Pablo Casado no reacciona ante los ataques de Albert Rivera

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Los partidos de la derecha –sin Vox– llegaron este lunes al primer debate electoral de la campaña con una idea en mente: convencer al alto porcentaje de votantes –por encima del 25% según las últimas encuestas– que aún no tienen decidida la papeleta que escogerán el domingo. Pablo Casado (PP) decidió que esa movilización pasaba por bajar el tono, precisamente lo que lleva demandándole meses un sector de su partido. También, por no entrar al trapo de los ataques de un Albert Rivera que peleó duro por erigirse en el líder del bloque de la derecha, algo que hasta ahora le niegan las encuestas.

Ninguno de los sondeos publicados en las últimas semanas dibuja un panorama en el que PP y Cs vayan a poder reunir la mayoría necesaria para gobernar. El PP baja de forma considerable, por debajo de los cien escaños en el grueso de las encuestas. El partido naranja sube algo. Pero no para compensar la sangría de los conservadores. El tercer actor clave es Vox, ausente en estos duelos televisados y que Pedro Sánchez (PSOE) sacó a pasear en varias ocasiones para erosionar a sus rivales.

La idea de Casado, que se había quedado sin ese súperdemandado cara a cara con Pedro Sánchez, era erigirse en el líder de la oposición, en el único que puede llegar a la Moncloa si no lo logra el socialista. No entrar en el cuerpo a cuerpo con el líder de Ciudadanos. La de Rivera, trasladar el mensaje de que él es la única alternativa al bipartidismo. Algo así como que PP y PSOE son lo mismo.  

¿Sin plan B? plan B

El líder de los conservadores dejó claro que o no tenía plan B o que había llegado a TVE con la idea de no pelearse con Riveraplan B pasase lo que pasase. Escuchase de su boca lo que escuchase. Por momentos llegó incluso a parecer que no esperaba la dureza del líder de un partido con el que, en el mejor de los casos, estaría obligado a entenderse tras el 28 de abril. Quedó muy claro cuando, tras haber recibido varios golpes, se quejó: "Ni sus votantes ni los míos entienden estos ataques".

"Usted no es mi adversario", llegó a decirle recordando que estaba manteniendo con él un debate de guante blanco a pesar de que también tenía argumentos para hacerle daño. "Soy más creíble que usted en materia de pactos", le advirtió en alusión al bautizado como pacto del abrazo, el acuerdo que tras las generales de 2015 firmaron PSOE y Cs para la investidura de Pedro Sánchez. Una operación que fracasó.

"No voy a pactar con el PNV, ni con Sánchez ni con los nacionalistas de Cataluña", señaló Casado. En este momento el debate vivía sus minutos finales y Rivera se colgaba otra medalla: sacar al PP los colores por haber pactado en el pasado con los nacionalistas vascos, los mismos que permitieron el triunfo de la moción de censura. "Tiendo la mano al señor Casado, pero sin nacionalistas. Quiero un acuerdo constitucional", diría el jefe del partido naranja.

Las subidas de impuestos de Montoro

Minutos después insistiría: "Le he tendido la mano al señor Casado y no me responde" al tiempo que se erigía en líder de unas eventuales negociaciones entre PP y Cs para formar Gobierno. Este papel, el de líder, ya lo había ensayado en sus primeras intervenciones advirtiendo de que si PP y Cs tenían que llegar a acuerdos en el futuro iba a ser necesario cambiar la política económica de Mariano Rajoy y del que fue su ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Una política económica, que como Rivera se esforzó en recordar, avaló Pablo Casado con su voto como diputado en el Congreso.

Para el sector de los conservadores que ahora manda en el PP recordarles la gestión de Montoro y sus subidas de impuestos es toda una ofensa. Como tampoco les gusta que se les ataque con los escándalos de corrupción que tantos dolores de cabeza han dado al partido y que están en la raíz de la moción de censura de Sánchez contra Rajoy.

