Violencia machista

Más allá de La Manada: una radiografía de las agresiones sexuales múltiples

Varios miles de estudiantes se han manifestado en València "contra la justicia machista y vergonzosa sentencia de la Manada".

Hace ahora ocho años un grupo de activistas ponía en marcha la web Feminicidio.net con el objetivo de contabilizar los asesinatos a mujeres por el hecho de serlo, más allá de las cifras oficiales. Algunas de las activistas que trabajan en esta web han impulsado ahora Geoviolencia Sexual, un proyecto que acogerá investigaciones acerca de las agresiones sexuales que sufren las mujeres. El trabajo de las activistas se inicia con un especial, La Manada en el patriarcado, que se divide en diez capítulos. "Esta investigación es analizada desde la mirada de la pornografía hegemónica, la prostitución y la masculinidad, en la era del neoliberalismo sexual, la mercantilización y cosificación de las mujeres, y de la vida", relatan las autoras. El punto de partida es un informe sobre agresiones sexuales múltiples entre 2016 y 2018, cuyas conclusiones conducen "a una necesidad interpretativa, ver más allá de leyes y jueces misóginos".

"La idea surgió hace dos años cuando vemos que un indicador como el de feminicidio o muerte violenta por homicidio o asesinato es muy limitado". Habla Graciela Atencio, una de las coordinadoras del informe e impulsoras del proyecto. "Hay que poner en primer plano la violencia sexual en la lucha contra las violencias machistas", afirma en conversación con este diario. En este sentido, añade, considera que la Ley contra la Violencia de Género de 2004 tiene "un déficit" y es precisamente el de no contemplar la violencia sexual más allá del marco de las relaciones de pareja o expareja. "Vamos a empezar a documentar todas las violencias sexuales" con el objetivo de situarlas "en el centro del marco conceptual de las violencias machistas".

El informe confeccionado por el grupo de mujeres activistas, cuenta Atencio, está planteado "desde la sociedad civil como una alternativa a las cifras oficiales, porque no reflejan la realidad de la violencia sexual". En España, el máximo referente respecto a violencia contra la mujer es la Macroencuesta de 2015 elaborada por la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género, que por primera vez incluyó en el cuestionario preguntas sobre violencia sexual. El resultado que arrojó, recuerdan las activistas en su informe, es que el 7,2% de la población femenina ha sufrido una agresión sexual alguna vez en su vida.

Además, según la Macroencuesta, el 24,2% de las mujeres mayores de 16 años han sufrido violencia física o sexual en el último año a manos de parejas, exparejas o terceros. El 6,6% de aquellas que han tenido pareja, asimismo, han mantenido relaciones forzadas por su compañero sentimental y el 94% de las mujeres que han sufrido agresiones sexuales por alguna pareja las sufrieron más de una vez. 

Por otro lado, el Balance Trimestral de Criminalidad que publica el Ministerio del Interior, indica que en 2018 se produjo un incremento de las agresiones con penetración del 28,4% respecto al mismo trimestre de 2017. El balance, tal y como recuerda el informe, divide los delitos entre agresiones sexuales con penetración y otros delitos contra la libertad e indemnidad sexual. "En 2018 el porcentaje de agresiones sexuales con penetración con respecto al total suponen un pico histórico desde 2016, aunque solo representan el 12,26% de los casos", dicen las investigadores, quienes sin embargo añaden que "las estadísticas oficiales están lejos de medir y dar a conocer datos de todas las formas de violencia sexual, entre ellas las agresiones sexuales múltiples".

"Pedimos que se haga una macroencuesta específica de violencia sexual amplia y que abarque todas violencias sexuales", sostiene Graciela Atencio. El hecho de no tener información, añade, "fabrica mitos, prejuicios, negacionismo y reticencia". Casos como el de La Manada, continúa, son tomados por "mucha gente como un caso aislado", y sin embargo el informe que han elaborado constata que las agresiones sexuales comparten un marco común.

Violación múltiple

El informe recopila un total de 37 casos de agresiones sexuales múltiples que forman parte de una investigación periodística, de modo que el seguimiento es parcial –la gran mayoría de los medios publican las detenciones pero no las sentencias definitivas– y la cifra no representa la totalidad de los casos por la dificultad de acceder a ellos. "No tenemos datos oficiales reales sobre el periodo analizado, ni sabemos cuántos casos más han quedado sin denunciar, ni cuántas víctimas y supervivientes que no denunciaron no pudieron acceder a una atención sanitaria ni psicológica adecuada", advierten las autoras del documento.

