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El laberinto de ERC, de factor de estabilidad a reactivar una pugna con Junts que creía ganada

De izquierda a derecha, el líder de ERC, Oriol Junqueras; el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; y la diputada de ERC Montserrat Bassa, frente al Congreso.

Esquerra Republicana fue la principal responsable de que se produjera una convocatoria electoral en abril de 2019. Tras tumbar los Presupuestos Generales del gobierno monocolor de Pedro Sánchez, los republicanos arrasaron dos meses después con más de un millón de votos y 15 escaños. Un resultado histórico no solo para ERC —al ganar sus primeras elecciones desde la Segunda República–, sino también para el independentismo, que por primera vez lograba imponerse en unas generales. Una contienda en la que Oriol Junqueras destacó como claro vencedor, al obtener medio millón de votos más que Junts Per Cataluña, que con ocho escaños se dejó 10.000 votos y un acta por el camino respecto a 2016. 

La repetición electoral de ese mismo año no arrebató a ERC su liderazgo en Cataluña, pero sí le hizo retroceder dos puntos en porcentaje de voto —lo que les costó dos escaños — y, con algo más de 860.000 votos, se quedaron con 13 asientos en el Congreso, determinantes para condicionar el Ejecutivo del PSOE y Unidas Podemos. En los últimos cuatro años ERC ha hecho valer ese peso en Madrid a costa de impulsar una estrategia de interlocución con el Gobierno, con la que logró la concesión de los indultos a los dirigentes independentistas condenados, entre ellos el propio Junqueras. Sin embargo, los republicanos también han acusado el desgaste y en las elecciones de julio perdieron más de la mitad de votos y escaños.

La tesis de ERC es que aquellos que confiaron en su formación en 2019 optaron esta vez por el PSC y, en menor medida, por Sumar, al entender que eran opciones más útiles para frenar a PP y Vox. Así lo expresó la secretaria general adjunta y portavoz de ERC, Marta Vilalta, en rueda de prensa tras el 23J, en la que se emplazó a reflexionar sobre los resultados electorales y a hacer "autocrítica". Aunque esa lectura es la que predomina y explica, a su vez, los buenos resultados de los socialistas catalanes, en las bases republicanas también hay quien cree que les ha pasado factura la estrategia de diálogo, llevando a parte de su potencial electorado a la abstención.

Un sector crítico de las bases de ERC, el Col·lectiu Primer d'Octubre, pidió a la dirección replantear la estrategia del partido en un congreso extraordinario tras el 23J. En un comunicado, instaron a abrir una "profunda reflexión" sobre la estrategia de la cúpula y argumentaron que esta no había sido avalada por los votantes, ya que entre municipales y autonómicas la formación se dejó 700.000 votos. "La alternativa a no hacerlo comportaría tener que afrontar un escenario catastrófico para nuestro partido que queremos evitar", advirtieron desde este sector, urgiendo a abordar el cambio de rumbo con un debate sincero y "amplio" sin olvidar su "objetivo principal": la independencia.

Esta presión de fondo se produce en un momento en el que tanto ERC como Junts compiten en igualdad de condiciones —cada formación cuenta con siete escaños en el Congreso— por ser determinantes en la investidura de Sánchez. Desde la formación observan cómo los de Carles Puigdemont ganan enteros y escenarios mediáticos y por ese motivo insisten en que el PSOE cometería un error al dar sus votos por garantizados. De fondo, subyace el temor a que sea Junts quien capitalice un eventual éxito electoral si se logra sacar adelante la ley de amnistía.

ERC no descarta abstenerse en la investidura de Sánchez

Con las elecciones autonómicas siempre presentes y la competición por ser la fuerza hegemónica del independentismo más viva que nunca, ERC ha endurecido el tono públicamente. Así lo dejó ver el president Pere Aragonès en la conmemoración del sexto aniversario del 1 de Octubre: "Que lo tenga claro todo el mundo: la amnistía por sí sola no resuelve el conflicto. La autodeterminación, el referéndum se sitúa en el centro de la resolución del conflicto", afirmó. Unas palabras que se producían poco después de aprobarse la resolución en el Parlament de Cataluña en la que tanto ERC como Junts acordaban no investir a Sánchez si no trabajaba "para hacer efectivas las condiciones de un referéndum".

Es más, a diferencia de Aragonès, Carles Puigdemont no hizo ninguna referencia expresa al referéndum durante el aniversario del 1-0 y llegó a admitir que "las cosas están empezando a cambiar, no lo suficiente pero sí en la buena dirección". Tras volverse una pieza imprescindible para la investidura, Junts ha abandonado las posiciones de máximos y se ha abierto a negociar con Sánchez, dando ya sus frutos con el acuerdo para la mayoría en la Mesa del Congreso y la reforma del reglamento para que se puedan utilizar las lenguas cooficiales.

Los posconvergentes también han dejado claro que no permitirán que Coalición Canaria sea determinante. Lo suyo será un "todo o nada", votarán o no, cerrando así la puerta a una abstención. Una estrategia con la que no coincide ERC. Fuentes de la máxima dirección del partido señalan a infoLibre que sus siete diputados podrían abstenerse si las negociaciones con el PSOE no dan sus frutos, lo que convertiría el voto canario en decisivo. La mayoría sería realmente ajustada para Sánchez, con 172 votos a favor frente a 171 en contra.

Entre esas exigencias además de la amnistía, ERC pide el traspaso de la red de Rodalies, la reforma del modelo de financiación, pendiente desde hace una década, y la continuidad de la Mesa de Diálogo con el objetivo de "asentar las bases" para la "solución política" del conflicto entre Cataluña y España, que debe pasar, a su juicio, "por la autodeterminación". La premisa de los republicanos es que la interlocución tiene que seguir siendo de "gobierno a gobierno", pero no se cierran a explorar alguna fórmula para dar cabida a dirigentes de Junts.

El futuro político de Junqueras y Puidemont

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Los republicanos consideran que Junts ha acabado aceptando su estrategia y reivindican siempre que pueden que fueron ellos y no los posconvergentes los primeros en llegar a la conclusión que era imprescindible negociar para encontrar una salida al conflicto. Ahora, con Puigdemont y Junqueras compitiendo por tener un papel predominante en esas negociaciones, también surge la inevitable pregunta sobre su futuro político.

Si finalmente hay una ley de amnistía, se podría llegar a anular la inhabilitación para ejercer un cargo público que pesa sobre los políticos independentistas del 1-0 ya condenados. Es, al menos, a lo que aspira Junqueras. Sin embargo, en ERC evitan abrir pantallas sobre si el líder de ERC se presentaría en esos futuros comicios autonómicos e insisten que Aragonès es su apuesta.

En Junts no hay, por el momento, ningún perfil claro ya que su secretario general, Jordi Turull, está inhabilitado y la presidenta Laura Borràs, la última candidata de la formación, está condenada a cuatro años y medio de cárcel. ¿Habrá una segunda oportunidad para Puigdemont?

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