Orgullo LGTBI

Combatir el estigma y educar en igualdad, la gran apuesta de la comunidad LGTBI en la infancia

Un menor ondea la bandera LGTBI.

Una de las más sólidas reivindicaciones del colectivo LGTBI a la hora de luchar contra la discriminación que sufren sus integrantes atañe al trabajo desde la infancia. La educación se convierte en pieza angular para el movimiento, especialmente cuando las barreras a las que se enfrentan comienzan a fraguarse entre los más jóvenes. Combatir estereotipos para impedir su posterior desarrollo y educar en igualdad se convierte en prioridad y en la gran apuesta de la comunidad LGTBI en la infancia.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) señaló directamente al "fracaso del sistema educativo" en su informe sobre acoso escolar por orientación sexual e identidad de género elaborado en el año 2013 para el Defensor del Pueblo de Madrid. "La discriminación, la exclusión y la violencia por motivos de orientación sexual e identidad de género suceden con frecuencia ante el silencio y/o el desconocimiento de los educadores, las directivas de los centros y las propias familias", alertaba el estudio. Según datos de la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales, siete de cada diez personas LGTBI ocultan su orientación sexual o su identidad de género durante la etapa escolar.

Como resultado de siete años de estudios, la FELGTB constata que las opiniones y actitudes homofóbicas se trasladan "al día a día de las escuelas". Dichas conclusiones se reproducen también en el informe elaborado por Cogam en 2015 sobre LGTBfobia en las aulas. Según el estudio, la homofobia persiste en las escuelas españolas. Un 32% de los alumnos entrevistados piensan que gays, lesbianas, bisexuales y transexuales son abiertamente discriminados en las aulas. Un 6,92% ha sido testigo de agresiones físicas por motivos homófobos, mientras que las agresiones verbales son presenciadas por un 59,68% del alumnado.

Paralelamente, las encuestas confirman que un 15% del alumnado no asume firmemente que los homosexuales, bisexuales y transexuales deberían tener los mismos derechos que los heterosexuales. "La importancia de esta pregunta está en que, de entre aquellos que no respondieron firmemente a la idea de que las personas LGBT deben gozar de los mismos derechos, de ese 14%, sale el 63% de los acosadores", de modo que "de una pequeña parte del alumnado intolerante surge la imposición de la homofobia en el aula", afirma Cogam.

Entorno familiar y educativo

El entorno familiar resulta una de las piezas clave a la hora de abordar el problema. Únicamente el 42% de la población estudiantil LGTBI piensa que recibirían total apoyo en su casa si revelase su orientación. Un 14% de los homosexuales, bisexuales y transexuales siente su hogar como un espacio donde no se le aceptaría. Y un 44% no está completamente seguro, según Cogam. Además, la organización señala que la homofobia es ejercida por el alumnado ante la pasividad de la institución educativa. Una parte del profesorado "no sabe qué hacer, aquellos que lo intentan encuentran dificultades y brillan por su ausencia los planes de intervención a nivel institucional".

Charo Alises, abogada y activista miembro de la FELGTB, subraya en conversación con infoLibre que una de las principales diferencias entre el acoso escolar común y por motivos de orientación sexual o identidad de género reside en la relación entre el alumno y su familia. "Puede que sus familias no lo sepan y las víctimas tengan miedo a decírselo", destaca la activista, quien incide en que "hay bastante desconocimiento sobre lo que se debe hacer".

Con el objetivo de poner remedio a dicha falta de conocimiento trabaja la psicóloga y orientadora escolar Celia López, que se encarga de formar al profesorado andaluz sobre transexualidad, aplicando el protocolo obligatorio en la comunidad desde el año 2015. La normativa autonómica, no obstante, "aún no ha llegado a toda la comunidad educativa" e incluso "muchos profesionales consideran que es un favor a un menor, y no un derecho", explica López.

El trabajo de la orientadora se basa en asesorar al profesorado sobre cómo detectar indicadores en los menores y qué tipo de actuaciones son necesarias. Resulta fundamental, señala, prestar atención a todo lo que el menor verbaliza. "Cuando en un momento determinado un bebé de tres años que se llama Mario va al baño de las niñas", el profesorado debe interpretarlo como un indicador, que se ve "muy claro en la infancia", mientras que "en Primaria se camufla y en la adolescencia se complica". Se trata de lo que López califica como "ventanas de oportunidad", es decir, etapas en las que se expresan determinadas señales de forma clara por no estar condicionadas todavía por factores externos, como los estereotipos de género.

En Primaria, denuncia la psicóloga, "no se explica que hay diversidad sexual, y poco a poco ellos aprenden a callarse". Si la familia no se da cuenta, añade, y por tanto no se produce un tránsito, "la adolescencia es otra ventana de oportunidad porque empiezan a desarrollar los caracteres sexuales secundarios". El cuerpo de los adolescentes transexuales "empieza a parecerse a los cánones que marca la sociedad" y eso hace que comiencen a desarrollar episodios de ansiedad, por lo que el profesorado debe estar alerta de los indicios.

López considera que la visibilización en el sistema educativo es aún muy temprana, por lo que la falta de formación es "algo bastante común". Pese a ello, matiza, "en los últimos dos o tres años hay cada vez más jornadas de formación para el profesorado", y aunque aún hay desconocimiento, sí que "existen las herramientas adecuadas" para afrontarlo.

Propuestas

La abogada Charo Alises aspira a que las facultades de Magisterio apuesten por proporcionar información sobre el asunto a los futuros docentes. "No saben qué hacer porque no tienen formación", de modo que "no hay que poner el parche, sino evitar el problema". En este sentido, Alises insiste en la importancia del respeto a la diversidad y la entrada de la formación al respecto en en los currículos educativos. De lo contrario, añade, "se perpetúa el estigma, el estereotipo y los prejuicios".

Cogam recomienda en su informe la inversión de recursos económicos, materiales y humanos a la hora de asegurar el rechazo explícito de cada centro educativo a la homofobia. Cree conveniente también realizar inspecciones educativas que contemplen la situación de acoso por este motivo y la convivencia en los centros, que por su parte deben contar con protocolos de actuación específicos y planes de prevención.

En cuanto a las políticas públicas, Alises entiende que "la responsabilidad de las instituciones es toda". Por ello, considera que las consejerías de las comunidades autónomas "tienen que velar por los niños, niñas y adolescentes LGTBI", de manera que los protocolos de acoso escolar incluyan las particularidades del colectivo. Se inclina asimismo por la elaboración de una guía a nivel estatal, con el fin de homogeneizar el desarrollo de las políticas autonómicas. "Hay determinadas cuestiones que han de ser de obligado cumplimiento porque si lo dejamos a criterio de cada centro no se lleva a cabo, a menos que se trate de profesores especialmente sensibilizados", recalca Alises.

En este último punto coincide Cogam, que también propone la creación de un plan estatal contra el acoso "que puede ser mejorado en su implementación desde las autonomías". El plan, continúa la organización, debe ser dotado económicamente para asegurar su efectividad. Por otro lado, "las instituciones han de apoyar el trabajo de las organizaciones sin ánimo de lucro que demuestren respeto y trabajo por los derechos humanos", de forma que contemplen la dotación de subvenciones para "alcanzar los espacios que institucionalmente queden fuera de su alcance y sean de interés público".

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