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¿Quién nos protege? Violencia de género en América Latina

Cuando se habla sobre la inseguridad en América Latina, frecuentemente se destacan temas como el crimen organizado, los homicidios o el narcotráfico, entre otros. Sin embargo, los datos muestran una realidad oculta: la violencia de género supone un porcentaje aún más alto (35%) que aquel causado por el crimen organizado (20%) en esta región. Si bien la violencia se retroalimenta y afecta a varios ámbitos de la vida de los ciudadanos, las mujeres latinoamericanas sufren en silencio una buena parte de ella. 

Inseguridad ciudadana

La violencia de género en América Latina adopta muchas formas, pero existe la idea generalizada de que se trata de una causa del aumento de la criminalidad. No obstante, muchos estudios resaltan que, precisamente, es al revés: la presencia de violencia conyugal en el entorno familiar es uno de los factores determinantes en la predisposición de los jóvenes a involucrarse en el crimen organizado, mucho más que otros factores como las pandillas o algunos videojuegos.

Crimen organizado

Desde hace décadas las mujeres han sido usadas como arma de guerra, y el crimen organizado no se queda atrás en esta práctica. Por ejemplo, recientemente, en la región de Tibú (Colombia) se observó un incremento exponencial de asesinatos de mujeres que ocupaban puestos en la Administración pública, o que mantenían relaciones sentimentales con políticos. La violencia hacia las mujeres es una de las tácticas más recurrentes del crimen organizado para controlar sus territorios. 

Esta posición de vulnerabilidad también se observa en las mujeres dentro de las bandas. De hecho, una manera de extorsionar al enemigo cuando hay conflictos entre distintos grupos es atacar a las parejas sentimentales de sus miembros. Esto significa que, a menudo, ellas son blanco preferente de cualquier tipo de conflicto, ya sea contra el Estado o entre grupos criminales. 

Ya no estamos hablando simplemente de violencia doméstica, sino que la violencia hacia la mujer está llegando con fuerza a la esfera pública. En México, la mitad de los asesinatos de mujeres son al aire libre y con arma de fuego

Por lo tanto, ya no estamos hablando simplemente de violencia doméstica, sino que la violencia hacia la mujer está llegando con fuerza a la esfera pública. En México, la mitad de los asesinatos de mujeres son al aire libre y con arma de fuego. Por ello, los esfuerzos de prevención no se pueden centrar únicamente en el entorno familiar, sino que las medidas de militarización deben tener en cuenta la creciente instrumentalización de la mujer dentro del crimen organizado. 

El papel de la mujer en las maras 

La realidad de las maras en Centroamérica está mostrando datos realmente sorprendentes en los últimos años. Por un lado, como se ha mencionado previamente, las mujeres son objeto de violencia por parte del crimen organizado. Por otro, International Crisis Group alerta sobre el aumento de mujeres que participan activamente dentro de las maras, en las que desempeñan actividades que van desde el transporte de mercancías hasta extorsiones y asesinatos. Las mujeres son utilizadas de manera estratégica debido a su menor percepción como criminales por parte de las fuerzas de seguridad. Evidentemente, conforman un porcentaje bajo y no tienden a ser respetadas de la misma manera que los hombres dentro de la organización, pero los números de mujeres en centros penitenciarios por delitos relacionados al crimen organizado aumentó en torno a un 7,5% en 2021. 

Los expertos alertan sobre una necesidad de una mejor contabilización de los abusos, pues la escasez de información dificulta el estudio de estos fenómenos. Por otro lado, el uso del encarcelamiento masivo como método combativo es insostenible si las cárceles no son un instrumento de reintegración. Los programas preventivos ante el reclutamiento deben incluir herramientas para la reinserción laboral, de tal manera que estas mujeres no tengan que recurrir al crimen organizado como único ingreso para subsistir. Finalmente, un aumento de mujeres en puestos de liderazgo en el ámbito de la seguridad puede ayudar a redirigir la conversación de la violencia de género como una problemática central en América Latina.

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