay que prestarles atención. Alguien de Vallecas tiene el mismo derecho a sentirse seguro que alguien del barrio de Salamanca. Hay barrios que están sobrerrepresentados en las cárceles desde hace sesenta años, son los mismos barrios. Cuando una madre en una familia monoparental trabaja diez horas fuera de casa y sus hijos se crían solos, sin servicios públicos ni alternativas, hay más posibilidades de que acaben en circuitos delincuenciales que alguien que tiene la vida solucionada.

Sobre la relación con el PSOE, ¿cómo valora la respuesta del presidente Pedro Sánchez ante los casos de corrupción que han afectado al partido?

Me preocupa que en España se imponga una dicotomía de blanco o negro: o todo es una conspiración para tumbar al Gobierno o no existe ninguna conspiración y este es el peor Gobierno de la democracia. Creo que pueden estar sucediendo las dos cosas a la vez. Ha habido movimientos reaccionarios, mediáticos, económicos y judiciales para tumbar a un Gobierno legítimo, no me cabe la menor duda y estoy pensando por ejemplo en el juez Peinado. Pero también ha habido personas dentro del PSOE que han contribuido a erosionar al propio Gobierno con sus conductas.

La respuesta de Pedro Sánchez no siempre ha sido la mejor. Y ha habido propuestas que siguen sin llegar al Congreso. Por ejemplo, la ley de integridad de la Administración Pública que planteó Sumar o limitar que empresas corruptoras accedan a concursos públicos. Sánchez debería dejar de tratar con condescendencia a sus socios de Gobierno, que no han puesto ni un solo caso de corrupción encima de la mesa y han aportado buena parte de las medidas de las que luego presume el Ejecutivo.

Usted ha planteado dudas sobre las condiciones en las que Sumar debe formar parte del Gobierno. ¿Cree que debería salir?

No tendría sentido abandonar ahora el Gobierno, sería facilitar la operación de derribo de la derecha

Yo planteé que era necesaria una reflexión sobre en qué condiciones se entra a formar parte de un Gobierno, porque también se puede apoyar desde fuera. Hay que marcar líneas en función de si tu participación garantiza políticas progresistas que la justifiquen. Llegados a este punto, creo que no tendría mucho sentido abandonar el Gobierno, porque sería facilitar la operación de derribo de un Gobierno legítimo que está haciendo la derecha. Pero en el futuro habrá que plantearse en qué condiciones se entra y cuáles son las líneas que obligarían a salir.

 ¿Cuál cree que ha sido el mayor acierto del Gobierno de Pedro Sánchez? ¿Y su mayor error?

En política internacional ha sostenido una posición bastante digna en un mundo que se transforma a gran velocidad y en el peor sentido de la palabra. Estamos viendo cómo aumentan la emergencia climática, la desigualdad y los genocidios en directo, como en el caso de Palestina. Ahí el Gobierno ha sabido tener una posición bastante digna.

El peor error de Vox ha sido la vivienda

El peor error ha sido la vivienda. No es de recibo que una ministra de Vivienda salga a decir que hay que convencer a los empresarios de que tengan buena voluntad y bajen los alquileres. No la hemos puesto de ministra para apelar a la buena voluntad de los caseros, sino para legislar a favor de la parte más desprotegida, que son los inquilinos.

El Gobierno suele responder que muchas competencias dependen de las comunidades autónomas. ¿Ha faltado ambición?

Sí, es cierto, pero se pueden hacer más cosas. Por ejemplo, se podría haber dejado en manos de los ayuntamientos, y no de las comunidades autónomas, la declaración de zonas tensionadas. También se podría haber impulsado una reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos para introducir figuras como el alquiler indefinido, que permita al propietario recuperar la vivienda si la necesita para sus hijos o en caso de impago, pero que impida subidas exponenciales cada cuatro años.

Si hubiera elecciones generales y la izquierda necesitara nuevos liderazgos tras la negativa de Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy y Ada Colau, ¿usted estaría dispuesto a dar un paso adelante?

Estoy dispuesto a empujar y a poner el hombro todo lo que sea necesario

Estoy dispuesto a empujar y a poner el hombro todo lo que sea necesario para conseguir una España más próspera y más grande. Nosotros también queremos una España grande, pero de una forma diametralmente opuesta a la derecha. España no se hace grande expulsando inmigrantes, apostando por empleos baratos o reduciendo derechos sociales y políticos. Estaré donde la gente quiera que esté, no lo voy a decidir yo, lo decidirán las cúpulas de los partidos.