El "milagro económico" del PP... "en la cárcel"

Tomando prestada una frase de la ministra socialista María Jesús Montero, Rivera hizo una pregunta retórica al líder del PP. "¿Sabe dónde está el milagro económico del PP? En la cárcel". Como si no lo hubiese escuchado, Casado arrancaría su turno siguiente con un "Queridos españoles" y disparando contra sus rivales ideológicos: "Una vez más, el Estado del bienestar puede estar en riesgo con un Gobierno de izquierda".

La respuesta a todas las menciones a la corrupción del PP por parte de sus compañeros de debate la dejó casi para el final, cuando dijo que presidía el Partido Popular para "pasar página de las cosas que se han podido hacer mal en el pasado" y que él, a diferencia del PSOE, "cuando se investiga a alguien" del PP, es expulsado, no nombrado presidente. Se refería, precisó, a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y el caso Acuamed.

Cuentan en el equipo de Casado que había estado "sereno y constructivo", que había hecho un debate "de presidente" con el que había dejado claro que si alguien podía liderar una alternativa a Sánchez esa persona es él. También destacan que había sido, de los cuatro participantes, el que "más expuso su programa".

Los conservadores creen que, a diferencia de Rivera, su jefe de filas no se había equivocado de adversario. Y subrayan que, como norma general, tiende a no atacar a los partidos a los que pueden estar votando electores que en su día apostaron por el PP.

El programa

A la hora de exponer las ideas fuerza de sus propuestas para los electores, Rivera fue el primero en hablar de autónomos y de familias, banderas electorales de los partidos de la derecha. También fue el primero en poner sobre la mesa la "necesidad" de que el castellano sea la lengua vehicular en las escuelas.

El bloque en el que Casado elevó más el tono, pero no para atacar al presidente de Cs, fue en el que los candidatos introdujeron en el debate la crisis catalana. "Les hemos pillado negociando en Pedralbes", dijo a Sánchez. También recordó las declaraciones de destacados dirigentes socialistas como Miquel Iceta o Teresa Cunillera sobre la independencia y los indultos, respectivamente. "Me parece tremendo que no diga si va a indultar a los presos [los líderes del procés]", dijo en referencia a unos políticos que aún no están condenados. A diferencia de otras ocasiones, el líder del PP obvió a Podemos. Todo estaba estudiado para trasladar la idea de ese cara a cara frustrado.

Para despedir el debate que este martes tendrá un segundo tiempo en Atresmedia, el jefe de los conservadores pidió a los españoles que apuesten por el "valor seguro" del PP –lema de campaña– con el convencimiento de que cuenta con el "mejor programa electoral". Que, a la hora de votar, lo hagan pensando en quién garantizaría unas mejores pensiones o sanidad. "Yo quiero ser el presidente de todos mis compatriotas. Hay que unir esfuerzos", dijo.

Rivera, por su parte, pidió a los votantes que digan "basta" al "silencio cómplice" de Pedro Sánchez.

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El tercer integrante de la foto... ausente

La decisión de la Junta Electoral Central de no permitir la asistencia de Vox al debate evitó que Casado y Rivera coincidieran con Abascal, el otro integrante de la polémica foto de Colón. Y de paso, que Sánchez pudiese alertar, con todos los protagonistas en plató, contra la alianza de las bautizadas como "tres derechas".

No obstante, tanto en el PP como en Ciudadanos no ocultan que si quieren formar un Gobierno alternativo al de Pedro Sánchez habrán de hacerlo, salvo sorpresa mayúscula, sumando los escaños del partido de ultraderecha.

Los partidos de la derecha –sin Vox– llegaron este lunes al primer debate electoral de la campaña con una idea en mente: convencer al alto porcentaje de votantes –por encima del 25% según las últimas encuestas– que aún no tienen decidida la papeleta que escogerán el domingo. Pablo Casado (PP) decidió que esa movilización pasaba por bajar el tono, precisamente lo que lleva demandándole meses un sector de su partido. También, por no entrar al trapo de los ataques de un Albert Rivera que peleó duro por erigirse en el líder del bloque de la derecha, algo que hasta ahora le niegan las encuestas.

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