El 8M entre pupitres: "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas"

Suena el timbre otro lunes más, pero algo en el ambiente parece distinto. El 8M lo impregna todo: lazos morados, cartulinas en las paredes, murales que recuerdan a mujeres pioneras. Aparecen de pronto Astrid Lidgren, Nadine Gordimer y Carmen de Burgos, sus nombres resuenan en las aulas y sus obras aterrizan en las manos del alumnado. En la pizarra de 1º C del IES Rey Pastor, en el distrito madrileño de Moratalaz, un recordatorio: Día Internacional de la Mujer. La mañana se antoja diferente.

Silvia Gallego se dirige a sus alumnos, una clase con una veintena de chicos y chicas que acaban de dar el salto al instituto. Llegan con fuerza a las aulas, llenos de preguntas. "Mientras Lorca y Alberti estaban escribiendo, otras mujeres lo hacían en la sombra", dice la profesora de Lengua y Literatura. Ellos lo saben bien, en los últimos días han estado buscando sus nombres en los libros de texto. A veces sin mucho éxito: uno de los alumnos sólo ha encontrado a una mujer referenciada en una antología de 180 páginas.

Hacen acto de presencia Emilia Pardo Bazán y María Zambrano. "Igual sólo os suenan por nombres de bibliotecas, pero eran grandes mujeres", señala. La docente pregunta por qué las mujeres han sido las grandes ausentes. ¿No escribían? Pregunta fácil para el alumnado: "Antes a las mujeres no les dejaban publicar", dice una de las estudiantes. Lo expresan como una lección aprendida, conscientes de que aquello fue una realidad en un tiempo para ellos remoto. Se saben ajenos a un problema que creen superado. Hoy sería inaudito. ¿Lo sería? No hace tanto tiempo de aquello, se apresura a decir la docente, todas las conquistas son susceptibles de perderse.

Próxima parada: los cuentos populares. "¿Alguna vez habéis pensado si su contenido es machista?". Resuena un rotundoen el aula. "Todas necesitan a un hombre y las madrastras son las malas". El compañero que más se resiste enmienda el discurso: "No todos los cuentos son machistas. En Pinocho no sale ninguna chica". Se hace el silencio y en seguida se da cuenta de lo que significa eso. El machismo a veces es sutil, pero no pasa desapercibido para los ojos del alumnado. Interviene otra de las niñas, dispuesta a ensanchar el significado de igualdad. "En Disney no hay ningún caso de homosexualidad o bisexualidad, las chicas siempre buscan al varón".

Se esfuman los cuentos, las películas, los relatos y llegan las historias personales. "Mi familia piensa que los hombres tienen que ser los jefes y las mujeres hacer las tareas", dice una. "Mi familia por parte de padre también es machista", responde otra. Asiente una tercera, "mi familia no me deja ser sincera". Silvia Gallego observa, escucha y asume el reto de dar respuesta a situaciones complejas. "Hacéis muy bien en compartir ese sentimiento. Poco a poco, con el tiempo os darán más margen, cuando seáis un poco más mayores podréis ser más dueños de vuestros pensamientos". No lo dice en el momento, pero la profesora confesará después que por episodios como este es más necesario que nunca evitar que salga adelante la propuesta del pin parental.

El debate es constante y no falta alguna voz discordante: "Hay feministas que buscan igualdad y otras que quieren matar a todos los hombres", señala una alumna. Levanta la mano rápidamente una de las chicas. Esta se la sabe: recuerda que el feminismo es igualdad y que no es sólo cosa de mujeres. Que todo el mundo debería ser feminista, dice. Una cosa lleva a otra y la clase gira ahora en torno a la cosificación de las mujeres. Una de las niñas pregunta por un asunto que le inquieta, ha oído que hay países donde "alquilar a una mujer para tener hijos" es legal. Gestación subrogada, identifica su compañera, "a esas mujeres las están usando como si fueran objetos". Otra voz replica: "Pero puede ser una solución para las parejas homosexuales". Salta un compañero: "Para eso está la adopción". Otra de las chicas duda y se atreve a decir que "si la mujer lo ha elegido así" poco hay que debatir. "Como las mujeres que eligen ser prostitutas". Los chavales tienen apenas doce años y ya manejan las claves que atraviesan al movimiento feminista: sus consignas, sus teorías, sus contradicciones y sus batallas.

De Ronaldos y Malumas

María del Carmen Melones, profesora de Lengua y Literatura en el mismo instituto público, tiene clase con 1º de Bachillerato. El grupo apenas supera la decena, los demás asisten desde casa, a través de la pantalla. Los alumnos, la inmensa mayoría mujeres, ya rozan –algunos superan– los dieciséis años y tienen las ideas claras. Aunque el interés no está tan a flor de piel: algunos desbloquean sus móviles a hurtadillas para mandar algún mensaje mientras la profesora se pelea con el proyector. Hay cosas que no cambian generación tras generación.

