La política china en tiempo de los 'mishu'

El horizonte del XXI Congreso del PCCh (2027) ya está aquí. Parece claro que Xi Jinping continuará al frente de la Secretaría General. No obstante, los cambios serán muchos a otros niveles, con relevos importantes en el Comité Permanente y en el Buró Político, los máximos órganos de dirección. Más allá de los nombres, sujetos a muchos vaivenes en los próximos meses, importa prestar atención a la relevancia creciente de los mishu o secretarios privados en el organigrama de la gobernanza china. El mishu suele ser un “hombre de confianza” formado en el entorno de un líder.

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Cabe recordar que de los siete miembros actuales del Comité Permanente del Buró Político del PCCh, tres han sido mishu en algún momento de su trayectoria. Es el caso del propio Xi Jinping, también de Ding Xuexiang o Li Xi. Incluso podríamos asegurar que si bien Li Qiang y Cai Qi no han sido mishu en sentido formal, sí constituyen parte reconocible del entorno de confianza de Xi. 

En el xiísmo, el sistema político chino evoluciona desde un modelo de promoción burocrático-institucional a uno relacional-centralizado, donde el mishu actúa como dispositivo clave de reproducción de élites. Ese patrón evolutivo podemos apreciarlo con un somero repaso al signo de las trayectorias de los máximos dirigentes chinos durante el denguismo (1978-2012). 

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Incluso en el interregno post-Mao (1976-1978), Hua Guofeng manifiesta un perfil de ascenso “territorial”, es decir, su carrera política se forma y asciende en estructuras locales y provinciales, especialmente en Hunan, pasando por cargos como vicegobernador, primer secretario provincial, etc. Dio el salto al centro durante la Revolución Cultural, entrando en el Comité Central (1969) y luego en el Buró Político (1973). No aparece en ningún momento vinculado a un líder como secretario personal o asistente directo, que es el canal típico de promoción de los mishu. Mao Zedong confió en él y acabó designándolo sucesor, pero esa confianza se construye tardíamente (años 70) y, al menos en teoría, apelando a una lógica de equilibrio político.

Hua Guofeng es un caso interesante porque representa un tipo de promoción “organizativa” característica de esa etapa, sin redes propias, lo cual también ayuda a explicar su debilidad posterior frente a figuras como Deng Xiaoping, que sí articulaban redes más densas.

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Ya propiamente en el denguismo, el caso de Hu Yaobang sigue una línea similar: no fue mishu de ningún alto dirigente. Pero aquí hay un matiz importante porque su trayectoria sí roza ese mundo de proximidad política, aunque sin encajar del todo en la figura clásica del mishu. Hu se incorporó muy joven al Partido y destacó en la Liga de la Juventud Comunista. Durante los años 40-50 trabajó en estructuras organizativas centrales y llega a ser un cuadro importante en el aparato del Partido, no en la órbita privada de un líder. Por tanto, su promoción es organizativa e institucional, no como asistente personal.

No obstante, Hu estuvo políticamente vinculado a Deng Xiaoping, especialmente tras la caída de la Banda de los Cuatro, aunque sin una relación cotidiana de dependencia personal sino sobre todo política e ideológica (reformista). Es más bien un cuadro con identidad propia temprana y su legitimidad proviene de su papel en el Partido.

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Bajo Xi Jinping, el sistema político chino evoluciona desde un modelo de promoción burocrático-institucional a uno relacional-centralizado, donde el ‘mishu’ actúa como reproductor de élites

Su sucesor, Zhao Ziyang, tampoco fue mishu en ningún momento de su trayectoria. Pero su caso es especialmente interesante porque, a diferencia de Hua Guofeng o Hu Yaobang, sí muestra una combinación más sofisticada de vías de promoción. Zhao asciende fundamentalmente a través de trabajo en provincias clave (sobre todo Guangdong y luego Sichuan), avalado por una gestión económica con resultados visibles (reformas agrícolas, liberalización parcial). Es el típico caso de promoción desde la periferia al centro basada en la eficacia de su desempeño.

Su vínculo con Deng es clave, pero se basa en el éxito reformista en Sichuan. Deng lo “descubre” y lo promociona al centro. No hay entre ellos una relación previa de subordinación personal tipo mishu. Es decir, Zhao entra en la órbita de Deng como talento político, no como hombre de confianza formado desde abajo. Llega ya con capital político propio, con una base territorial y una reputación independiente. Su autoridad no depende de una relación personal exclusiva.

