“Democracia real ya. No somos mercancía en manos de políticos y de banqueros”. Miles de personas en toda España salieron a las calles el 15 de mayo de 2011. Lo hicieron en un país azotado por una brutal crisis económica, inundado por una ola de recortes. La indignación prendió en más de 50 ciudades, dando voz a una ciudadanía enfadada con su sistema democrático y con el idílico bipartidismo que había dominado el sistema político hasta ese momento.
Aquel día, unas 200 personas acamparon en la Puerta del Sol. Un kilómetro cero para hacer frente a una manera de gobierno basada en las élites. Mucha gente volvió a llenar los espacios públicos de todo el país para hablar, para mirarse a la cara. Las asambleas se recuperaron para llenar de ideas un debate dominado hasta ese momento por señores encorbatados. Sueños, pancartas. Utopía y realidad. Cuatro de sus protagonistas echan la vista atrás y reflexionan sobre lo que supuso el movimiento, lo que queda de él y lo que puede venir.
Stéphane M. Grueso, cineasta, documentalista y comunicador, fue uno de los principales narradores de aquellos días. Y ahora se zambulle en el análisis desde la “nostalgia y la satisfacción”: “La gente que da por muerto el 15M no comprende la esencia del mismo. Esto va más allá de acciones concretas. Hay cosas como la transparencia y la rendición de cuentas que se exigen hoy en día y que vienen de ese empuje”.
“El derecho a participar en lo público”
“Más allá de las acampadas, hay que fijarse en el espíritu de esa ciudadanía que estaba harta, que entendía que tenía derecho a participar en lo público y que reclamaba su voz”, señala, para remarcar a continuación: “Cambió a mucha gente: muchas personas no son iguales desde entonces y entienden que hacer política, más allá de los partidos, es su responsabilidad”. Añade: “Reivindico ese 15M en el que se crearon redes de cuidados, gente organizándose al margen del Estado”.
“Además, coincidió con la explosión de las redes sociales. Puede que el legado no esté muy visible, pero en el aire que respiramos hoy en la política y en la sociedad hay más restos del 15M de los que podíamos pensar en un primer momento”, sostiene.
Uno de los grandes debates que quedan es si funcionó la canalización a través de partidos políticos del 15M. Se adentra Grueso en esta cuestión: “En el pos-15M, con las asambleas de barrio, determinadas personas decidieron que había que intentar la vía institucional y se montaron determinados partidos y llegaron a gobernar. Me parece valiente, pero yo creo que se puede trabajar en muchos espacios. No sé si se hizo mal o no. También se aprendieron cosas”.
“A nosotros nos trataban los poderes como a siete perroflautas. Pero realmente nos observaban y tenían mucho cuidado con nosotros”, prosigue. Y apostilla: El gran fallo del 15M fue no acoger los feminismos como una de sus grandes reivindicaciones”. “Me acuerdo con vergüenza cómo algunas compañeras hablaban de ellos, pero se decía que había que ir primero con las cosas sociales. Yo me quedaba callado. Ahora hemos aprendido que es una de las bases de la democracia. Fue un error no haber abrazado los feminismos”, relata.
“Pero hay cosas que sí han quedado, como la rendición de cuentas. Es un concepto que antes ni se contemplaba. Por ejemplo, el 15M ayudó a comprender que España no podía ser un país grande sin leyes de transparencia”, hilvana el cineasta, que ahonda en que el 15M conectó con una buena parte de la población.
“La influencia del 15M también ayudó a cambiar el sistema español de dos partidos, con muchas mayorías absolutas. Ahora los partidos están obligados a hablar entre ellos. Tienen que pactar y hacer una democracia más participativa y plural”, continúa en su reflexión. A lo que añade: “Otra de las cosas más importantes fue la lucha contra la corrupción. Se logró la condena del exvicepresidente Rodrigo Rato. A través del crowdfunding se acabó derivando que una persona intocable acabara condenada. Fue posible esa justicia”.
Lanza esta idea: “Muchas personas nos dimos cuenta de que existe el deber también de participar en la vida pública, y que hay muchas formas de hacerlo. Como, por ejemplo, acompañar a migrantes al médico o ayudar en temas de vivienda. Había mucha gente haciendo cosas de manera especial”. ¿Hay espacio para otro 15M? Señala, por ejemplo, movimientos como las olas feministas: “Miles de mujeres han salido a reclamar igualdad”.
