Paqui Maqueda, la mujer que dio voz a las víctimas en La Macarena: "Un 'viva Queipo' no podía cerrar esta historia"

Paqui Maqueda, en la madrugada del miércoles al jueves, ante la Basílica de La Macarena, tras la exhumación de Queipo de Llano.

"Llevaba una hora dormida cuando me llamó una amiga llorando, serían las doce y cuarto: '¡Que lo están sacando, que lo están sacando!' Y yo: '¿Cómo? ¿Ahora?'", cuenta Paqui Maqueda. Así que se vistió, cogió su coche y desde Triana se plantó en La Macarena. "Yo quería ser testigo. No quería ningún protagonismo. Me senté allí, sin más. Tenía que verlo. No pensaba decir nada".

Pero al final no se calló, porque hubo un aplauso y un "¡viva Queipo!" y ella reaccionó.

Maqueda es la mujer que en la madrugada del miércoles al jueves gritaba, sin que se le quebrase la voz, "¡honor y gloria a las víctimas del franquismo!". Lo hacía mientras de la basílica de La Macarena salía, pasadas las 2, la furgoneta blanca presumiblemente con los restos recién exhumados del general Gonzalo Queipo de Llano, principal responsable militar de la represión en el sur de España tras la sublevación contra la República de 1936. Y luego Maqueda clamaba, nombre tras nombre: "Juan Rodríguez Tirado, Enrique Rodríguez Rodríguez, Juan Rodríguez Rodríguez, Pascual Rodríguez Rodríguez, Francisca Rodríguez Rodríguez". Finalmente, volvía a decir: "Honor y gloria a las víctimas del franquismo. Ayer, hoy, siempre". La periodista de El Periódico de España Isabel Morillo publicó un vídeo del momento.

Hoy a Maqueda, de Carmona (Sevilla), 58 años, referente del movimiento memorialista en Sevilla y miembro de la asociación Nuestra Memoria, descendiente de una familia por parte de madre que sufrió muerte, esclavismo, persecución e incautación por el franquismo, no dejan de llegarle llamadas y mensajes. La felicitan por haber dado voz de las víctimas en una exhumación que parecía diseñada para no dejarles ningún espacio. Ella no quería permitirlo y por eso fue. Ya había avisado de que no quería oscuridad en la exhumación del que se llegó a conocer como "virrey de Sevilla", también como "carnicero de Sevilla". El 24 de octubre, el día que el Gobierno apremió por escrito a la Hermandad de La Macarena para que sacara los restos, infoLibre la llamó para conocer su punto de vista. Entonces expresó una preocupación: que los restos fueran extraídos de forma "clandestina" y "sin transparencia". Y eso es lo que le pareció que iba a ocurrir cuando la llamó su amiga, pasada la medianoche.

¿Por qué era tan importante estar ahí? "Esto se ha orquestado de madrugada, a escondidas. Así no se hacen las cosas. Habrá que dar explicaciones de por qué se ha hecho así. No querían que se viera nada. Y la ciudadanía tiene que saber. Cualquier acto de justicia y reparación tiene que ser público, a la luz del día. ¿Cómo se va a hacer de madrugada? ¡Había que exhumar a Queipo en un acto en el que se nombrara a sus víctimas! De noche a oscuras no se hace justicia. Se hace justicia en actos públicos, con participación de la ciudadanía. Porque esto no afecta a sólo a las víctimas. La gran perdedora fue toda la sociedad, entera, que se quedó rota por los crímenes de Queipo. Esto no se debía hacer así".

Los nombres que gritaba Maqueda eran los de su bisabuelo y los cuatro hijos de este, que son a su vez tres tíos-abuelos y la abuela de Maqueda. El primero en morir fue el bisabuelo, Juan Rodríguez Tirado, tonelero de Izquierda Republicana, fusilado en 1936 en Carmona. Tras su asesinato, le incautaron la casa, que Maqueda sigue llamando "mi casa". Pascual, uno de los hijos de Juan, fue asesinado por los falangistas que lo custodiaban tras una detención en 1939. Otro hermano, Enrique, fue preso esclavo en el Canal del Bajo Guadalquivir. A este lo llegó a conocer Maqueda, cuando era ya "muy mayor". "Se presentaba en la casa de mis padres para que estos le dieran un plato caliente de comida, lo poco en que mis padres, con cinco hijos, le podían ayudar", cuenta Maqueda en al ficha de Enrique en Todos los Nombres. De Francisca, conocida por los suyos como Frasca, "no sabe nadie lo que sufrió", resume Maqueda, su nieta.

Esos fueron los nombres que Maqueda gritó cuando la familia de Queipo aplaudió y se oyó un "¡Viva Queipo!". "Entonces fue cuando rompí a gritar. No lo tenía pensado, de verdad. Pero era lo que tenía que decir: 'Honor y gloria a las víctimas del franquismo'. Me salió del corazón y de la barriga, por la matanza, la diáspora, el robo y el dolor de mi familia", explica Maqueda, hoy satisfecha de haber estado presente y dejado testimonio: "Sabiéndolo [que Queipo iba a ser exhumado], no me podía quedar en casa. Menos mal que fui. Tenía que recordar que cerca de allí hay fosas con miles de muertos. El punto y final no podían ponerlo los Queipo. El punto y final lo ponemos las víctimas. Un aplauso y un 'viva Queipo' no podían cerrar esta historia. No, la cerramos las víctimas. Y en vez de bajar la vista y tirar palante, como hemos hecho los descendientes de sus víctimas, tuvieron que aplaudir. Ese punto y final no lo podía permitir".

Maqueda también fue objeto de un insulto desde un coche de un individuo sin identificar. "Cállate, pedazo de puta", tuvo que oír. "No sé quién fue. Por supuesto, no respondí. El insulto pertenece a quien lo emite. Las víctimas del franquismo nos diferenciamos de estos franquistas en que nosotras no insultamos, preferimos organizarnos, señalar la deuda pendiente del Estado y seguir. Así que nada, palante". Se centra en lo importante, en la "deuda saldada". Con su madre, con problemas de cognición por la edad, no puede compartir la satisfacción de ver salir de la basílica de La Macarena, cuya hermandad tiene más de 16.500 hermanos, los restos enterrados con honores desde 1951 del general Queipo. Sí lo hizo con una tía. Iban a hablar por teléfono, pero al final no pudieron decirse gran cosa: "Terminamos llorando sin hablar". Su hijo, de 23 años, la llamó preocupado a las 2 de la mañana cuando se enteró de lo que ocurría. "Él respeta mil lucha, que es lo importante".

Maqueda dice que "queda lucha". "Le hemos quitado el título de hijo adoptivo, hemos quitado el fajín [de Queipo que llevaba la virgen], hemos quitado las alusiones al golpe fascista del 36 de su tumba y lo hemos conseguido sacar a él y a [el auditor de guerra Francisco] Bohórquez de la basílica. Ahora queda que el cortijo de Gambogaz [en Camas, Sevilla, propiedad de los Queipo] revierta en lo público. No vamos a parar".

Exhumados los restos de los golpistas Queipo de Llano y Bohórquez de la Macarena

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