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Política exterior

El rechazo a Guindos deja en evidencia a Rajoy y certifica el mínimo poder de España en Europa

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, conversa entre risas con su homólogo luxemburgués, Pierre Gramegna, y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, al inicio de la reunión de este lunes.

El portazo que los socios del euro dieron este lunes a Luis de Guindos en su pretensión de liderar el Eurogrupo no hace sino profundizar la escasa cuota de poder que tiene España en las instituciones europeas. Y eso a pesar de que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se implicó a fondo, y de manera personal, en la tarea de intentar situar a un miembro de su Gabinete al frente de la reunión de ministros de Economía y Finanzas del euro. Finalmente, la candidatura del holandés Jeroen Dijsselbloem consiguió la mayoría de los votos, según informó la institución en un comunicado. Y se esfumó para España la posibilidad de ganar representación comunitaria. 

Tras conocerse la decisión, el Gobierno destacó que De Guindos se había quedado a un solo voto de su colega holandés, un apoyo que demuestra que era "un magnífico candidato", y recalcó que España debe tener una mayor presencia en las instituciones europeas, informa Europa Press. La votación, no obstante, fue secreta, en contra de lo que había reclamado España. 

Algunas fuentes comunitarias señalaron que en la primera ronda De Guindos recibió el apoyo de nueve países, frente a los diez de Dijsselbloem. Otras, sin embargo, indicaron que no estaba claro cuál fue el número de apoyos que obtuvo por cada candidato. El nuevo ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos, se inclinó por el aspirante holandés. Y todavía es una incógnita saber qué hizo Alemania, a pesar de que Angela Merkel en los últimos meses había dado por hecho que el voto de su país sería para el candidato español. 

Los supuestos "puestos de importancia" de España

Aunque las opciones del ministro español se complicaron en los últimos meses, hubo un tiempo en que en el PP y en el Gobierno daban por hecho que España ocuparía "puestos de importancia" en Europa. En esa pretensión siempre fue clave el puesto de mando de la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona.  

De hecho, Rajoy utilizó el voto de su partido en la cumbre del PP europeo en la que se eligió el candidato conservador a liderar la Comisión Europea, celebrado a principios de marzo de 2014 en Dublín, como condicionante en su intento por lograr más cuota de poder en las instituciones comunitarias. O, al menos, así se trasladó a la prensa desde su entorno. Entonces, la elección del ministro de Economía como coordinador del Eurogrupo para la zona euro del PPE –nombramiento que fue acordado por la presidencia del PPE y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble– había sido interpretada en la formación que preside Mariano Rajoy como una muestra del respaldo que concitaba la operación De Guindos.

En la cumbre de Dublín los dirigentes conservadores fueron avisados ya en plena votación de que tenían que apostar por el candidato apoyado por Angela Merkel, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, frente al francés Michel Barnier para liderar la candidatura. De hecho, en las fechas previas a esa cita se había barajado incluso la posibilidad –después desechada– de que España presentase a su propio candidato: el entonces secretario de Estado para la Unión Europea, Íñigo Méndez de Vigo, y ahora ministro de Educación.

Según coindieron entonces las fuentes consultadas por infoLibre, las demandas del jefe del Ejecutivo de una comisaría potente, como Comercio o Competencia, que se sumara a una vicepresidencia de la Comisión y la presidencia del Eurogrupo estuvieron sobre la mesa en esas negociaciones. Los nombres estaban más o menos pensados: la comisaría –hay una por cada país miembro– y la vicepresidencia estaban concebidas para el que fue cabeza de lista de los conservadores, Miguel Arias Cañete, y la presidencia del Eurogrupo para el ministro de Economía, Luis de Guindos.

