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Nochevieja desde la redacción

La yema

Siempre he sido muy fan de los huevos fritos, cuando era pequeña convertía en un ritual comerme primero “lo blanco” para disfrutar al finalizar el plato “lo amarillo”. La yema, mi parte preferida, la que más me apetecía degustar, esa explosión de sabor que es, sin duda, una de las mejores salsas que existen. Un día, mientras yo estaba inmersa en la labor de orfebrería que era para una niña separar ambos colores sin que se rompiera el huevo, un señor me dijo que debería hacer lo contrario, comerme primero lo que más me gustaba “por si después no te queda hambre”. Nunca le hice caso.

La Navidad es uno de mis momentos favoritos del año: la decoración, las luces, las caras de felicidad de la gente, los villancicos, los jerséis con renos, el día de Reyes, las deliciosas viandas típicas de estas fechas... Estos días retrotraigo mis pensamientos a hace justo doce meses, cuando imaginábamos unas fiestas mejores, cuando nos esforzábamos por pasar unas pascuas seguras, y pensábamos que durante el 2021 el covid "dejaría de hacérsenos bola", pero no ha sido así, y no parece que vaya a serlo en el corto plazo. La frustración se ha apoderado de todos.

Pensábamos que durante el 2021 el covid "dejaría de hacérsenos bola", pero no ha sido así, y no parece que vaya a serlo en el corto plazo. La frustración se ha apoderado de todos

A veces la paciencia y la espera son una virtud y, siendo tan pequeña, creo que retrasar la degustación del huevo lo era. Este recuerdo me ha hecho reflexionar sobre “la espera” que llevamos acumulada desde marzo de 2020, pero que poco a poco va dando sus frutos gracias a la vacuna. Teníamos a ómicron acechando y ahora ya compartimos mesa con ella, (seguro que en vuestro entorno hay de nuevo muchos contagios) por eso es importante cuidarnos, seguir viviendo y celebrando la Navidad, ¡claro! pero tratando de mantener las medidas anti covid básicas en los encuentros sociales. Para que así, a pesar de que lo de recortar la clara se está alargando, sigamos uniendo fuerzas y que, por fin, podamos comernos la yema.

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