Saber perder

Escribo esta columna en primera línea de playa, pero después de saber el resultado de la final del Mundial. Que estamos en pleno verano, no estamos para juegos metafísicos de ironía y realidades virtuales que solo entenderán los amigos/iniciados salvo que sean en la estupenda serie Stark Trek: Strange New Worlds.

Esta columna la vais a entender perfectamente, y mejor aún si la leéis a la sombra con un buen café con hielo. Eso sí, a pesar del calor terrible, he disfrutado mucho del bochorno.

Aclarado esto, yo con lo que estoy ahora mismo a tope y dando más volteretas que Cubarsí después de la entrada de Enzo Fernández es con las teorías conspiranoicas sobre la derrota de Argentina en la final del Mundial de fútbol.

Ni Iker Jiménez y Carmen Porter, la pareja del Chupacabras, los de los “cientos de cuerpos” en el parking de Bonaire, la chica de la Curva o los de las Caras al sol de Bélmez tienen nada que hacer al lado de la desbordante imaginación del país de Borges.

Argentina siempre ha sido fecunda y rica en el arte de escribir maravillosas historias de ficción, de ahí a escribir conspiraciones loquísimas hay un paso, y algunos lo han dado, claro que sí. Y he de decir que muy a favor, porque en esto sí siguen siendo los campeones del mundo.

No hay IA que genere esta fantasía.

Mis favoritas hasta ahora son:

  • Que los francotiradores del estadio estaban para condicionar a los jugadores y “amenazar a Argentina” si ganaban.
  •  Que el FBI o la FIFA, según la versión, querían castigar a Argentina, sobre todo después de que sacaran su pancarta reivindicando las Malvinas. Que incluye, por el mismo precio, hasta un audio de Chiqui Tapia, presidente de la Federación Argentina, confirmando que les obligaron a dejarse ganar para que no suspendieran durante 10 años a la selección.
  • Que la salvada de Cubarsí en el minuto 120 en realidad fue gol y que “ingresó claramente al arco, e inexplicablemente termina por fuera de la red”.
  • Que el balón fue teledirigido con un chip: “Claramente la pelota hace un movimiento anormal e inesperado , que desvía su trayectoria y sale afuera. Ya se vio en otros partidos. Con el chip la manejaron para que salga ganador España, ya que a pesar del árbitro, el expulsado y el apriete previo no podían ganar por malos”.   
  • Que Laura Pausini en su actuación en la previa del partido invocó al diablo al cantar: “Si el diablo llega, no lo haremos esperar”.

Para mí sería claramente la mejor si no existiera una insuperable:

- En realidad Argentina sí que ganó la final, por supuesto, pero sólo algunos lo recuerdan (hay creyentes que juran haber visto celebrar los goles en el Obelisco, en Buenos Aires).

Seguro que tener al frente del país a alguien que habla con sus perros muertos y tiene una motosierra en el despacho no tiene nada que ver con ese nivel de paranoia, conspiranoia e idadeollia en el país, o esa incapacidad para asimilar la realidad. Pero tranquilos, seguro que en nuestro país esto es imposible que suceda. Guiño, guiño, codazo, codazo.

Es seguro que alguna de estas teorías ikerjimenezcas saltarán el charco y llegarán a nuestra Españita ahora que somos defensores del título de campeones del mundo. 

Esto de no saber perder para los que somos de barrio es algo bastante sorprendente, acostumbrados como estamos a que el ascensor social siempre esté estropeado cuando somos nosotros los que intentamos subir

Igual que nos llegaron de fuera las de los pucherazos electorales –en el caso de no ganar las elecciones, por supuesto–, el “Gran Reemplazo” de los inmigrantes o la transexualidad de las mujeres del presidente, nuestros conspiranoicos de proximidad, de Kilómetro Cero, seguro que ya están buscando excusas importadas para cuando seamos nosotros los perdedores. Porque, ojo spoiler, lo seremos en algún momento.

Esto de no saber perder para los que somos de barrio es algo bastante sorprendente, acostumbrados como estamos a que el ascensor social siempre esté estropeado cuando somos nosotros los que intentamos subir. Los ganadores siempre son los otros, los mismos, los de siempre, los elegidos para la gloria. Perder es lo normal, lo lógico, lo habitual.

Lo raro es ganar.

Ya no te digo si eres votante de izquierdas, de algún colectivo desfavorecido, mujer en un mundo machista, inmigrante en un país racista… Llevamos la casi certeza de la pérdida en el ADN. Lo contrario siempre es una agradable sorpresa, pero siempre sorpresa. Si no supiéramos perder, nuestra vida sería una frustración constante. 

No saber perder siempre ha estado por encima de nuestras posibilidades. Ya nos lo decían nuestras abuelas: “Jugar y nunca perder, no puede ser” o “Jugar y perder, bien puede suceder”.

Esta alergia a la frustración que tienen algunos se está acrecentando dentro y fuera de nuestras fronteras. Supongo que en España, sin ir más lejos, después de haberse repartido el país y perdido –perdón, ganado– las últimas elecciones ha hecho click en algunos cerebros. La pandemia tampoco ayudó, la verdad. Y estamos viendo cómo, esta vez, la realidad no les va a estropear sus ganas de ganar, de recuperar lo suyo, “el que pueda hacer que haga”, como diría aquel otro mal perdedor.

Hay que saber perder, os lo decimos los perdedores habituales, por experiencia. Como escribió Trueba en su estupenda novela Saber perder, evidente inspiración de esta columna:

“Mira, esto del fútbol es como viajar en tren. Vas sentado de puta madre y por la ventanilla ves pasar el paisaje y no te aburres nunca. Hasta que llegas a la estación, te bajan y se sube otro en tu lugar”.

Disfrutemos estos 4 años, mínimo, de las vistas.

Feliz verano.

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