Una mujer con sombrero
Como un cuadro del viejo Chagall
Silvio Rodríguez
‘Óleo de una mujer con sombrero’
Rafaela para quienes la conocemos en Parla. Falita, para quienes vivieron con ella sus primeros años en Fuenlabrada. Acaba de cumplir 89 años. Comienza a vivir su año número 90 y su profesora en el Centro de Educación de Personas Adultas de Parla ha organizado una pequeña fiesta, con cuidados regalos manuales y con presencia de sus hijas y algunos miembros de su familia.
Viene Rafaela, Falita, ayudada por una persona que la acompaña y con su bastón y aquí pasa sus dos horas de clase, junto a otras mujeres poco más jóvenes que ella que acuden asiduamente para hacer aquello que no pudieron hacer de niñas, ni de madres, ni tampoco de jóvenes abuelas.
Comparte la clase, además, con un par de hombres mayores y con otro puñado de mujeres venidas de lugares como Marruecos, Nigeria o Perú, dispuestas a aprender a leer y escribir, viniendo cada día, después de dejar a los niños en clase y antes de tener que hacer la comida e ir a recogerlos.
En el mes de abril, a principios de abril, justo después de acabar la Semana Santa, completó sus 89 años y se adentró decididamente en los 90. Es verdad que necesita algunas ayudas, algún apoyo, pero sigue viviendo en su domicilio y sigue viniendo, acompañada, cada día a clase.
Siempre hay personas dispuestas a echar el tiempo, la dedicación y las horas de trabajo necesarias para que todo salga bien
De cuantas personas estudian en la sede central del CEPA, en la calle Galilea de Parla (Madrid), sin duda Rafaela es la más mayor, aunque, para decirlo todo, en algunos talleres que impartimos en centros sociales, culturales, o de mayores, tenemos alguna persona que supera con creces los 90.
Se trataba de una fiesta sorpresa, pero no queríamos realizar una fiesta de cumpleaños más. Ese momento lo dejamos para los días siguientes, en los que hijas, nietos, yernos, fueron desfilando por su casa para felicitarla. Queríamos un encuentro agradecido con sus compañeras y con sus profes.
No reparamos en la cantidad de tiempo y dedicación que requiere cualquiera de estos eventos, máxime cuando, excepto la tarta de cumpleaños, todo hubo de quedar preparado, sorpresas y regalos incluidos, antes de que el Viernes de Dolores todo el centro se cerrara por vacaciones. Rafaela lo merece, pero para hacerlo realidad siempre hay personas dispuestas a echar el tiempo, la dedicación y las horas de trabajo necesarias para que todo salga bien.
Pese a sus 89 años, Rafaela, como casi todas las mujeres que la acompañan en clase, no ha nacido en Parla. Ya quedó dicho. Rafaela vino de Fuenlabrada, en aquellos años en los que estas localidades no eran ni la décima parte de lo que hoy son.
Baste recordar que en 1960 Parla no contaba ni con 2.000 habitantes, mientras que diez años después superaba levemente los 10.000. Pero es que Fuenlabrada, en aquellos mismos años, tenía pocos más o menos habitantes que Parla. Al cabo de los años Fuenlabrada ha llegado a los 190.000, mientras que Parla va por los 137.000.
Lo dicho, Rafaela era una inmigrante interior, aunque de una localidad cercana, en la que siempre ha sido conocida como Falita. Muchas de sus compañeras vienen de Extremadura, o de alguna de las Castillas. Las más jóvenes de tierras mucho más lejanas, más allá de los mares.
Aquí, en Parla, hizo su nido y vivió su vida. En torno a su familia y a la Administración de Loterías, la lotera de Parla vio crecer a sus hijas, que hoy siguen su camino, la una como profesora de la Escuela Oficial de Idiomas de Parla, mientras que la otra sigue administrando el despacho de Lotería.
Algunas de estas mujeres mayores son viudas. Cobran una modesta pensión y casi todas ellas han sobrevivido a la depresión, a la tentación de sumergirse bajo las aguas del duelo permanente, al miedo a la vida desencadenado que puede conducirte a dejarte morir.
Rafaela, como muchas de ellas, ha encontrado en las nietas que la sacan de casa y hasta emprenden viajes con ella, o en las aulas que visitan cada día, un motivo para seguir adelante, para reír, o llorar juntas, para contarnos sus vidas, no menos importantes que las de cualquier tuercebotas, magnate o influencer desenfocado.
De eso nos ocupamos en este tipo de Centros. Cosas que no puede hacer una Inteligencia Artificial por mucho que haya aprendido de nosotros. Convertirse en puntos de encuentro donde el conocimiento, los afectos, la cultura (y las culturas) de las gentes, encuentran nuevas oportunidades de expresarse, seguir aprendiendo y compartir experiencias y apoyo mutuo.
Mayoritariamente mujeres, jóvenes y mayores, viudas, casadas, solteras. Pero todas ellas decididas a vivir una nueva oportunidad de aprendizaje, de convivencia, que muchas veces no pudieron vivir porque la fuerte presión de sus mundos lo hacía imposible. Ejemplos vivos de voluntad de ser y decisión de vivir.
Rafaela es la más mayor, la decana, la más longeva, la que más tiempo lleva en esta brecha y un ejemplo de resistencia, no sólo de resiliencia. Pero todos tenemos la inmensa suerte de verlas cada día, compartir destellos de sus vidas, escuchar sus historias, recopilarlas, escribirlas, contarlas. Entre nosotros, a nuestros hijos, a nuestros nietos.
Ellas y no esos hombres que mandan a nuestros hijos a las guerras. Ellas y no esos bastardos que bombardean a inocentes. Ellas son las mujeres valientes, enamoradas de la vida, que la abrazan cada día y salen a defenderla. Ellas merecen como nadie la canción de Silvio.
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores
ni a historias, se quedan allí.
Ellas siguen siendo las imprescindibles.
______________________
Francisco Javier López Martín fue secretario general de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013.
Una mujer con sombrero