“Las estructuras de poder no quieren más democracia”
Patricia Horrillo, experta en comunicación y redes sociales e impulsora de la 15Mpedia, responde primero a la pregunta de qué imagen le viene de aquellos días: “La Puerta del Sol cuando se expulsaba a la gente durante la primera manifestación. Por la tarde hubo una concentración convocada a través de Twitter. Recuerdo salir de la boca del metro y ver todo lleno de gente. Se me quedó grabadísimo. Gente apoyando a otras personas sin conocerse de nada. Fue increíble”.
¿Por qué la gente salía a las calles? Responde: “Vivíamos una situación de crisis. Había una generación viviendo la precariedad. Las redes sociales nos dieron una manera de comunicarnos. La gente podía ver lo que estaba pasando, que era gente uniéndose para trabajar. La gente se juntaba en las plazas a hablar. Hubo un contagio bonito”.
Sobre los logros del 15M y las aportaciones a la sociedad, Horrillo explica: “No me gusta analizar el movimiento en términos de éxito o fracaso. El hecho de estar en una plaza debatiendo significaba haber roto algo en positivo. Y más en una ciudad como Madrid, donde nadie se mira a la cara. De repente, todo eso cambió. Aunque no quiere decir que no hayamos vuelto en parte a lo mismo. Pero lo exitoso fue que una generación se diera cuenta de la incidencia política. Y vimos también que para algunos era incómodo que hubiera gente hablando en las plazas, lo que nos rompió la imagen de esa supuesta idílica Transición. Sirvió para despertarnos de la idea de un Estado que creíamos que era de una forma. De repente, eras consciente de que no era así. Había cosas que no estaban bien y no había un interés real por parte de la clase política para que la sociedad se involucrase”.
“Hablar de la democracia solo para unas elecciones es una simplificación del sistema, que servía para que la gente sólo viera su participación con el voto”, añade Horrillo, que subraya: “Lo que se ha demostrado con el tiempo es que vivir la política en el día a día es altamente difícil, porque las estructuras no están pensadas para esa implicación ciudadana: la democracia sigue siendo precaria en términos de participación ciudadana, pese a los intentos que se han hecho desde entonces”, resume. Y aterriza con ejemplos como el “chiste” del actual Ayuntamiento de Madrid en temas de transparencia.
Otro de los posos del 15M es la conciencia como comunidad política entre muchos ciudadanos. Horrillo también aporta este enfoque: “Fue un movimiento positivo. Pero un tema muy triste es que la percepción de todas aquellas cosas no se vive como algo central en el debate ideológico, sino que se habla de ello como de extrema izquierda. Nuestro eje político se ha ido tan a la derecha que sigue existiendo, por ejemplo, la ley mordaza. La reacción de los dos grandes partidos fue apretar mucho más la libertad de expresión”.
“Las estructuras de poder no quieren más democracia. Buscan que la gente esté trabajando y no moleste”, remacha.
¿Se puede vivir otro 15M con temas como la vivienda o fue un movimiento irrepetible? Horrillo contesta: “Los momentos son los que son. A lo mejor lo que tiene que ocurrir es algo muy diferente. No hay que pensar en la repetición de algo que ocurrió porque las circunstancias no son las mismas. Y, además, no es que no hubieran existido acampadas antes. Las reivindicaciones siguen siendo las mismas, pero las formas cambian. Por ejemplo, han continuado las luchas en los barrios contra los desahucios. Las nuevas generaciones tienen que encontrar su forma de reivindicación”.
“La política no puede ser votar cada cuatro años”
También vivió en primera línea aquellos días Marta G. Franco, experta en redes sociales, a la que vienen en primer lugar las imágenes de la Puerta del Sol llena de gente cada tarde: “También recuerdo las asambleas en las plazas cercanas, donde estaban las comisiones y sucedía la mayoría de cosas”.
Sobre la filosofía que reinaba en las calles, explica: “Era un momento en el que vivíamos recortes de los servicios públicos y nos decían que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que el Estado invertía demasiado en la ciudadanía. La gente hizo un clic y vio que lo que había eran unas élites financieras que querían seguir manteniendo su posición”.
