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De Santa Bárbara, sólo cuando truena

No es cosa de ahora que sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena. Huir del trueno y no pensar en la facilidad con que la tormenta se extiende y sus consecuencias se agravan es algo casi consustancial al ser humano. El problema es que en la sociedad actual en que prima el individualismo y la inmediatez y al tiempo en que se encadenan las catástrofes a consecuencia de la acción humana como la pandemia, el cambio climático y la guerra, o en nuestro ámbito más cercano el trueno ensordecedor y la tormenta de la deslegitimación del Gobierno y del procés por parte de la oposición de derechas, resulta mucho más difícil no sólo prever sino también prevenir hechos como otro incendio de efectos devastadores.

Por eso, sin habernos recuperado aún de la tragedia de la droga y sus causas inmediatas y sin haber mencionado siquiera las de fondo, y sin solución de continuidad, nos ha cogido de nuevo desprevenidos otra tragedia, en este caso la de un incendio devastador en la ciudad de València.

Por otra parte, prende de nuevo la corrupción, pero esta vez en el PSOE y en el círculo más cercano al exministro de Transportes, José Luis Ábalos. Otra vez la misma corrupción, que se ha presentado como el sello distintivo de la derecha, pero que entre nosotros también existe, y además es letal para la izquierda. Un caso de corrupción especialmente grave, al lucrarse de las compras urgentes realizadas en plena pandemia. Algo similar a lo ocurrido en el caso del hermano de la presidenta Ayuso y que ¡oh, sorpresa! terminó en nada en los tribunales, pero que como un búmeran se revuelve ahora contra el mismo PSOE que lo denunció. Como era de esperar, la derecha ha salido al quite preguntándose si el caso era conocido por el presidente del Gobierno y si tuvo algo que ver con el cese del entonces ministro de Transportes. El caso, ahora bajo secreto del sumario, afecta al partido mayoritario del Gobierno y a distintas administraciones: el Ejecutivo central y dos comunidades autónomas hasta ahora, y por tanto, al margen del proceso judicial, resulta más que conveniente una investigación a fondo sobre lo que ha fallado en su funcionamiento y qué normativa y qué prácticas se deben modificar. Como conclusión, también se juega la asunción o no de la responsabilidad política y hasta dónde abarca, tanto en la elección de los cargos de confianza, como en la vigilancia de los mismos.

El hecho trágico más reciente ha sido, sin embargo, el pavoroso incendio que ha destruido un edificio de vecinos en València, por suerte y sorprendentemente, con un número de víctimas y de heridos más reducido del que en principio cabía pensar, y con un papel heroico de los profesionales, entre los que destacan los bomberos y del portero de la finca, y también de la solidaridad de los valencianos. El precedente más reciente ha sido la tragedia de las discotecas de Murcia. De manera que el foco de las medidas se amplía de las de seguridad e inspección a las propias de la calidad de los materiales y las garantías en la construcción de edificios, en el momento de la crisis financiera y la caída libre de las constructoras en plena burbuja inmobiliaria. Se trata de un edificio moderno y casi de lujo, pero revestido de poliuretano, algo que vuelve a poner encima de la mesa, más allá de la adecuación del actual código de la edificación, la necesidad de una revisión de edificios hechos o rehabilitados en su momento con materiales y tipología de aislantes y construcción similares, cuando como ahora se produce una catástrofe, a la par que la mayor exigencia de las inspecciones periódicas de los mismos.

Prende de nuevo la corrupción, esta vez en el PSOE y en el círculo más cercano al exministro de Transportes, José Luis Ábalos. Otra vez la misma corrupción, que se ha presentado como el sello distintivo de la derecha, pero que entre nosotros también existe

En paralelo, continúan las movilizaciones de los agricultores, después del fin de semana pasado en Madrid, ahora en diversas capitales de provincia. Unas reivindicaciones justas de mínima rentabilidad, competencia leal y también de desburocratización, a las que toca responder desde las distintas administraciones y en particular desde la UE, que sin embargo están siendo aprovechadas por algunos sectores de ultraderecha, hasta ahora minoritarios, para cuestionar a la propia Unión Europea, la agenda verde e incluso la PAC, cuando sus autores pertenecen hace décadas a la derecha europea, y para, de paso, negar la representatividad de los sindicatos agrarios mayoritarios. Nada que no hayamos visto en el pasado reciente con la manipulación de las reivindicaciones y de la representación de los transportistas. En este último caso, además, como preparación de las próximas elecciones europeas, con el riesgo cierto de una nueva mayoría reaccionaria de gobierno que la deconstruya, como antes ha venido ocurriendo en regiones y Estados de la Unión.

Continúa también la resaca de las recientes elecciones gallegas, con el triunfo del PP de Rueda y la consolidación de Feijóo, la confirmación de la hegemonía del Bloque al frente de la oposición y el retroceso de la izquierda de gobierno y, en particular, el fracaso de Sumar, en pleno comienzo de la organización de su candidatura como partido. Algo a tener en cuenta con la nueva convocatoria electoral, está vez en Euskadi, para el 21 de abril, en la que el PNV se juega la mayoría a manos de Bildu y como consecuencia el gobierno y la continuidad de su coalición con el PSOE. Con la incógnita también de los posibles efectos de todo ello en la estabilidad de la mayoría de investidura del gobierno Sánchez, que continúa encallada en una accidentada negociación de la ley de amnistía. Un gobierno que necesita recuperar la iniciativa, más allá de cerrar las heridas judiciales del procés y de estos problemas de la coyuntura.

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Gaspar Llamazares es fundador de Actúa.

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