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La nueva legislatura

La investidura dispara la crispación y condiciona el debate público

Alberto Núñez Feijóo saluda a sus seguidores a la entrada del Congreso, los mismos que abucheron e increparon a miembros del Gobierno y a los portavoces de los partidos que votaron no a su investidura.

La derrota de Alberto Núñez Feijóo en el Congreso se consumó este viernes en la Carrera de San Jerónimo en medio de una creciente crispación. La tensión entre ambos bandos del hemiciclo es cada vez más elevada. De un lado, la mayoría, los partidarios de la continuidad de Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno y de la aplicación de medidas de gracia que pongan fin a las consecuencias judiciales que todavía pesan sobre los centenares de personas procesadas o amenazadas con multas por su participación en el referéndum ilegal de 2017. Del otro, los que apostaban por hacer presidente a Feijóo y, sobre todo, por sacar a Sánchez de la Moncloa, muy motivados por su oposición a una amnistía que dan por segura y que consideran el prólogo de una inminente ruptura de la unidad de España.

Los ejemplos de tensión se suceden. La durísima reacción del PP, de Vox y de la derecha mediática contra el exalcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente, elegido por el PSOE para dar la réplica el martes a Feijóo en el Congreso, está en origen del altercado protagonizado por un pasajero del AVE que debía llevarle a Madrid. El viajero en cuestión, que hace pocos días fue detenido por agredir y amenazar a policías locales, intentó impedir el paso a Puente mientras le instaba, una y otra vez, teléfono móvil en ristre, a opinar sobre Carles Puigdemont. La policía tuvo que intervenir para que el tren pudiese salir.

Este suceso, lejos de merecer la solidaridad del PP, fue jaleado en redes sociales por Miguel Tellado, vicececretario de Organización del partido y mano derecha de Feijóo. En referencia expresa a quien el PSOE eligió para debatir con su jefe de filas en el debate, Tellado aseguró que los socialistas son “matones de patio de colegio. El nivel de chulería y agresividad de este PSOE es intolerable. Ya no pueden salir a la calle. Por eso Sánchez viaja en Falcon”.

Justificar la violencia

La reacción de Ferraz fue inmediata. El secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, exigió al PP su cese inmediato por “justificar la violencia” contra Puente. “Justificar la violencia y la intimidación es inadmisible en política y en democracia. Si no respetan las instituciones, ¿cómo pretender que no alienten la amenaza y la intimidación? No permitiremos que la violencia forme parte de la política de este país”.

La petición de dimisión de Tellado, un dirigente del PP bien conocido por publicar anotaciones en redes celebrando la crispación, no tuvo eco en el PP. Todo lo contrario de lo ocurrido la víspera en el Ayuntamiento de Madrid, donde el concejal socialista Daniel Viondi renunció a su cargo, a petición del PSOE, después de dar tres cachetes en la cara al alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida, en el transcurso de un pleno.

Tellado, al que le gusta mucho dar publicidad a los grupos de derecha y ultraderecha que se congregan en actos programados por Sánchez para insultarle y abuchearle, no dio su brazo a torcer. Horas más tarde, insistió negando a Puente la condición de “víctima” porque no sufrió, asegura, “una agresión”. Todo se reduce, según él, a que “Puente no sabe encajar la crítica de un ciudadano sobre el apoyo del PSOE a la amnistía. Y provoca un retraso de 20 minutos en un transporte público, exigiendo de malas formas que la policía lo baje del tren (¿abuso de poder?). Mi crítica es contra en el matonismo de este PSOE, retratada en la violencia verbal (Puente) y física (Viondi) que hemos visto esta semana”.

Insultos y abucheos

Lo cierto es que toda la investidura se ha desarrollado con varios cientos de personas congregadas a la puerta del Congreso a las que Feijóo saludó varias veces, pero que sobre todo se dedicaron a insultar y abuchear a miembros del Gobierno, dirigentes socialistas y portavoces de Esquerra, Junts, PNV o EH Bildu, entre otros.

A esta creciente agitación se sumó Vox desde la tribuna del Congreso. Su presidente, Santiago Abascal, pronunció lo que todo el mundo interpretó como una clara amenaza: “La amnistía es un ataque, una agresión de la que el pueblo español tiene el derecho y el deber de defenderse. Y lo hará. Después no vengan ustedes lloriqueando”, advirtió en una intervención durísima plagada de insultos a Sánchez, al que llamó “epítome de la corrupción”, “el presidente más corrupto de la historia de España”, “el más corrompido, el más villano y el más infame”.

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Si quedaba algún margen para el entendimiento entre los dos bloques, la sesión de investidura parece haberlo dinamitado. El portavoz del PNV, Aitor Esteban, cuya formación era la más predispuesta al diálogo, lo dejó claro al responder a Feijóo: “Su soledad es mayor que la de ayer. No podemos darle nuestra confianza porque a día de hoy nos separa un abismo profundo”. Su intervención fue inusualmente tensa, en línea con la de casi todos los portavoces que subieron a la tribuna de oradores.

La exacerbación de los discursos es tal que cada vez son más las voces de la derecha mediática y de espacios ultras que emplazan al rey Felipe VI a incumplir con sus deberes constitucionales y negarse a encargar la investidura a Pedro Sánchez. Se trataría, según los defensores de este golpe de mano, impulsado a partir de la idea de que el rey tiene el deber de garantizar la unidad de España, en supuesto peligro por culpa de Sánchez, de dejar correr el reloj para que se repitan las elecciones generales, tal y como desean el PP y Vox en la esperanza de dar la vuelta al resultado del 23J. Es el caso de la Fundación Foro Libertad y Alternativa, que lidera Alejo Vidal-Quadras, exdirigente del PP y uno de los fundadores de Vox.

Cristina Valido, la diputada de Coalición Canaria que apoyó a Feijóo, pero cuyo grupo se abre a respaldar a Sánchez si el PSOE suscribe sus reivindicaciones, resumió su perplejidad por el nivel de crispación que ha alcanzado la política española y que amenaza con alcanzar cotas más altas en los próximos meses. “¿Se odian ustedes tanto?”, preguntó en su breve intervención casi al final del debate.

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