Para ella, “lo que se avanzó en aquellas semanas es que muchas personas aprendieron y comprendieron que podían reunirse con sus vecinas para hablar y resolver los problemas”. “Era el sentimiento de que la política no puede ser ir a votar cada cuatro años. El 15M no era algo de bloques políticos concretos, sino un clima propicio para cosas que después se concretaron en colectivos como la PAH, el movimiento feminista o las mareas de sanidad y educación. El 15M vino a decir que podíamos hacer cosas juntas”.
¿El sistema ha domesticado ese espíritu? Se adentra Marta G. Franco: “No hay ningún movimiento social que empiece desde abajo que consiga todo lo que quiere. Hay que ser cautos al hablar de fracasos. Lo que pasa es que llevamos años de dinámica en la que se agranda la desigualdad y se reduce lo público y lo común para que los de arriba sigan manteniendo sus privilegios. Esto hace que la gente esté harta y crezca la desconfianza”.
Lo que sí destaca es que gracias a esa movilización se consiguió que los partidos políticos reaccionaran e incluyeran en sus agendas y prácticas elementos como las primarias internas y la publicación de declaraciones de bienes de los dirigentes. Mirando al futuro sobre la posibilidad de otro 15M, analiza: “Nada pasa dos veces en la historia. Pero sí hay momentos de movilización y otros más tranquilos, como un péndulo. La vivienda y el retroceso de los servicios públicos darán lugar a más movilizaciones. Pero no sé en qué formato”.
“El espíritu de ilusión”
Daniel Amelang es otro de los protagonistas de aquellos días, como uno de los soportes jurídicos del movimiento y el abogado defensor, por ejemplo, de algunos de los detenidos aquella noche de 2011. Hace memoria: “Lo primero que me viene a la mente es la acampada. Rompió las dinámicas. Recuerdo todas las asambleas y manifestaciones”.
“Se trataba de compartir horas y horas con la gente”, prosigue Amelang, que centró muchos esfuerzos en las asambleas generales y en la comisión jurídica. Él trabajó mucho para que también los esfuerzos se extendieran a los barrios, más allá de la acampada. Entre otras labores, dio amparo jurídico a detenidos y ayudó a elaborar guías contra las sanciones.
Pone mucho énfasis en esta idea: “Había un espíritu de ilusión por partida doble. Mucha gente recuperó las ganas de participar en los movimientos sociales por la vivienda o antirracistas. Veía a gente de distintas edades y contextos hablando y debatiendo. Y hubo mucha gente que empezó ahí a militar y a ser activista. Tomaban las riendas de su destino”.
Ver más15M, el legado irreversible
“Pasadas las primeras semanas, ese espíritu pasó al plano más pragmático para ver los problemas concretos de la gente y cómo se podían resolver”, relata Amelang. Pero la ilusión volvía cuando se veían resultados como frenar un desahucio, añade.
Pasa también su experiencia por este punto: “En la sociedad se vio claro que había una serie de problemas que no se estaban atendiendo. De ahí lemas como el ‘No nos representan’. Estaba la sensación de que había unas élites que ignoraban a la gente. Había que salir a la calle a protestar. Esa visión perdura a día de hoy, pero la discrepancia está en cómo solucionar esos problemas”. “También se ha avanzado en la democratización de ciertas instituciones y en elementos como la transparencia o las primarias”, apostilla.
Sobre las asignaturas pendientes, manifiesta este abogado: “El 15M se centró muchísimo en la crisis de la vivienda y en la desigualdad económica y salarial. Fue muy efectivo a la hora de señalar esos problemas, pero menos en el momento de dar soluciones. Aunque, por ejemplo, la normalización de la dación en pago es consecuencia del 15M. Pero no soluciona el problema. Le faltó seguir peleando por las respuestas”.
“Democracia real ya. No somos mercancía en manos de políticos y de banqueros”. Miles de personas en toda España salieron a las calles el 15 de mayo de 2011. Lo hicieron en un país azotado por una brutal crisis económica, inundado por una ola de recortes. La indignación prendió en más de 50 ciudades, dando voz a una ciudadanía enfadada con su sistema democrático y con el idílico bipartidismo que había dominado el sistema político hasta ese momento.