Yihadismo

Los datos rebaten la idea de que el yihadismo se ceba con Europa: el 0,4% de los atentados en 2018 fueron en la UE

Flores, velas y mensajes en el lugar donde falleció una de las víctimas en el atentado en Estrasburgo.

Ni siquiera uno de cada cien atentados  terroristas de los yihadistas se perpetran en territorio europeo, para ser exactos el 0,4% en todo el año 2018. En 2017 fue el 1%. El año pasado hubo un total de 1.519 acciones yihadistas en todo el mundo, y a pesar de que los atentados que se producen en países de la Unión Europea centran la atención mediática, los grandes afectados son países de mayoría musulmana. Afganistán e Irak fueron los que mayor número de atentados sufrieron, según los datos recogidos por el Observatorio Internacional de Estudios de Terrorismo. Estos dos países, en los que actúan grupos terroristas como los talibanes, Dáesh o Al Qaeda, reúnen casi el 50% de todos los ataques en el mundo. Con números similares en cantidad de atentados les siguen Somalia y Siria.

Del total de atentados yihadistas en 2018, tan solo seis fueron en terreno europeo y ocurrieron en Francia, con cuatro atentados, Bélgica y Holanda. La última de estas acciones fue también la más mortífera y tuvo lugar en Estrasburgo en el mes de diciembre con un saldo de cinco víctimas civiles. Las víctimas europeas fueron un total de 16: 10 civiles, tres policías, y tres terroristas. 16 personas sobre 10.000 víctimas en todo el mundo: un 0.16%. Estos números se encuentran muy lejos de la acción terrorista más sangrienta  en 2018.

Esta tuvo lugar en marzo en Pakistán en la ciudad de Baluchistán al oeste del país, cercana a su frontera con Afganistán. El saldo de víctimas fue de 150 personas fallecidas, 149 de ellas civiles. El modus operandi de este atentado fue el del terrorista suicida, que hizo estallar varias bombas durante un mitin político de la formación regional Partido Nacionalista Awami en un mercado.

En la lista de las acciones yihadistas más sangunarias le sigue un ataque a la ciudad de Ghazni en Afganistán, durante el mes de agosto, con un saldo de 130 personas muertas, de las que 100 eran miembros de las Fuerzas de Seguridad. Fue una acción sorpresa llevada a cabo por los talibanes en un intento de toma de esta ciudad que tuvo como consecuencia varios días de luchas. Por último, de nuevo con más de un centenar de fallecidos, tuvo lugar un gran atentado en Nigeria, en este caso en Borno, con 118 soldados muertos a manos del grupo terrorista Boko Haram. Estos datos son confirmados por Carlos Igualada, que explica que el número de víctimas en atentados de este calado en ocasiones varía dependiendo de las fuentes.

El total de víctimas de este tipo de terrorismo el pasado año es de más de 10.000 personas en todo el mundo y la mortalidad media de los ataques fue de 6,5 personas, a pesar de que los atentados frustrados o que no se cobran víctimas no son contabilizados en esta lista. Los datos provienen de la publicación del Observatorio Internacional de Estudios de Terrorismo, que mes a mes hace un recuento de los ataques en todo el mundo. En esta lista no aparecen, sin embargo, aquellas acciones de los mismos grupos terroristas como el saqueo, el incendio de aldeas o el secuestro de menores, en especial de niñas, en algunas zonas de África. “Tenemos en cuenta estas acciones en el análisis pero no los contabilizamos como caso de estudio. Es imposible abarcar todas las acciones de estos grupos y nos limitamos a contabilizar los ataques con víctimas mortales como ‘ataques terroristas’” aclara, Carlos Igualada, analista del Observatorio.

La amenaza no desaparece

En comparación con los datos de 2017, se observa que el año pasado el número de atentados terroristas aumentó en un 9% en todo el mundo, aunque no el número de víctimas, que se redujo en un 15%.

Además, en Europa se observa un claro descenso de la actividad. Los atentados el año pasado fueron en todos los casos perpetrados por lobos solitarios que decidieron actuar por su cuenta, a pesar de haber jurado lealtad a alguno de los grupos terroristas, tales como Dàesh. Que el impacto de la amenaza terrorista en Occidente en su conjunto haya sido mínimo en 2018 no quiere decir que se encuentre a salvo de la amenaza.

Jesús Núñez, Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), considera que “en la estrategia que tienen los grupos terroristas se incluye como objetivo a los europeos y esa amenaza no ha desaparecido, sigue estando y seguirá estando en el futuro”. Por su parte Chema Gil, codirector del Observatorio Internacional de Seguridad Nacional, considera que “extraer una conclusión positiva de estos datos es un análisis muy superficial y para nada realista”. Y poco después añade que “estos datos pueden darse la vuelta con un atentado mañana que se cobre un gran número de víctimas”.

El experto en seguridad considera que el descenso de ataques en Europa se puede deber a las acciones policiales y a los altos estados de alerta en los que se siguen encontrando gran parte de los países europeos, entre ellos España, que tienen un nivel 4 sobre 5 en la actualidad. Afirma también que “la mayor eficacia policial y la de los sistemas de análisis de información han ayudado a abortar ataques que estaban siendo tramados y a detener a muchísimas personas acusadas de proselitismo o de estar organizando ataques concretos”. El Observatorio Internacional de Seguridad Nacional participa, además, en un proyecto de vigilancia de los individuos que “vuelven de sus países ideologizados, radicalizados y determinados a actuar”.

Invisibilidad de los ataques

Los datos proporcionados por el Obeervatorio Internacional del Terrorismo, así como el informe de START (National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorist), demuestran que las víctimas por el terrorismo yihadista son los propios musulmanes. El número de ataques mensuales ronda en esos países siempre el centenar. Noviembre fue el mes con mayor número de ataques y víctimas el año pasado, con un total de 163 el número de acciones y 1.167 personas fallecidas.