El siguiente, Jiang Zemin, tampoco fue mishu en su trayectoria. El ascenso sigue un patrón bastante distinto: formación como ingeniero eléctrico, carrera en el sector industrial (especialmente en el Ministerio de Industria y maquinaria), experiencia internacional (en la URSS) y promoción política a través de la gestión, no de la cercanía personal. Por tanto, pertenece al arquetipo del cuadro tecnocrático de la era reformista temprana. Su verdadero salto se produce cuando se convierte en alcalde y luego secretario del Partido en Shanghái, ganando visibilidad por su gestión y por mantener la estabilidad durante la severa crisis de 1989. Desde ahí es elevado al centro como figura de consenso, lo cual le permite crear una red propia (el llamado clan de Shanghái).

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En el denguismo tardío, Hu Jintao tampoco fue mishu. Encaja muy bien en la lógica de promoción de la China de los 80-90: formación como ingeniero hidráulico, carrera inicial en el aparato técnico y luego en la Liga de la Juventud Comunista, promoción a través de posiciones en provincias difíciles (Guizhou, Tíbet) e incorporación temprana al núcleo dirigente (Comité Permanente en 1992).  Hu es promovido por Deng, pero como parte de una estrategia de renovación generacional, no como alguien formado en su círculo íntimo. Es un caso bastante “limpio” de selección desde arriba por criterios de edad, lealtad y perfil técnico.

Nueva era de Xi

El mishu fue durante décadas un instrumento de poder secundario, pero no una vía directa a la cúspide. La élite que gobierna China en el denguismo no se reproduce principalmente vía mishu. Ningún líder supremo antes de Xi pasó por la vía mishu, al menos de forma clara y documentada. El modelo mishu como vía dominante de acceso a la élite es más característico de la China post-Deng, no tanto de la generación revolucionaria o inmediatamente posterior.

Xi, por contra, ya pertenece a una generación donde el paso por la oficina de un dirigente empieza a ser políticamente más rentable. El patrón cambia cuando se institucionaliza más el trabajo de oficina del líder y aumenta el peso de la confianza personal en entornos más cerrados. Es entonces cuando el paso por mishu sí es clave.

Con Xi (y su generación), empieza a convertirse en un canal estructural de reproducción de élites dejando de ser marginal. El propio Xi, mishu de Geng Biao, es un ejemplo claro. Geng fue una figura destacada del aparato militar y diplomático chino, ejerciendo como secretario general y miembro del Comité Permanente de la Comisión Militar Central.

Ding Xuexiang, número 6 en la jerarquía, es el caso más claro y paradigmático. Fue jefe de la oficina general de Xi (en esencia, su mishu principal). Hoy es miembro del Comité Permanente. Es el ejemplo perfecto de cómo el mishu se convierte en puerta de entrada al máximo poder.

Cai Qi, número 5, no es mishu en sentido estricto clásico, pero ha trabajado muy cerca de Xi desde Zhejiang y forma parte de su círculo de confianza más estrecho. Hoy dirige el aparato del Partido. La proximidad personal prolongada le provee de un perfil híbrido, sin etiqueta formal de mishu, pero funcionalmente similar.

Li Qiang, número 2, trabajó con Xi en Zhejiang y Shanghái. Tampoco fue mishu formal, pero su relación es de alta confianza política. Otro tipo de mishu sin serlo institucionalmente.

Li Xi, número 7, vinculado a redes de confianza de Xi, ofrece una trayectoria más territorial, pero integrado en su círculo. Aquí el patrón mishu se mezcla con redes personales y lealtades políticas.

Un claro contraste

En el denguismo, la promoción al liderazgo discurría por tres niveles principales: la tecnocracia, la Liga de la Juventud o la gestión territorial. El mishu no era un trampolín. Ahora (era Xi) en la promoción, la confianza personal directa desempeña un papel de especial relevancia. El mishu (o su equivalente funcional) se convierte en un mecanismo de selección política basado en la gestión de la intimidad operativa con el líder.

Bajo Xi Jinping, el sistema político chino evoluciona desde un modelo de promoción burocrático-institucional a uno relacional-centralizado, donde el mishu actúa como dispositivo clave de reproducción de élites. No todos los promovidos son mishu, pero todos los mishu relevantes son promovidos y casi todos los promovidos han pasado por relaciones de proximidad intensa con Xi. El mishu es ahora un patrón relacional dominante y una figura a la que prestar atención para adivinar el organigrama final que pueda resultar del XXI Congreso del PCCh.

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Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.

El horizonte del XXI Congreso del PCCh (2027) ya está aquí. Parece claro que Xi Jinping continuará al frente de la Secretaría General. No obstante, los cambios serán muchos a otros niveles, con relevos importantes en el Comité Permanente y en el Buró Político, los máximos órganos de dirección. Más allá de los nombres, sujetos a muchos vaivenes en los próximos meses, importa prestar atención a la relevancia creciente de los mishu o secretarios privados en el organigrama de la gobernanza china. El mishu suele ser un “hombre de confianza” formado en el entorno de un líder.

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