Pero la docente, ataviada con una camiseta morada, tiene un reclamo: la música. El objetivo no es otro que analizar las letras sexistas que anidan en el arte. Antes y ahora, año tras año. Suena Te compro tu novia, de Ramón Orlando. "Qué es esto", dice una de las chicas, incrédula. Pasamos a Los Ronaldos: "Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte / Hasta que digas sí". "Bueno, bueno, bueno", articula otra. Algunas resoplan. "¿Esto cómo puede ser legal?", pregunta una chica al fondo de la clase. "Criticamos mucho el reguetón, pero estos mensajes vienen de siempre", reconoce la profesora. Esas palabras valen oro: "Me lo voy a apuntar para decírselo a mis padres", contesta una de las alumnas. Lo hace.

Llega el turno de Maluma. Los chavales prescinden de leer la letra, la mayoría la conoce bien. "Nos gusta el ritmo, la letra es una mierda", interviene el chico sentado al lado del ventanal. Pero establece un matiz en defensa del artista colombiano: "Era distinto, aquí están sexualizando a la mujer". Nadie habla explícitamente de matar, comprar o violar. Se detiene y añade: "Sigue siendo igual de duro, pero es otro enfoque". ¿Se puede hablar de sexualidad desde el respeto a las mujeres? La pregunta sobrevuela en el aula e interviene una chica en primera fila, callada hasta ese momento. "Hay muchas canciones escritas por mujeres que hablan de su sexualidad", dice. Se acaba el tiempo. María del Carmen Melones remata la clase con una promesa de continuidad. "Seguiremos mañana", se despide y parece que el compromiso feminista podría, tal vez, durar todo el curso.

Recuperar a las olvidadas

Hace casi una década, la investigadora Ana López Navajas coordinó el mayor estudio hasta el momento sobre la presencia de las mujeres en los libros de texto. Las conclusiones fueron demoledoras: en secundaria, ellas sólo figuran en un 7,6% de los contenidos. Un porcentaje que se desploma en materias como Ciencias Sociales (6,3%), Informática (3,8%) y Tecnología (0,9%). Desde entonces, dice la experta, que prepara otra investigación en los mismos términos y una base de datos global de mujeres creadora, los avances han ido a cuentagotas. "Son pocos, pero sí se ha notado un avance, sobre todo en relación a iniciativas editoriales", señala en conversación telefónica. El progreso, aunque tenue, ha ido indiscutiblemente de la mano del "auge del feminismo en los últimos años y la incorporación de chicas jóvenes y combativas".

Esas chicas están en las aulas y demandan un cambio de paradigma. Lo percibe así Marian Moreno, técnica de coeducación en el Instituto Asturiano de la Mujer, quien apela también a la voluntad del profesorado y a los límites que conlleva dejarlo todo en sus manos. "Sigue siendo una cuestión voluntaria, personas al albur de lo que quieran los equipos directivos y el propio centro", perfila. Pero además, parte del alumnado "lo demanda, oye cosas, tiene dudas, lee, se entera, pide una enseñanza que las acoja". En el extremo opuesto, otro grupo de alumnos, "pequeño pero muy ruidoso", se ha alineado rápidamente junto a "los mensajes de la ultraderecha, han encajado con su pereza ante la igualdad y con su miedo a la pérdida de privilegios".

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Las expertas miran con expectativas a la nueva ley educativa, en vigor desde el pasado 19 de enero. La norma adopta un "enfoque de igualdad de género a través de la coeducación y fomenta en todas las etapas el aprendizaje de la igualdad efectiva de mujeres y hombres". La norma introduce en secundaria la "orientación educativa y profesional del alumnado", además de prever la incorporación de "contenidos específicos relacionados con la igualdad de trato y la no discriminación". Esta perspectiva habrá de quedar integrada en los libros de texto y materiales curriculares. El objetivo: cubrir la ausencia de mujeres en la enseñanza.

Actualmente, el currículo que fija el Ministerio de Educación contempla tan solo unas pinceladas de lo que las educadoras consideran recomendable. Varias sugerencias relativas al "respeto a la igualdad de oportunidades" en primaria y la prevención de la violencia de género en secundaria. En la ESO, algún avance curricular: las causas de "la lucha por el sufragio de la mujer" y los cambios sociales "derivados de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado". De las olas del feminismo a lo largo de la historia o del papel de las mujeres en los conflictos, ni rastro. Tampoco hay apenas cabida para las mujeres creadoras.

López Navajas recuerda, en ese sentido, que la coeducación debe tener presente un aspecto que no siempre está: las contribuciones culturales y científicas de las mujeres. La perspectiva de género, sostiene la experta, está asociada a la toma de conciencia respecto a la ausencia de mujeres. "Pero esa conciencia ya la tenemos, ahora hacen falta elementos de intervención didáctica". Si no, sostiene, lo que quedará serán "celebraciones" en días señalados que en ocasiones "casi hasta adormecen sobre la necesidad de intervenir en nuestras aulas".

Suena el timbre otro lunes más, pero algo en el ambiente parece distinto. El 8M lo impregna todo: lazos morados, cartulinas en las paredes, murales que recuerdan a mujeres pioneras. Aparecen de pronto Astrid Lidgren, Nadine Gordimer y Carmen de Burgos, sus nombres resuenan en las aulas y sus obras aterrizan en las manos del alumnado. En la pizarra de 1º C del IES Rey Pastor, en el distrito madrileño de Moratalaz, un recordatorio: Día Internacional de la Mujer. La mañana se antoja diferente.

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