Desigualdad territorial

La brecha norte-sur en bienestar rompe España en dos, con Navarra en cabeza y Andalucía a la cola

Un autobús informativo del Ingreso Mínimo Vital en el Polígono Sur, en Sevilla.

¿Se rompe España? Se puede decir que se resquebraja. Pero no es, como continuamente se alerta, un agrietamiento identitario, sino material, con reflejo directo en el día a día y en las cosas de comer. Los datos de calidad de vida del INE muestran una brecha norte-sur que parte al país en dos. Una España tiene su máxima expresión en Navarra, a la cabeza; la otra, en Andalucía, a la cola.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo este martes su actualización anual de los datos de calidad de vida en España, que muestran una mejoría en 2021 con respecto a 2020, cuando se produjo la primera bajada desde 2014. Es un subida que no puede sorprender, teniendo en cuenta que 2020 había sido el año más duro de la pandemia. De modo que sólo quedaba mejorar. El indicador, eso sí, aún no alcanzó los niveles de 2019, cuando llegó al máximo de una serie que comienza en 2000.

Pero los ofrecidos en el párrafo anterior son los datos a escala estatal, que invitan a pensar en una España homogénea. No lo es. La letra pequeña evidencia que, en línea con lo que ocurre en el terreno económico, hay lo que podríamos llamar dos Españas en cuanto al bienestar. Una, la que más disfruta, está al norte; la otra, la que más sufre, al sur.

Sesenta indicadores, nueve áreas

¿Cómo calcula el INE la calidad de vida? Lo hace midiendo la evolución de un total de sesenta indicadores que afectan a nueve dimensiones básicas de la vida: condiciones materiales; trabajo; salud; educación; medio ambiente; seguridad; gobernanza y derechos básicos; ocio y relaciones sociales; y experiencia general de la vida [ver aquí la metodología]. Con todo ello el INE construye una cifra, el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV), que en 2021 se situó en 101,83 puntos.

Esta mejora estuvo impulsada por la educación y, en menor medida, el medio ambiente, mientras que empeoraron salud, trabajo, seguridad y condiciones materiales. Los datos de ocio, gobernanza y experiencia general de la vida no están actualizados a 2021.

Brecha norte-sur

Los datos vistos en detalle territorializado muestran la brecha norte-sur. La comunidad con mejor calidad de vida es Navarra (105,86); la peor, Andalucía (98,72). Aún más abajo está Ceuta (97,8). Las autonomías que no alcanzan el dato nacional son, empezando por abajo, Andalucía, Canarias, Murcia, Galicia, Castilla La Mancha y Extremadura. Las que están por encima son, empezando por arriba –es decir, por la mejor–, Navarra, La Rioja, Baleares, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, País Vasco, Asturias, Comunidad de Madrid, Cataluña y Castilla y León. He ahí las dos Españas de la calidad de vida. Un detalle: la comunidad con mayor PIB per cápita, Madrid, es sólo novena en calidad de vida.

Los mejores y peores resultados dimensión a dimensión inciden –con excepciones– en la existencia de la brecha norte-sur:

– Condiciones materiales: País Vasco la mejor (105,35) y Canarias la peor (93,29).

– Trabajo: Aragón (103,08) y Canarias (94,46)

– Salud: Madrid (104,77) y Asturias (96,89)

– Educación: País Vasco (118,25) y Extremadura (103,66).

– Ocio y relaciones sociales: Cantabria (105,59) y Canarias (95,45).

– Seguridad: Asturias (109,04) y Madrid (96,13).

– Gobernanza y derechos básicos: Baleares (109,35) y Castilla y León (91,22).

– Medio ambiente: Navarra (109,35) y Murcia (96,98).

– Experiencia general de la vida: Baleares (112,48) y Galicia (93,8).

Una diferencia económica previa

La brecha en la calidad de vida es coherente con –y consecuencia de– las diferencias económicas norte-sur, que a su vez afectan a los resultados de salud o educación. Numerosos datos acreditan existencia de dos Españas económicas. Algunos ejemplos. Hay seis comunidades por debajo del 9% de paro en el tercer trimestre de 2022: Baleares –cuyo dato es volátil y en este caso está marcado por la temporada alta turística, por lo que se descarta como referencia–, La Rioja, País Vasco, Cantabria, Castilla y León y Navarra. Al mismo tiempo, hay cuatro por encima del 14%: Andalucía, Canarias, Extremadura, Murcia y Castilla La Mancha. Son los nombres más habituales en la parte baja de todos los listados, incluido el de calidad de vida. El peor dato, Andalucía (18,98%), es 2,36 veces superior al de La Rioja (8,03%).

