Galicia

El PP de Feijóo agudiza la consolidación del gallego como la única lengua cooficial que pierde hablantes

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, durante el Día das Letras Galegas.

El pasado miércoles 17 de mayo miles de personas reclamaban en Santiago de Compostela su derecho a vivir en gallego "sin restricciones". Lo hacían en un Día das Letras Galegas marcado por la inquietud ante una realidad en la que el idioma propio "cada vez tiene menos presencia". Se trata de una situación que la oposición y las organizaciones en defensa del gallego llevan años denunciando. Según la encuesta que el Instituto Galego de Estatística (IGE) realiza cada cinco años, el porcentaje de gallegos que utilizan el gallego siempre o con más frecuencia que el castellano ha pasado del 61,2% en 2003, al 56,4% en 2008 y finalmente al 50,9% en 2013. La llegada de Alberto Núñez Feijóo a la Xunta, con la consecuente puesta en marcha de políticas lingüísticas que los expertos califican de "restrictivas", ha puesto en jaque la evolución del idioma.

Las estadísticas autonómicas evidencian un escenario que, en comparación con el catalán y el vasco, sitúan al gallego en una agonía sin paliativos. Según la encuesta de usos lingüísticos de la población del Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat), el 35,6% de catalanes hablaba catalán como lengua habitual en 2008, y el 36,3% en 2013. En cuanto a Euskadi, el 18,8% de vascos empleaban el euskera tanto o más que el castellano en el 2006, el 20% en el año 2011 y finalmente el 20,5% en 2016, tal y como indica la encuesta sociolingüística de la comunidad. El gallego, por tanto, pese a ser el idioma cooficial que más hablantes concentra, es el único que experimenta un retroceso progresivo.

Las mismas estadísticas son igualmente reveladoras a la hora de discernir los motivos de tal descenso. La clave reside en la evidente caída del gallego en la infancia. El 40,33% de los niños de entre cinco y 14 años hablaba gallego siempre o de forma mayoritaria en el año 2003, cifra que pasó al 36,13% en 2008 y que cayó hasta el 25,11% en el 2013. La infancia es, de hecho, el grupo de edad que menos habla gallego, frente a los ciudadanos de más de 65 años, que continúan siendo el colectivo más gallegohablante (el 73,8% lo habla).En 2003 un 17,94% de los niños no sabían hablar gallego, cifra que descendió ligeramente en 2008 con un 16,36%, pero volvió a repuntar peligrosamente en 2013: el 22,7% de los niños de entre cinco y 14 años no saben hablar gallego. Dicho escenario contrasta con lo que ocurre en Euskadi y Cataluña, donde el número de hablantes en el idioma propio registra sus máximos entre la juventud.

“Ninguna imposición lingüística en clase"

La Xunta señaló, el pasado mes de abril, que el gallego goza de "buena salud", aunque con "achaques", y destacó la importancia de la transmisión familiar en la preservación de la lengua. Sin embargo, y "según los datos más recientes, un 42% de padres y madres educan a sus hijos en gallego, pero sólo lo hablan el 25% de niños de entre cinco y 14 años", tal y como señala Xurxo Martínez, sociolingüista y responsable del área de Normalización Lingüística del Ayuntamiento de Redondela (Pontevedra). "Esta disparidad demuestra que la entrada en las escuelas es donde se produce una sustitución", continúa el experto.

La Mesa pola Normalización Lingüística de Galicia señala a la escuela como un "agente de desgallegalización" desde que en el año 2010 el Gobierno de Núñez Feijóo puso en marcha su llamado decreto de plurilingüismo, que en la educación infantil "elimina la garantía de adquisición de la lectoescritura en gallego y hace desaparecer" el uso del idioma propio en los centros "de las zonas castellanohablantes", señala la Mesa. En primaria, Educación Secundaria y Bachiller, establece un máximo del 50% de materias en gallego, y en los centros plurilingües "el objetivo es reducir este máximo al 33%". Finalmente, queda prohibido enseñar en gallego asignaturas como Matemáticas, Tecnología o Física y Química, aunque sí es posible impartir tales materias en idiomas como el inglés. Es, en conjunto, la estrategia impulsada por un presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que presumía de no querer "ninguna imposición lingüística en clase".