La derecha mediática –con los diarios Abc y La Razón a la cabeza– contribuyó a alentar con sus titulares las aspiraciones del Ejecutivo de Rajoy. "Cañete, Méndez de Vigo y Guindos, la "factura" que se cobrará España", tituló el 25 de marzo de 2014 el diario de Vocento, dando por hecho que España ocuparía "puestos de importancia" en las instituciones europeas como contraprestación a su apoyo al hombre de Merkel para presidir la Comisión Europea. La escenificación de esa supuesta sintonía tuvo lugar en agosto de 2014, cuando la canciller alemana, Angela Merkel, se trasladó a Santiago de Compostela para reunirse con Rajoy. Abc interpretó esta cita como un aval al "aumento del peso político de España en la Unión Europea". 

Desde el verano pasado el Gobierno ha venido manteniendo esa versión, a pesar de que en los últimos meses y semanas el candidato Dijsselbloem fue sumando apoyos, especialmente tras el inicio de la crisis griega. Citando a fuentes de la Moncloa, La Razón publicó en abril de 2015 que Rajoy tenía ya cerrada la designación de De Guindos como presidente del Eurogrupo. "Su designación puede leerse también como un símbolo del apoyo de Europa a las políticas y reformas impulsadas por el Gobierno de Rajoy", podía leerse en el periódico que dirige Francisco Marhuenda. 

La historia reciente de la infrarrepresentación de España 

Pero los citados eran los planes sobre el papel, la realidad ha acabado por ser bien distinta. Ahora, el portazo de este lunes no hace sino certificar una infrarrepresentación en los órganos de Gobierno de la UE que viene de lejos. Que Cañete iba a tener un puesto en la Comisión Europea era algo que no albergaba ningún tipo de duda dado que hay tantos como países integrantes de la UE. Sin embargo, al final el exministro se tuvo que conformar con una cartera sin peso y con un área –Acción por el Clima y Política de Energía– que no tiene rango de vicepresidencia, como se pretendía desde la Moncloa. El extitular de Agricultura está a las órdenes del vicepresidente del ramo, el eslovaco Maroš Šefčovič.

La trayectoria del tercer nombre en liza, Íñigo Méndez de Vigo, tampoco ha acabado como se barajó en su momento. Sonó como portavoz del Grupo Popular Europeo (GPE) en el Parlamento y también como candidato a presidir esta institución. Finalmente los conservadores se tuvieron que resignar con una vicepresidencia del GPE que ocupa el eurodiputado Esteban González Pons. Y el puesto de presidente del Parlamento Europeo recayó en el socialdemócrata alemán Martin Schulz

Rajoy fracasa en su intento de colocar a De Guindos al frente del Eurogrupo

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Por otro lado, a finales de 2012, cuando Mariano Rajoy llevaba ya un año en la Moncloa, España se quedó fuera del Banco Central Europeo. Rajoy apoyó a Antonio Sáinz de Vicuña para relevar a José Manuel González-Páramo, que finalizaba mandato tras ocho años en la cúpula, pero la Comisión apostó por Ives Mersch. Las fuentes conocedoras del proceso subrayaron que el error del Gobierno fue rechazar la candidatura de José Manuel Campa, secretario de Estado con José Luis Rodríguez Zapatero. Este gozaba del visto bueno de Mario Draghi, presidente de la institución. Este episodio llevó a España a estar fuera de la cúpula del BCE por primera vez desde 1999. Hasta mayo de 2018 no habrá ninguna vacante, por lo que no será hasta esta fecha cuando pueda solucionarse este desequilibrio.

Y más allá de estos puestos, Rajoy también ha perdido desde su llegada a la Moncloa todas las oportunidades que se le han presentado de situar a un español en un puesto relevante: relevos en el BCE, en el Comité Económico y Social, en el Defensor del Pueblo y en el Tribunal de Justicia.

Una de las críticas más socorridas de Rajoy, al entonces presidente Zapatero durante la campaña electoral de 2011 fue precisamente que los socialistas habían tirado por tierra la posición de España en el exterior. Sobre todo, en la Unión Europea. Y el actual inquilino de la Moncloa se comprometió a devolver a España al sitio que le corresponde. Sin embargo, casi cuatro años después, este compromiso parece que pasará también a ocupar el cajón de las promesas incumplidas. 

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