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Economía

El Congreso se blinda para escuchar al jefe del BCE

Mario Draghi, este martes en el CongresO

Se acercaban las dos de la tarde en el Congreso. Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), acababa de ser recibido por el presidente de la Cámara baja, Jesús Posada (PP), y el presidente del Banco de España, Luis María Linde. Faltaban apenas unos minutos para que el patrón del Eurobanco entrase en la Sala Ernest Lluch, perseguido por una espesa nube de fotógrafos. Pero ya los teléfonos no funcionaban. Ni las redes 3G. Ni las wifis institucionales. Parte del Congreso se convertía en un búnker inexpugnable, aislado, incomunicado. Hoy, en el universo de Internet y de las redes sociales, de las conexiones en directo en streaming y en medio de peticiones constantes de la ciudadanía hacia una mayor transparencia de la actividad política, la Cámara baja volvía al pasado. 

En un principio, parecía que el secretismo obedecía a la voluntad del organismo supervisor, que había pedido trasplantar el formato empleado en el Bundestag alemán el pasado 24 de octubre: comparecencia sin micrófonos, sin prensa, sin actas ni taquígrafos. El PSOE había manifestado sus quejas pero había asumido esa versión. Soraya Rodríguez, la portavoz parlamentaria del partido, expresó incluso esta mañana que le "constaba" que Posada había intentado negociar un marco diferente. 

Pero no era así. Draghi no había puesto condiciones. El velo cayó en la rueda de prensa que siguió a sus explicaciones a los diputados. El presidente del Congreso, adelantándose a los periodistas, subrayó que él había establecido los "criterios" de la visita del jefe del Eurobanco. Él y sólo él. "El responsable soy yo y no Draghi", comenzó afirmando. Su voluntad era que no se "radiara en directo" la comparecencia, aunque asumía que era "inevitable" que así fuera. Después, el líder del supervisor dejó más aún en evidencia a Posada. "No, francamente, para mí no era un problema, pero de todas maneras se ha retransmitido. No creo que nadie se haya perdido nada", confesó, ante el estupor de la prensa. 

En efecto, el previsto bloqueo había sido sorteado, no sin dificultades, por Izquierda Plural (IU-ICV-CHA). Los diputados Alberto Garzón (@agarzon) y Joan Coscubiela (@jcoscu) lograron burlar las trabas. Grabaron en sus iPad la comparecencia íntegra y, en cuanto pudieron, la subieron a YouTube y a su página web. La idea original era tuitear la sesión y difundirla por streaming, en directo, pero al estar capadas las redes inalámbricas y de 3G por los inhibidores, no hubo manera. El presidente de la Cámara aseguró después, casi en tono condescenciente, que no sancionaría a los parlamentarios que habían retransmitido la intervención. "Lo volveríamos a hacer incluso aunque nos hubieran amonestado", respondió Garzón.

El discurso, hasta en la página del BCE

La indignación y la ira por la decisión unilateral de Posada era ya generalizada. PSOE, Izquierda Plural y UPyD prometieron elevar una enérgica queja contra Posada, por su comportamiento "intolerable", por colocar a la Cámara en un estado de "emergencia incomprensible" e "injustificada" –según expresó el socialista Valeriano Gómez–, por haber perpetrado una "atentado a la transparencia y un insulto a la ciudadanía" –la denuncia es de Garzón–, por haber creado una situación "inaudita", como enfatizó Rosa Díez, portavoz de la formación magenta. 

Pero, blindaje y apagón informativo, ¿para qué? ¿Por qué? Quizá ese es el dato más llamativo de toda esta película inédita en la vida parlamentaria de los últimos años. Primero, porque Draghi no reveló ninguna información sensible. Nada había desconocido en sus palabras. Hasta tal punto que el BCE colgó el discurso íntegro, y en castellano, en su web. Y en la respuesta conjunta a los portavoces tampoco descubrió nada. Y segundo, porque uno de los mensajes más relevantes de toda su intervención era, encima, una alabanza a las reformas impulsadas por el Gobierno de Mariano Rajoy. Una "bendición" oficial de las políticas de la Moncloa, resumió Olaia Fernández Dávila. Un "piropo gratuito" al PP, censuró Pedro Azpiazu, del PNV.