Como resultado, según las investigaciones realizadas por la Mesa, el dominio del castellano en los centros infantiles de la comunidad (de tres a seis años) es del 75,8%, mientras que el del gallego es únicamente el 24,2%. La disponibilidad de material escolar en castellano es absoluta, e incluso la opción de emplear herramientas educativas en inglés es del 88%, pero las alternativas materiales en gallego se reducen al 30%.

En el año 2015, los departamentos de Galego-Portugués, Francés y Lingüística, Filoloxía Galega y Filoloxía Galega y Latina de las tres universidades gallegas (A Coruña, Santiago de Compostela y Vigo), elaboraron un comunicado conjunto en el que alertaban de que el gallego "está en riesgo de convertirse en una lengua extranjera en su propia patria", y señalaban explícitamente al decreto del 2010.

"A día de hoy la comunidad con lengua propia oficial que más trabas tiene para el uso del idioma en el ámbito de enseñanza es la gallega", señala Marcos Maceira, presidente de la Mesa pola Normalización Lingüística, en conversación con este diario. "La administración más restrictiva es la gallega, con muchísima diferencia", continúa.

El modelo gallego contrasta con los de sus vecinos catalanes y vascos. El sistema de inmersión lingüística en Cataluña apuesta por el catalán como lengua vehicular. Tal y como señala la Ley de Educación de Cataluña, "el catalán, como lengua propia de Cataluña, es la lengua normalmente utilizada como lengua vehicular y de aprendizaje del sistema educativo", de modo que "las actividades educativas, tanto las orales como las escritas, el material didáctico y los libros de texto, así como las actividades de evaluación de las áreas, materias y módulos del currículo, deben ser normalmente en catalán", aunque en la primera enseñanza los padres del alumnado que haga uso mayoritario del español pueden instar a que sus hijos reciban atención lingüística individualizada. Como resultado, los estudios realizados en Cataluña y en el Estado español demuestran que al terminar la enseñanza obligatoria, los catalanes "tienen un dominio equiparable del catalán y del castellano: están en condiciones de expresarse, tanto oralmente como por escrito, en las dos lenguas oficiales".

En cuanto a Euskadi, el modelo ofrece tres opciones de escolarización: una en la que predomina el castellano como lengua de enseñanza, otra en la que el peso es proporcional, y un último en el que las clases se imparten en euskera, quedando el castellano relegado a su propia asignatura. La primera alternativa es, actualmente, la que más rechazo cosecha entre la población vasca. La escasa demanda ha derivado, de hecho, en que algunos centros no cuenten con ella. La apuesta clara es, por el contrario, el modelo que se inclina por el euskera: el 60% de la población vasca lo prefiere.

Fernando Ramallo, sociolingüista y miembro del Comité de Expertos que vela por el cumplimiento de la Carta Europea de las Lengua Minoritarias, subraya que "el modelo educativo en Cataluña es de inmersión natural, no hay selección de lenguas, sino que todo el mundo se escolariza en catalán con muy pocos problemas por parte de la población". En Euskadi, por su parte, "hay tres modelos donde la mayoría está en el monolingüe en euskera". "No es lo mismo tener unas cuantas asignaturas que tener una escolarización completamente en el idioma propio, para fomentar algo más que las competencias", lo que el experto identifica como el "éxito de Euskadi y Cataluña".

El escritor en lengua gallega y diputado de En Marea, Miguel Anxo Fernán-Vello, entiende que "cualquier idioma es una realidad que debe ser materia de conocimiento inmediato por parte de los niños", de modo que resulta clave la creación de "una base educativa legal que permita conocer el idioma del país [Galicia]". Algo que, a su juicio, "no está sucediendo" porque no está establecida "esa fórmula, y por lo tanto los niños gallegos no tienen el derecho ni el deber de conocer su idioma". Tampoco existe, resuelve el diputado, "la promoción pública de un idioma que en muchos casos todavía es considerado como lengua de segunda en el país". El resultado, sentencia, es que el gallego "es extranjero en su propia tierra".

