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Violencia de género

Feministas reclaman que se represente a las mujeres como "supervivientes" en la lucha contra la violencia machista

El Ayuntamiento de Zaragoza ha optado por homenajear a las víctimas de la violencia machista a través de una escultura que, bajo el mismo nombre de Víctima, representa a una mujer arrodillada, con la cabeza gacha y el rostro entre sus manos. La decisión fue tomada en junio del pasado año, cuando el escultor Fernando Clavo fue elegido ganador del concurso en el que diversas obras compitieron para representar el homenaje. A finales de enero de este año, la escultura ha sido inaugurada bajo un aluvión de críticas por parte de las organizaciones feministas locales.

La estatua aragonesa ha reabierto el debate sobre la representación de la mujer en las campañas institucionales contra la violencia de género. Ni rostros amoratados, ni lágrimas, ni victimización de la mujer. Las feministas apuestan por repensar una imagen que, consideran, debe ir acorde con la evolución de la lucha feminista en defensa de una mujer empoderada y superviviente. 

El riesgo de victimizar

La periodista Montserrax Boix, especialista en cuestiones de género, recalca que la visibilización de la violencia machista es "relativamente reciente". Tras la aprobación de la Ley Integral contra la violencia de género (2004) y la Ley de Igualdad (2007)  "había que hacer algo para que no matasen a las mujeres, que entonces eran las víctimas, porque el debate de la desigualdad como raíz de esta lacra era imposible de plantear en aquellos momentos". Boix sostiene que la forma de "llamar la atención" era mostrar imágenes impactantes que señalaban a la mujer como víctima, y es en ese escenario donde encaja la escultura de Zaragoza, que a su juicio "expresa que nos están matando, pero no es un grito por la igualdad".

La feminista relaciona la inercia de este debate con la entrada del PP en el Gobierno. "Ha habido un paréntesis en los últimos años, se cerraron los fondos y se produjo una falta de reflexión", señala. Como consecuencia, insiste, "las instituciones tiran de una herencia que se quedó atrás hace una década", de forma que se lanzan "una serie de mensajes que no están conectados con la realidad ni con la lectura que abandera el movimiento feminista". 

Diez años después, continúa, las mujeres que han sufrido violencia de género están "en una situación de resistencia, y la representación debe ser distinta". En este sentido, la experta en comunicación y género Pilar López Díez incide en la importancia de la representación visual como herramienta para tumbar mensajes tradicionalmente arraigados en el imaginario colectivo. "La iconografía influye sobre las ideas que la gente tiene del mundo aún más que las palabras, de manera que hay que tener mucho cuidado en elegir aquellas representaciones que no fortalezcan los estereotipos de género: la mujer víctima es uno de ellos", destaca.

Es este rol de "mujer sumisa" el que también critica Justa Montero, miembro de la Asamblea Feminista de Madrid. "El tratamiento de las mujeres como victimizadas, mujeres que no son capaces de formular sus propias necesidades, puede paralizar mucho", critica. Recuerda, asimismo, que la realidad de la mujer que ha sufrido malos tratos "es muy variada, y recurrir permanentemente a la imagen de sufrimiento, y no de la mujer que también actúa y decide salir, resta fuerza y capacidad a la idea de que la mujer puede reaccionar, no solamente sufrir".

Mujer empoderada 

López Díez subraya que "desafiar el estereotipo de la mujer víctima es muy difícil", y en el caso de Zaragoza se agrava con el título de la propia escultura, que "ancla el significado de manera que no podemos escaparnos de él". A su juicio, "desafiar el estereotipo representando a las mujeres supervivientes, con capacidad para redirigir su vida, que han luchado para salir del círculo del maltrato, que son a las que hay que representar, no a las víctimas, requiere una mirada diferente sobre las mujeres por parte del creador o creadora, sin prejuicios y sin estereotipos".

La experta apuesta por una imagen que represente a las mujeres supervivientes, "aquellas que han llorado, pero no lloran ya; que han sufrido, pero ya no tanto; que se han sentido desamparadas, pero ya no; que se han culpado por su situación, pero nunca más lo volverán a hacer". Su representación, concluye, "requiere de talento creativo", algo que es "desafío de las y los artistas".

Con ella concuerda Montserrat Boix, quien considera que "las mujeres, para luchar contra la violencia de género, no pueden estar arrodilladas, sino que tienen que estar en pie y victoriosas". Apuesta, para cumplir este requisito, por "poner sobre la mesa un debate que nunca tendría que haberse ido", y caminar hacia una representación en la que las mujeres "no son víctimas, sino supervivientes".

Las conclusiones de las expertas coinciden: "Sería más positiva la representación de una mujer libre y empoderada", en lugar de aquella imagen que refleja "su papel subordinado", señala Laura Nuño, directora del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Justa Montero comparte el rechazo hacia el tratamiento de una "mujer postrada e incapacitada para actuar", e invita a explorar todas las etapas que reflejen el proceso: "La mujer que despierta, la mujer acompañada o la mujer que sale".

La periodista Nuria Varela introduce una alternativa que aborda la otra cara de la moneda. "Cuando hablamos de violencia de género ponemos en el foco a las mujeres víctimas y no a los agresores". En su opinión, resultaría positiva una vuelta de tuerca que incidiese en el cambio de sujeto: "Si queremos erradicar la violencia machista, tenemos que buscar las causas y poner el foco en quien la provoca". Varela critica que únicamente se hable de "las consecuencias de la violencia, pero no de las causas ni de quien la ejerce", y aunque entiende que "el objetivo es que no haya víctimas", sostiene que "es un error poner el foco en la imagen de las mujeres".

En el año 2012, el Ministerio de Sanidad elaboró una campaña en la que mostraba la imagen de un hombre como agresor, y que sin embargo transmitía un mensaje tan polémico como equívoco."Cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre", rezaba el cartel institucional. "No es el camino, porque se ahonda en los estereotipos de masculinidad tradicional, y la idea es romper esos estereotipos para hacer ver que hombres y mujeres son dignos del mismo respeto", juzga Nuria Varela. "En el fondo la violencia de género es fruto de la desigualdad, de la idea de posesión y de sumisión", zanja la periodista, quien apunta a la educación en igualdad como respuesta. En ese camino, coinciden las expertas, el perfil de mujer fuerte que se niega a ser víctima, unido a la imagen del agresor como responsable, resulta imprescindible.

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