De hecho, el patrón del euro dibujó ante los periodistas una fotografía en positivo, con una España con muchas dificultades pero ya encarrilada y metida de lleno en la senda de la recuperación. "España va por el buen camino", verbalizó Draghi, enunciando a continuación los logros del PP: el buen ritmo de las exportaciones, la "casi desaparición" del déficit por cuenta corriente, la mejora de la competitividad, el saneamiento del sistema financiero y los "efectos positivos" de las reformas estructurales. En todo momento estableció la comparación con el final de 2011, al término de la era Zapatero. "Si observamos los progresos alcanzados por ustedes, tienen que felicitarse por ello".

Aun así, no está todo el sendero andado: "Estamos hablando de un camino muy complejo, y ningún país ha terminado su trabajo. Es muy importante que haya un plan fiscal a medio plazo con información detallada de cuáles van a ser los recortes en materia de gasto y las subidas de impuestos", advirtió. Recetas de más y más austeridad que conllevan, concedió, la "frustración de la población: "He venido para reconocer todos los esfuerzos de los ciudadanos. Somos todos conscientes en el BCE de que la situación económica y social es muy difícil y que la gente lo está pasando mal". 

Draghi no habló de la posibilidad del rescate a España, porque no quería entrar, dijo, en comentarios sobre "cuestiones estrictamente nacionales". Auguró que en la segunda parte del año se producirá una "recuperación lenta y modesta" de la zona euro y una mejora de los flujos de crédito. Un paso ya ganado, aseguró, era la actual "relajación gradual de las condiciones de financiación" de España. 

Denuncia también de los periodistas

Tras la comparecencia breve y conjunta de Draghi y Posada –20 minutos en total–, salieron en tromba todos los portavoces parlamentarios. Las quejas por el formato se redoblaron y se condenó asimismo el contenido inane de la intervención de Draghi. Apenas se había producido debate, dijeron, ya que a la exposición inicial siguieron las palabras de los grupos por espacio de cinco minutos cada uno y la respuesta final y conjunta del jefe del Eurobanco. Hasta el más prudente en sus críticas, Josep Sánchez Llibre (CiU), deploró que no se resolvieran las dudas de los diputados. 

Nunca antes se había impuesto tal veto a las comunicaciones. Las comisiones de secretos oficiales y las del estatuto del diputado son secretas, pero no se colocan inhibidores que, impiden, además, el trabajo de periodistas y demás personal de la Cámara. Máxime cuando no había información nueva y el estilo de la comparecencia, recordó el socialista Valeriano Gómez, es semejante a otras intervenciones del presidente del Banco de España o del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). "No hemos sacado nada nuevo en esta comisión porque Draghi no ha dicho nada que nos sorprendiera. Ha validado el discurso de la troika", reprendió Garzón. "Ha venido a decirnos toda la situación de España como si él viniera de Marte y no fuera responsable en absoluto de todo lo que está pasando".  

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Todos los grupos expresaron su malestar por el formato elegido. Es un "Parlamento 0.0", ironizó Rafa Larreina, de Amaiur. Con un agravante no menos significativo: que un bloqueo como el vivido hoy por el Congreso sólo contribuye a "distanciar" más a la ciudadanía respecto de sus instituciones, como señaló Pedro Quevedo, de Coalición Canaria. 

Generalizada fue también la crítica de los grupos a la obsesión del BCE por contener la inflación, en lugar de por proyectar medidas de estímulo, como sí hacen la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco de Inglaterra. Casi fue el único punto, dijeron los portavoces, que Draghi contestó: ese es el mandato que los políticos dieron al Eurobanco, y sólo los políticos pueden cambiarlo. 

Las quejas que ya están preparando varios grupos contra el presidente y la Mesa del Congreso no serán las únicas. Mañana miércoles, la Junta Directiva de la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) discutirá qué medidas tomar ante la "proliferación" de declaraciones de políticos sin preguntas. 

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