Fernán-Vello insiste en que "un idioma que sigue siendo hablado por una parte considerable de la sociedad, pero que las instituciones no lo reconocen y no lo utilizan de forma normal, está condenado a ir desapareciendo". Lo que genera, en conjunto, "una atmósfera marcada por una suerte de muerte lenta y que el idioma gallego tenga carácter moribundo".

Retroceso también legislativo

En 1983 se hace realidad la Lei de Normalización Lingüística, que señala, entre otros aspectos, que el gallego es "la lengua propia de Galicia", los topónimos en gallego como única forma oficial, y la lengua gallega como materia de estudio obligatoria en todos los niveles educativos no universitarios.

Más de dos décadas después, en septiembre de 2004, el Parlamento Gallego aprueba por unanimidad el Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega, con más de 400 medidas concretas para favorecer el uso del idioma. Recomienda, en cuanto al ámbito educativo, la impartición de un mínimo de 50% de materias en lengua gallega. En el 2007, la Xunta de Galicia –gobernada entonces por PSOE y BNG– aplica el Plan Xeral a la enseñanza. El Consejo Europeo, en su labor de cumplir con la Carta Europea de las Lengua Minoritarias, valora positivamente los avances logrados pero los considera insuficientes.

Sin embargo, la idea de la imposición defendida por el PP va ganando terreno y se convierte en el eje de su política, que llega a la Xunta tras las elecciones del 2009. "El mensaje de imposición caló en determinados ámbitos, fundamentalmente urbanos pero no sólo, y eso ha hecho que estemos en una situación de resistencia lingüística en vez de normalización", sostiene Xurxo Martínez. En los últimos años, añade, "hay gente que pasó de tener unas actitudes positivas hacia el gallego, a tener una actitudes negativas o cuanto menos absentistas". Se trata de la consecuencia de un mensaje de imposición que "no es otra cosa que un constructo sin base científica ni material, porque los propios datos sociolingüísticos así lo demuestran". En Galicia, agrega, "se llegó a una idea de que el gallego no facilitaba el ascenso social, o que no era una lengua válida para determinados oficios, o que en la universidad había carreras en las que no está bien visto. Todo esto son prejuicios. No hay ninguna lengua que sea inhábil para hablar, ni para educarse, ni para trabajar".

Una vez puesto en marcha el Plan Xeral, en la época del bipartito, "lo que uno se encuentra es que no había conciencia", y enseguida "se pone en marcha una campaña pública de pequeños grupos respaldados por otros grupos mediáticos, y el gallego pasa a ser un motivo de pelea política que dio los resultados del 2009".

Con él coincide Fernán-Vello, quien entiende que la idea de imposición "caló en ciertos ámbitos, donde reina un autoodio". Sin embargo, matiza, "en conjunto el pueblo gallego no atenta contra su idioma, sería algo realmente sorprendente –valora– que un pueblo se niegue a sí mismo y atente contra una de sus máximas señales de identidad". Es el poder político, a su parecer, quien "pretende influir con actitudes activas y pasivas a esa no consideración del gallego, no ver el idioma como una fuente de utilidad, conocimiento, creación y comunicación". Por ello, argumenta, "si los máximos órganos institucionales del país demuestran una indiferencia sobre el gallego, se produce una corriente de indiferencia generalizada".

Es en este escenario donde la premisa de imposición deriva en la idea de "bilingüismo cordial", que volvió a defender Núñez Feijóo el pasado jueves 11 de mayo en el Parlamento. "El problema es que no hay una situación mínima de igualdad que permita eso que anuncian tantas veces" como bilingüismo, entiende Maceira. "Tampoco puedes aspirar a una sociedad que sea completamente normal con una situación donde hay una lengua que va ganando espacio amparándose en la ley, como el español, cuando para el gallego hay cuatro o cinco normas, y no se cumplen". Maceira critica que, a día de hoy, se difunda la idea de que "hay lenguas que sirven para que te desarrolles y otras que sirven para el ámbito privado. Es la idea que se fomenta con ese bilingüismo cordial, que únicamente expresa una relación de desigualdad entre lenguas, que es también una desigualdad entre pueblos”.