El estudio, no obstante, sí permite sacar conclusiones. Una de ellas es que la agresión cometida por La Manada de San Fermín "comparte similitudes con la mayoría de los otros casos" y que se resumen del siguiente modo: "Mujer joven es agredida sexualmente con penetración por un grupo de más de tres hombres, también jóvenes –menores de 30 años tanto víctima como agresores–, que se conocieron en la calle la noche de la agresión, en una fiesta o momento de ocio".

Las agresiones analizadas, insisten, "no se cometieron en un vacío discursivo ni simbólico", sino que "tienen semejanzas y responden a ciertos patrones que se repiten". La principal característica común es que "la inmensa mayoría de los grupos de varones –de dos a diez integrantes–, agreden a una sola mujer". La víctima estaba sola en el 86% de los casos analizados y los agresores eran más de cuatro en el 54% de las ocasiones. Además, en el 62% de los hechos narrados las agresiones fueron con penetración y en doce de los casos los agresores eran desconocidos, mientras que en otros diez fueron conocidos el día de la agresión. La suma de estas dos circunstancias aglutina el 59% de los casos.

Graciela Atencio estima oportuno plantear a través de la Comisión de Justicia que analiza cambios en el Código Penal, o "en una futura ley integran contra la violencia sexual", una agravante específica para la violación en grupo. "Creemos que debería ser tenida en cuenta por el sistema penal" porque ocurre "con frecuencia y existe cierta generalización". Aunque la agravante no frene las agresiones sexuales, es importante "un reconocimiento porque se trata de un delito aberrante", añade.

Es necesario, considera, un "cambio estructural en la manera de trabajar y abordar las violencias machistas en el ámbito de las políticas públicas, no sólo en el sistema de justicia". Para Atencio, debería "existir un centro estadístico donde se documenten todas las violencias machistas juntas, porque al fragmentar no ves la dimensión". En este sentido, estima la activista, los datos deben abarcar denuncias por violencia de género, órdenes de protección, víctimas mortales, agresiones sexistas, acoso en el trabajo o sanciones a empresas que no tengan un cupo de igualdad mínimo, entre otras cuestiones. Se trata de "integrar todos los datos que tengan que ver con las violencias machistas y la desigualdad estructural entre hombres y mujeres", sostiene.

Porno, prostitución y riesgo político

El estudio advierte de las causas que se esconden tras la cultura de la violación. "La pornografía hegemónica se ha convertido en la educación sexual de varias generaciones desde la irrupción de internet" y de hecho, añade, "la edad media a la que empiezan a ver pornografía niños y niñas está entre los once y los trece años". Existe una tipología de pornografía consumida en webs denominada gangbang, "grupos de tres o más hombres que tienen sexo con una sola mujer". En este tipo de relatos pornográficos se exponen imágenes en las que "predominan no sólo la cosificación, sino la violencia explícita y hasta la tortura física que se ejerce mayoritariamente con el cuerpo de las mujeres, transformado el cuerpo en territorio de conquista". 

Graciela Atencio señala, junto a la pornografía, otro indicador: el de la prostitución. El debate, dice, va "más allá de legalizar o abolir". Tiene que ver con "lo que desde la violencia simbólica representa una mujer en situación de prostitución o una mujer en violaciones dentro de la pornografía hegemónica". Apuesta, de esta manera, por tener en cuenta este tipo de indicadores porque "si no lo hacemos el riesgo que tenemos es lo que ha pasado con la repercusión pública sobre la sentencia de La Manada: no hay un reconocimiento de la cosificación de las mujeres y no hay un reconocimiento de que el modelo de cómo actuaron es de manual una copia de la violencia sexual en el porno" y todos esos elementos "a las instituciones se les escapan".

En este sentido, la activista recuerda lo fundamental de incluir educación sexual "desde los tres años hasta la universidad" porque se trata de un "proceso completo para poder hacer frente a la pornografía y a la cosificación de las mujeres mediante el consumo de la prostitución como una forma de ejercer violencia y tortura" contra ellas. 

En el informe, las activistas rechazan que la violación se entienda exclusivamente como representación de "violencia instrumental con un mero fin sexual, porque en ese exhibicionismo histriónico hay un crimen de poder masculino". La cuestión va más allá: "Cumplir con ciertos rituales como el de la violación tumultuaria, un acto masculinista que se remonta a los orígenes del patriarcado, reafirma ese sistema de prestigio". Por este motivo, agregan, "no son crímenes aislados, excepcionales, ni individuales y representan un problema social que va más allá de las relaciones entre los géneros".

Las conclusiones que se desprenden, en este contexto, conducen a "una necesidad interpretativa, ver más allá de leyes y jueces misóginos". Surge, en este escenario, un "riesgo político" que conviene no obviar. El riesgo, afirma Graciela Atencio, se expresa en el no reconocimiento de dichas violencias y en que "de venir a gobernar la ultraderecha, los derechos que hemos conseguido sufran un retroceso mayor". 

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