“Nuestra atención sobre el terrorismo es muy selectiva y no le damos la misma importancia a los fallecidos cuando tienen la piel más oscura, o cuando se llaman Mohamed en lugar de Smith”, apunta Chema Gil, para el que gran parte del problema sigue estando en los medios de comunicación. “La cobertura de los medios es simplista y cortoplacista, las respuestas de estos ataques no se pueden dar al día siguiente, requieren análisis de alcance”.  Para Jesús Núñez, los medios de comunicación tratan estos temas desde un ángulo sensacionalista que busca ante todo el auge de la audiencia.

El tratamiento de los gobernantes sobre estos temas es otro de los palos de la baraja. Para el codirector de IECAH, “los gobernantes o políticos utilizan el frágil equilibrio en el que vivimos en democracia, que se encuentra entre la libertad de los ciudadanos y su seguridad. Por eso utilizan el espantajo del terrorismo para generar una atmósfera de alarma y poder, bajo la justificación de la seguridad ciudadana, recortar sus derechos y libertades”.

El objetivo último de estos grupos es imponer su forma de contemplar la fe es por eso, tal y como aclara Chema Gil, “los que más lo sufren son a los que ellos consideran ‘traidores’ por no observar la fe de la forma que ellos quieren imponer, que son otros musulmanes”.

Análisis pausado y cambios sociales son parte de la solución

Para que el tratamiento fuese más ajustado a la realidad deben darse muchos pasos, todos ellos significativos. Para Jesús Núñez, los medios deberían “hacer un uso responsable de la información para crear un saludable clima de opinión, pero sin caer en el alarmismo fácil”. Un análisis pausado y llegando a las raíces de las causas y consecuencias es lo que recomienda el codirector del Observatorio Internacional de Seguridad Nacional, que vayan más allá de “los tiempos de la administración política que son solo de cuatro años”.

Para Gil nuestra corta mirada ha olvidado ya que los terroristas que atacaron en Barcelona hace solo un año y medio eran muchachos criados o nacidos en España que se radicalizaron desde nuestro país a través de redes sociales. Para él la gran pregunta sigue siendo “¿cómo llegaron esos chicos de 15 años de Ripoll, que se han criado aquí, a querer matar a cientos de personas en un atentado aquí?”. Las soluciones no son sencillas, en eso coinciden todos los expertos o analistas, sin embargo, esta radicalización de individuos con nacionalidades europeas no deja de sorprender.

“Los gobernantes, por su parte, deberían atender a las cuestiones políticas, sociales y culturales que están haciendo que personas se sientan desplazadas en nuestra sociedad. No son medidas fáciles. Serían años de corregir políticas que han enfocado el terrorismo siempre desde una perspectiva militarista sin mejorar las circunstancias que lo provocan”, asegura el experto en yihadismo Jesús Núñez.

Chema Gil, por su parte, hace rápido una aclaración significativa al hablar de estos individuos “siendo los mismo países y personas musulmanas las que más sufren estos ataques no se puede nunca igualar a un musulmán con un terrorista. Intentar tan siquiera mencionar que ambas cosas son la misma es inmoral e injusto y sería un error estratégico de mucho calado”.

Europa nunca ha sido el principal objetivo

Desde el Observatorio advierten de que “la metodología de su investigación tiene como base la búsqueda y el análisis de fuentes abiertas, siendo éstas esencialmente noticias de prensa nacionales e internacionales, informes de instituciones gubernamentales, ONG que trabajan sobre el terreno y comunicados emitidos por los propios grupos terroristas”. Asimismo, avisan de que algunos de estos ataques están “sin confirmar” en su autoría cuando nadie relacionado con las organizaciones los reclama como propios. A pesar de estas cautelas, en las listas de ataques se contabilizan más de una decena de grupos o subgrupos que perpetran o llaman a la acción de cometer este tipo de ataques. Los más conocidos y letales son los talibanes que actúan en la zona de Afganistán y Pakistán; y en estos mismos países el grupo Wilayat Khroasan, nombre con el que se identifica a las facciones de Dàesh en esa zona.

Ciertas áreas de África se encuentran también muy castigadas por el azote del yihadismo. En la zona del Sahel existen varios grupos y subgrupos de esta ideología, muchos de ellos amparados por Al Qaeda o el Dàesh. Además, en las inmediaciones del lago Chad, se encuentra el grupo terrorista nigeriano Boko Haram que recientemente se ha dividido creando además la facción de ISWA, las siglas en inglés de Estado Islámico del oeste de África. Por otra parte, se ha incrementado la actividad en la zona del Cuerno de África del grupo somalí al Shabaab.

Al analizar los datos del año 2018, Carlos Igualada asegura que “el hecho de que el terrorismo yihadista haya dejado de ser centro de atención tras la caída del califato y la escasa relevancia mediática que reciben los atentados cometidos alejados del foco occidental en ningún caso implican que esté debilitándose la amenaza que representan los grupos que siguen esta ideología para la seguridad mundial. Su expansión hacia nuevos territorios y la aparición de nuevas agrupaciones son una evidencia de todo lo contrario”.

El experto en seguridad, Chema Gil, asegura que “el terrorismo es en sí asimétrico y en su asimetría se encuentra gran parte de su peligrosidad” y que una de las dimensiones de esa asimetría es la relación entre el poder sobre territorios concretos y la violencia de las acciones. “Ahora mismo el objetivo es el mundo entero –asegura–, este fenómeno terrorista es un terrorismo generalizado y global, es el primer tipo de terrorismo que existe en la historia que puede causar víctimas desde Tailandia hasta Francia, en el Sahel o en Filipinas”.

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