Cotidianidad y alternativas

Lo cierto, afirma Maceira, es que "se dan unas circunstancias históricas que afectan al gallego" y que han originado "una serie de prejuicios instalados y fomentados desde el propio Estado, que la mayoría se fueron corrigiendo durante el proceso de autonomía, pero sin salir de la apariencia y del homenaje ritual de la lengua, sin contenido práctico".

También Ramallo alude al contexto histórico de la comunidad. Durante el franquismo, en Euskadi, Cataluña y Galicia "se reaccionó a la presión político-lingüística" de forma muy desigual, y como consecuencia "el pasado moderadamente reciente fue distinto en los territorios. En términos contemporáneos las políticas de Galicia, Cataluña y País Vasco fueron dispares: relevantes en Euskadi, notables en Cataluña y menos rigurosas en clave de emancipación y superación de esa degradación de la que se venía, en Galicia". A su juicio, "no todo es culpa de la política lingüística, pero una adecuada, emancipadora, correctora, tendría otro tipo de consecuencias". Aunque "no resolvería completamente el problema –señala–, no estaríamos en esta situación".

El presidente de la Mesa de Normalización lamenta que "no se actúe nunca para restablecer el idioma en espacios que son básicos". En el ámbito de la administración electrónica, por ejemplo, es "muy difícil" completar un proceso burocrático en gallego: renta, seguridad social… En el ámbito económico, en el consumo, "la presencia del gallego es anecdótica, y aunque teóricamente existe el derecho a utilizar el gallego en cualquier relación que se establezca, en la práctica no se garantiza porque ni los medios ni la información son en gallego".

Xosé González, director del Servicio de Normalización Lingüística del Área Intermunicipal de Vigo, apuesta por políticas de normalización que caminen hacia "una optimización de recursos, que quienes la practican crean en ella, hagan formulaciones prácticas y pedagogía cotidiana". En este sentido, subraya que "la política lingüística y la política cultural no deben centrarse únicamente en la literatura", porque ya no es "el motor fundamental para construir identidad". La lengua gallega, expone, "tiene que encontrar nuevos usos y expresiones, porque si la economía no se galleguiza puede pasar como le pasó al latín: grandes poetas y grandes filósofos, pero no pervivió". Por este motivo, continúa González, el gallego debe "englobar otros elementos dinamizadores propios del siglo en que vivimos, como las nuevas tecnologías y la economía".

Es en ese plano, precisamente, donde Marcos Maceira sitúa las estrategias de normalización que debería ser impartida en la comunidad. "Situar al gallego en todo y para todo, que esté presente", reclama, al tiempo que demanda la "opción de gallego en todos los servicios", porque "hoy en Galicia no se puede abrir una cuenta bancaria en gallego, y no porque no haya demanda, sino porque no hay posibilidad de ningún tipo". Maceira se refiere asimismo al necesario "impulso de la administración, a través de los medios de comunicación de titularidad pública y fomentándolo en la privada. No hay ningún periódico diario que utilice la lengua con cierta normalidad, aunque hay mucha inversión pública". En este planteamiento coincide Xurxo Martínez, quien denuncia que "no se pueden dar subvenciones a medios para el fomento de la lengua gallega, sin que a final de año se haga una relación de cuáles fueron los resultados". 

Impulsar este tipo de políticas, a juicio de los expertos, debe ser una tarea exenta de simbología política. "La defensa del idioma es la defensa de la existencia de Galicia como pueblo, del pueblo gallego", recuerda Maceira. Para Xurxo Martínez, "la normalización lingüística es hacer de una lengua lo normal de una comunidad, y en una comunidad hay gente que puede ser conservadora, progresista, que puede sentirse española, que puede sentirse independentista, puede ser empresaria, trabajadora, jueces, médicos…", porque, a su entender, "la lengua en ningún país normalizado es una cuestión nacional o de clase". Es necesario, sentencia Maceira, "que todas las fuerzas políticas se impliquen en la defensa de la lengua porque también es la necesidad y el elemento básico de bienestar de cada pueblo".

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