La puerta está abierta. Pedro Sánchez ya no descarta adelantar las elecciones. Todo dependerá de si logra aprobar o no el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, cuyo primer paso se dio este martes en el Consejo de Ministros. Pero todo el tablero político está preparado ante la posibilidad de que las urnas se pongan en el primer trimestre del año que viene.
Sánchez podría pasar el gran test de los presupuestos con el debate de las enmiendas a la totalidad a finales de octubre o noviembre. Si la Cámara Baja tumba las cuentas entonces, el jefe del Ejecutivo podría apretar el botón electoral para febrero o marzo. Y las generales, que en teoría deberían ser en julio del año que viene, se celebrarían antes de las autonómicas y municipales de mayo.
Lo que sí ha descartado ya el presidente del Gobierno es convocar un superdomingo electoral que hiciera coincidir las elecciones generales, autonómicas y municipales el mismo día. De esta manera ha escuchado principalmente al PNV, uno de sus grandes socios y un partido que no quiere que el debate nacional contamine esa cita, porque la polarización podría perjudicarle en beneficio de opciones como PSE-EE y EH Bildu.
Las experiencias anteriores
Y si las generales van antes de las municipales, el escenario político cambiará totalmente. Con sus pros y sus contras. Desde que Sánchez es presidente, ha vivido los dos tipos de calendario. En 2019 decidió adelantar las elecciones generales tras rechazar el Congreso su primer proyecto de presupuestos. Las urnas se colocaron en abril, con el PSOE ganando los comicios. Posteriormente, en mayo, se celebraron las europeas, las municipales y las autonómicas, donde el PSOE también se impuso al PP. No obstante, durante la segunda cita todavía no se había conformado el Gobierno central. De hecho, los socialistas y Unidas Podemos no llegaron a un acuerdo y se tuvieron que repetir las elecciones generales en el mes de noviembre.
En cambio, en 2023 las fechas fueron al revés. Primero se celebraron las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo, con el PP pintando de azul casi todo el mapa español y con el PSOE perdiendo autonomías clave como la Comunidad Valenciana, Extremadura, Canarias y Balears. Entonces todo el mundo dio por muerto a Sánchez, que aquella madrugada decidió adelantar las generales al 23 de julio (debían celebrarse en noviembre de ese año). Contra todo pronóstico, el PSOE logró aguantar en las urnas y formar posteriormente un Gobierno de coalición. Precisamente, la negociación entre el PP y Vox en autonomías y ayuntamientos fue esencial para despertar al electorado progresista.
Los presupuestos, un debate también social
¿Cómo puede influir que se celebren antes las generales? Dentro del PSOE hay muchos barones y alcaldes que llevan tiempo pidiendo que las generales se celebren antes para que las autonómicas y municipales no se conviertan, como en el 28M, en una cita para castigar en las urnas a Sánchez. Un argumento que utilizó de manera exitosa el PP para hacerse con la mayoría del poder regional.
La celebración de las generales, si fallan los presupuestos, también serviría al PSOE, como indican varias fuentes socialistas, para retratar los argumentos que se den en el debate de las cuentas públicas, después de que el Gobierno apueste por un proyecto expansivo, cargado de partidas sociales, frente al modelo de recortes que representan el PP y Vox bajo la bandera de la bajada de los impuestos.
El PSOE y los socios de izquierda buscan unos presupuestos centrados en temas sociales y en el beneficio de los ciudadanos en su día a día. Un ejemplo de esa línea lo materializó Sánchez este martes con la aprobación de un decreto en el Consejo de Ministros con una inversión récord en dependencia, que supondrá la inyección de 2.218 millones de euros extra.
La implicación de los territorios
Varias fuentes socialistas reflexionan que, si las elecciones generales son antes que las municipales, toda la estructura del partido se volcará en esa cita porque los alcaldes se la jugarían pocas semanas después. En el PSOE no dan la batalla por perdida y, por eso, muchos creen que será clave que los ediles vayan puerta a puerta buscando el voto ante un resultado que puede ser muy estrecho.
Un dirigente territorial hace este análisis: “Toda la estructura de los territorios se volcará en unas generales, aunque Sánchez sea el gran protagonista. En el 23J se echó encima la campaña con un partido hundido a nivel municipal y autonómico. Incluso los más críticos con Ferraz se moverán a favor de la formación porque luego les toca a ellos y saben que ir con el ánimo hundido a nivel nacional si se pierden las generales, también les perjudicará. Muchos alcaldes también entienden que si en las generales gana un partido, muchos votantes pueden ir detrás de él en sintonía. Como nos pasó a nosotros en 2019”. En este punto, muchos socialistas recuerdan lo que pasó en 2011, cuando la derrota en las municipales de aquel año fue la antesala de la debacle del 20 de noviembre.
No obstante, fuentes del entorno del presidente inciden en que la dinámica de las generales no corresponde a la de las municipales, como se pudo comprobar en 2023. Un ministro señala: “En el 28M muchos cargos del partido culparon a Sánchez de su derrota. ¿Qué pasó luego? Dos meses después el presidente sacó un millón de votos más que en las anteriores generales y logró conservar el Gobierno de coalición”.
El factor internacional
En este juego político también, como dejan caer algunas fuentes consultadas del partido, puede jugar el componente internacional. ¿Por qué? La convocatoria de las elecciones tras el debate presupuestario podría coincidir con la celebración en noviembre de las midterms en Estados Unidos, en las que Donald Trump medirá su grado de desgaste. Este factor podría introducirse en la campaña española con el PSOE poniendo sobre la mesa si España quiere acercarse al modelo del presidente ultra estadounidense que representan PP y Vox.
En muchos territorios prefieren ir por separado a las generales para que no se mezclen asuntos nacionales. Y así tratar de conservar poder municipal o intentar ampliarlo, pensando algunos incluso en que el PSOE pueda empezar una nueva etapa desde esos mimbres si Sánchez no logra conservar el poder. Este es el postulado que defiende, por ejemplo, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page.
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No obstante, este no es un criterio homogéneo. En el PSC hay amplios sectores a los que les gustaría que las municipales y las generales fueran de la mano porque el presidente del Gobierno tiene mucho tirón en Cataluña. “Solo hay que ver cómo le pedían fotos hasta los curas al jefe durante la inauguración de la Sagrada Familia cuando vino el papa. No todo es Madrid”, indica un socialista catalán.
Pero el calendario electoral, como reconocen también las fuentes consultadas, estará marcado también por el frente judicial. A pesar del terremoto que sufre el PSOE por la condena a José Luis Ábalos y la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, , dirigentes del PSOE sostienen que la población está viendo el ataque que está sufriendo Sánchez a través de las decisiones del juez Juan Carlos Peinado contra su esposa, Begoña Gómez. En Ferraz y en Moncloa también creen que muchos votantes progresistas irán a las urnas porque las próximas elecciones van de “democracia o barbarie”.
El botón electoral solo lo tiene en su mano Sánchez.
La puerta está abierta. Pedro Sánchez ya no descarta adelantar las elecciones. Todo dependerá de si logra aprobar o no el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, cuyo primer paso se dio este martes en el Consejo de Ministros. Pero todo el tablero político está preparado ante la posibilidad de que las urnas se pongan en el primer trimestre del año que viene.