En cuanto al PIB, el dato de 2020 vuelve a mostrar la brecha, con Canarias (17.448 euros), Andalucía (17.747) y Extremadura (18.301) como las únicas por debajo de 20.000 euros per cápita, lejos de Madrid (32.048), País Vasco (30.401) y Navarra (29.314).

Es elocuente el mapa que muestran los resultados de proyecto Urban Audit de Eurostat, que pone la lupa a los 416 municipios de más de 20.000 habitantes. ¿Qué se ve? De los 50 municipios con menor renta por habitante de España, 32 son andaluces, incluidos ocho de los diez más pobres y los cinco más pobres: Níjar, Vícar (Almería), Los Palacios y Villafranca (Sevilla), Barbate (Cádiz) y Alhaurín el Grande (Málaga). El resto de los 50 municipios con menor renta per cápita se reparten entre Murcia, Comunidad Valenciana, Canarias, Castilla La Mancha y Extremadura. Once de los 15 municipios con mayor tasa de paro son andaluces y el resto canarios. Una y otra vez, el mismo patrón. De las 15 ciudades con menor esperanza de vida al nacer, nueve son andaluzas y el resto canarias, salvo Ceuta y Melilla.

La pobreza tampoco impacta de forma homogénea. Ni mucho menos. “Es evidente la división de España en dos mitades: las comunidades que se encuentran de Madrid al norte conservan bajas tasas de pobreza y/o exclusión social y, excepto en algún caso, perfectamente compatibles con las de los países europeos más avanzados, y, por el contrario, aquellas situadas al sur registran tasas extraordinariamente elevadas”, señalaba el informe Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España. 2008-2019, de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, que es claro en su conclusión: esta desigualdad –que la pandemia no ha menguado– es un fenómeno entre cuyas causas está precisamente el factor que se presenta como solución: la política. “La pobreza y la exclusión social se distribuyen diferencialmente en los territorios en función de la configuración histórica, la posición geográfica, la naturaleza de la economía y la evolución del PIB, la distribución de la población y otras; pero también de la gestión política [...] Es difícil comprender la clase de cohesión territorial que permite que en un mismo país existan regiones que multipliquen por tres, e incluso por cuatro, las tasas de pobreza de otras”. La tasa de riesgo de pobreza en Extremadura y Andalucía (32,3%) multiplica por 3,29 la de Navarra (9,8).

El listado de comunidades con una tasa de pobreza superior a la del conjunto de España presenta un gran parecido con el de peor calidad de vida. Sólo bailan dos autonomías. En el primero –tasa de pobreza– está la Comunidad Valenciana y no Galicia; y en el segundo –calidad de vida– Galicia y no la Comunidad Valencia. El resto son las mismas, las de siempre: Andalucía, Extremadura, Canarias, Murcia y Castilla La Mancha.

La convergencia pendiente

El problema no es sólo la diferencia, sino la falta de convergencia. Las diez comunidades en el pelotón de cola del PIB per cápita antes de la Gran Recesión seguían rezagadas y siete habían empeorado su posición relativa cuando llegó la pandemia, mientras las cinco más ricas mejoraban.

Es una advertencia realizada por el propio Banco de España en un informe que analiza 35 años de democracia: "Ni las variables de mercado de trabajo (empleo, paro) ni la productividad han contribuido significativamente a reducir las diferencias regionales". “Hace ya cuatro décadas que la desigualdad regional empezó a aumentar y desde entonces esta tendencia no ha hecho más que reforzarse”, señala el informe El final de la convergencia regional en España, publicado en 2019 en Nada es gratis. Los casos de Andalucía, Canarias y Extremadura sufren el agravante de ser las comunidades con menor movilidad social interna, es decir, con peor funcionamiento del ascensor social, como ha puesto de relieve un informe del think tank Esade Ecpol.

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