moción de censura

El PSOE asume el riesgo de echar a Rajoy mientras Cs calcula hasta dónde llevar su distanciamiento del PP

Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

-La histórica condena del PP por el caso Gürtel, que declara probada una caja B al margen de la contabilidad oficial y la existencia de un “auténtico sistema de corrupción institucional”, removió este jueves la política española y obligó a todos los partidos a tomar posición sobre la viabilidad de que Mariano Rajoy continúe el frente de la Presidencia.

A Pedro Sánchez la noticia de la sentencia le pilló poco después de abandonar los estudios de la Cadena SER. Ya en Ferraz, el líder socialista reunió a sus más próximos para analizar la situación mientras los demás partidos iban tomando posición, la inmensa mayoría a favor de que la presentación de la moción de censura.

 

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, entrevistado en la Cadena SER.

El silencio informativo decretado por los socialistas alimentó inmediatamente todas las hipótesis. De los dirigentes nacionales y barones territoriales sólo la secretaria general navarra, María Chivite, de declarada ascendencia pedrista, se pronunció abiertamente a favor de que Sánchez ordene la presentación de una moción de censura.

A través de su cuenta en Twitter, Chivite reveló que había transmitido a Sánchez que considera “inasumible en un sistema democrático tener al frente del gobierno a un partido condenado por corrupción”. “Necesitamos represtigiar las instituciones, fortalecer la democracia. #Mociondecensura”, escribió en la red social.

En privado, sin embargo, fueron varios los dirigentes que trasladaron a Ferraz la necesidad de examinar todas las opciones, incluida la censura. Por eso Sánchez decidió convocar para este viernes una reunión extraordinaria de su Ejecutiva con un único objetivo: qué respuesta dar a la sentencia de la Gürtel. Y antes de la reunión, el PSOE formalizó ya en el registro del Congreso la moción.

Los que defiendían la necesidad de impulsar la censura argumentaban que es el momento perfecto para asumir riesgos y recuperar la iniciativa política aprovechando que la situación es lo suficientemente grave como para dar un paso de semejante trascendencia.

Unidos Podemos y los grupos independentistas catalanes (PDeCAT y Esquerra) ya han hecho pública su disposición a votar a favor de la iniciativa.

El debate de la moción ofrece además a Pedro Sánchez una oportunidad única de volver al Congreso de los Diputados con un papel protagonista y el rol de alternativa al PP que Albert Rivera trata de disputarle desde comienzos de año. Y pondría a Ciudadanos en el brete de decidir si sigue sirviendo de soporte al PP, ahora que ya ha sido condenado por corrupción, o facilita un cambio de Gobierno.

Claro que no todo eran argumentos a favor. En contra de una moción de censura pesaba, en primer lugar, el desgaste interno y externo que conllevaría recibir el respaldo del independentismo catalán aunque no obligue a los socialistas a prometer ninguna contrapartida (Sánchez ha rechazado en varias ocasiones esta posibilidad). Tanto el PP como seguramente Cs y los aliados mediáticos de la derecha se movilizarán contra el PSOE si Sánchez acepta ser investido con los votos del PDeCAT y Esquerra, por no hablar de los barones más críticos con el nacionalismo catalán, incluida su principal adversaria, la presidenta Susana Díaz.

Algunos tampoco consideran buena idea atraer el foco sobre Sánchez porque puede restar protagonismo a las informaciones sobre corrupción —el caso Zaplana y la Gürtel— que están haciendo tambalear al PP y a la atención que la opinión pública está prestando a la crisis interna abierta en Podemos tras la decisión de sus dos principales dirigentes, Pablo Iglesias e Irene Montero, de comprar una casa por valor de más de 600.000 euros.

No hacer nada, sin embargo, tras la expectación levantada en las últimas horas, también era un problema, en opinión de algunos dirigentes, porque todos los medios y el conjunto de los votantes de izquierdas estaban pendientes este viernes de la decisión.

Del respaldo de Podemos a la ambigüedad de Cs

A diferencia del PSOE, Unidos Podemos, despejó cualquier duda a los pocos minutos de la publicación del fallo judicial. “La democracia no puede soportar delincuentes a los mandos del Gobierno”, escribió Pablo Iglesias en Twitter antes de mostrar su disposición a respaldar una moción de censura que haga presidente a Pedro Sánchez.

 

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.

“El PSOE estuvo dispuesto a presentar una moción de censura contra el PP en Madrid por el caso del máster de Cristina Cifuentes, que es menos grave que la sentencia de hoy, y no se explicaría que si estaban dispuestos en Madrid, no lo estén en el Congreso, donde además podría salir adelante", avisó. “La situación es gravísima”.

La incógnita más importante, con todo, está en el terreno de juego de Ciudadanos, el principal respaldo del PP en el Congreso, sin el cual Mariano Rajoy no habría conseguido sacar adelante sus Presupuestos. Albert Rivera, que desde comienzos de año, y al mismo ritmo en que las encuestas han ido confirmado el creciente apoyo de los votantes a su partido, ha venido escalando sus diferencias con el PP, convocó este jueves a la prensa para anunciar que la sentencia marca “un antes y un después” en la relación entre el Gobierno y Ciudadanos.

El líder naranja anunció que Cs debatirá los escenarios que se abren a partir de ahora en una reunión de su dirección que, si no hay adelanto, no tendrá lugar hasta el 11 de junio. A la espera de ese debate, Rivera se negó a considerar la posibilidad de apoyar una moción de censura —hasta ahora siempre se ha negado a participar en una iniciativa de este tipo, especialmente si cuenta con el respaldo del independentismo catalán— o exigir la dimisión del presidente —como hizo en Murcia y en Madrid— para elegir a un sustituto del mismo partido. Rivera, sin embargo, sí admitió que la situación de Rajoy en más grave que la que provocó las dimisiones del murciano Pedro Antonio Sánchez y la madrileña Cristina Cifuentes.

 

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

El presidente de Cs fue deliberadamente muy ambiguo en su comparecencia ante la prensa. Reconoció la gravedad de la situación y el “punto de inflexión” en la relación con Rajoy, hasta el punto de insistir en que, aunque apenas unas horas antes había salvado el curso político al PP aprobando sus presupuestos, eso no significa que la legislatura esté garantizada. “Esto trastoca todos los planes de la legislatura, de su continuidad y de su estabilidad”, subrayó.

Y puso el foco sobre las leyes pendientes de tramitación en el Congreso, un terreno de juego en el que dejó entrever que Rajoy puede perderles como socios. Si Cs deja de apoyar al PP en la Cámara baja, el Gobierno perderá la posibilidad de seguir bloqueando a través de la Mesa la tramitación de la iniciativas que le resultan más incómodas.

Sin entrar en detalles, Rivera si abrió de hecho la puerta a un acuerdo para una moción de censura con el PSOE que excluya a los independentistas —y posiblemente también a Podemos— al decir que España merece un Gobierno “fuerte y limpio” que proteja a los españoles “del golpe separatista, del populismo y les garantice la estabilidad económica y política”. “Los españoles se merecen estabilidad, pero también limpieza”, concluyó.

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