¿Y si se lo piden directamente?

Si se da esa situación, ya veremos…

En los últimos meses amagó con presentarse a las primarias contra Mónica García, aunque finalmente no dio el paso. ¿Había diferencias estratégicas importantes entre ustedes?

Mucha gente me decía que le habría hecho ilusión que me presentara como cabeza de lista contra Ayuso. Agradezco mucho el cariño y la confianza. Pero no estamos en un momento para revolcarnos en discusiones sobre detalles, matices o liderazgos. La misma gente que me decía eso quizá se estaría lamentando ahora de que estuviéramos enfrascados en un debate interno. Creo que hemos alcanzado un acuerdo que permite que hoy Más Madrid esté hablando de modelo productivo, de alternativa al PP de Ayuso y de servicios públicos, y no de liderazgos.

¿Cuál ha sido el momento en que ha estado más cerca de dejar la política?

Es una pregunta difícil. La ciudadanía está expuesta al ruido permanente de lo peor de la política: escándalos judiciales, trampas, odio financiado por grandes poderes económicos, mediáticos y financieros. Nosotros estamos en el centro de ese bombardeo. A veces he tenido que recordarme que la política va de otra cosa, de conseguir una mejor educación, de que los jóvenes tengan una vida mejor que la nuestra, de que las personas mayores estén bien cuidadas o de que alguien con empleo pueda pagar su casa.

¿Cómo analiza los movimientos judiciales de los últimos años? La semana pasada publicamos en infoLibre los vínculos entre Plus Ultra y el exjuez Manuel García-Castellón, pero no ha encontrado un eco mediático como el caso Zapatero.

España es enormemente exigente con el poder político y enormemente condescendiente con el poder judicial. Y el poder judicial, como cualquier poder del Estado, está sujeto a crítica. Hemos visto el bloqueo permanente del Consejo General del Poder Judicial por parte del PP, una huelga de jueces a los que no se les descontaba el día, reuniones de fiscales con el jefe de la oposición para decirle que preferían un Gobierno de derechas e intromisiones del poder judicial en el legislativo.

El hijo de una panadera lo tiene muy complicado para llegar a juez

Hay dos debates clave: cómo se accede a la carrera judicial y cómo se nombran los altos cargos en los tribunales. Para ser juez necesitas pasar años sin trabajar, pagar un preparador y que tu familia te sostenga. El hijo de una panadera lo tiene muy complicado. Y los acuerdos entre grandes partidos para repartirse los altos tribunales tampoco ayudan a la percepción de independencia judicial.

Feijóo ha dicho esta misma semana que el absentismo “es un cáncer” y que hay que bajar la cuantía de las bajas laborales. ¿Se equivocó al decirlo o cree que ese es el plan de la derecha?

Para la derecha todos, salvo los especuladores y los explotadores, son enemigos. La juventud es irresponsable y unos “memos”, como dijo la CEOE. Los mayores son unos privilegiados, los trabajadores inmigrantes son unos parásitos, los trabajadores españoles unos vagos, las mujeres unas histéricas y los homosexuales unos pedofilos. La derecha tiene un problema con la mayoría trabajadora de nuestro país. Tiene un problema con la España real. Por no gustar, no le gusta ni la selección española.

La pasada semana tanto PP y Vox agitaron también el discurso sobre el censo electoral. ¿A qué lo atribuye?

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Es la réplica permanente del manual trumpista. Denuncias un pucherazo antes de las elecciones: si las ganas, no pasa nada; si las pierdes, ya tienes el pucherazo previamente denunciado. También hay miedo a que los españoles tengan una idea de país distinta de la que proyectan la derecha y sus medios. Los ataques a la soberanía popular que hace José María Aznar desde FAES van en esa línea: amedrentar al pueblo para que vote bien, porque si vota mal puede haber consecuencias.

¿Qué pasaría si después de las próximas elecciones generales hubiera una mayoría de la derecha?

Empezaríamos a reconstruir todo lo que fuera necesario para que la gente sufriera lo menos posible.

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