El azote del ébola

Reconstrucción de un contagio que los sanitarios ven “evitable”

Llegada a Madrid del religioso infectado por ébola Manuel García Viejo.

Tras casi 48 horas de especulaciones sobre qué pudo ocurrir para que la auxiliar de enfermería Teresa Romero resultara infectada por el virus del Ébola, la propia afectada entró este miércoles en acción. En varias entrevistas concedidas a periódicos y televisiones dejó caer que el fallo pudo estar en el momento de quitarse el traje de protección, si bien no aseguró en ningún momento tener la certeza de que había ocurrido así. 

Germán Ramírez, el jefe de Medicina Interna del Hospital La Paz, dijo después en una comparecencia ante los medios que la técnica sanitaria le había reconocido hasta en tres ocasiones que pudo tocarse la cara con uno de los guantes al retirarse una parte del traje de protección. Aunque la profesional, que está aislada en el Hospital Carlos III no confirmó en ningún momento que esta información fuera correcta, la Administración regional se lanzó a cargar las tintas contra ella. El consejero de Sanidad, Javier Rodríguez, llegó incluso a decir que "pudo haber estado mintiendo" sobre su fiebre al responsable de Salud Laboral de su hospital al que tenía que ir informando de su estado de salud, al igual que tenían que hacerlo el resto de profesionales que atendieron a los religiosos. 

Estas afirmaciones indignaron al colectivo de empleados sanitarios, que dicen no estar dispuestos a consentir que se cargue toda la responsabilidad de un contagio que consideran que se podría haber evitado en un hipotético fallo cometido por la trabajadora. De hecho, apuntan a varios aspectos. Uno de los que consideran como principal es la improvisación en el acondicionamiento de las instalaciones y en la preparación de los profesionales desde el punto de vista práctico y psicológico. Ante el proceso de desmantelamiento que estaba sufriendo el Hospital Carlos III –el Ejecutivo regional aprobó en noviembre de 2012 convertirlo en un hospital de media y larga estancia y que dejara de ser un centro de específico dedicado a enfermedades tropicales e infecciosas– en un primer momento se pensó en hacer de La Paz el centro de referencia para el ébola. Más tarde la Administración sanitaria cambió de opinión y asignó esta tarea al Carlos III aunque con personal de los servicios de Urgencias y Cuidados Intensivos de La Paz. Los profesionales dicen que ni las instalaciones ni ellos estaban preparados. Y ofrecen datos que este diario intentó, sin éxito, contrastar con la Consejería de Sanidad. 

El doctor Daniel Bernabéu, radiólogo de La Paz y presidente del sindicato médico AMYTS, asegura que en la esclusa (la habitación puente que da acceso a la zona de aislamiento y en la que los profesionales se desprenden de los trajes y el material infectado) de la planta sexta del hospital, donde estaban ingresados los religiosos y ahora lo está la técnica sanitaria contagiada, sólo cabe una persona y que no hay el espacio suficiente para deshacerse del traje "con comodidad". "Es un sitio pequeño, incómodo para hacer esa labor. De hecho, el responsable de Salud Laboral tiene que permanecer fuera de la instancia y observar el proceso a través de una ventana tipo ojo de buey. Llegaron incluso a instalarse unos espejos para que la visualización de esta persona fuera mejor", detalla. 

Sobre los trajes que utilizan los profesionales que tratan con pacientes infectados para evitar ser contagiados hay dos puntos a tener en cuenta: su nivel de seguridad y el proceso de retirada, que es bastante complejo. Amelia Batanero, secretaria de la Asociación Madrileña de Enfermería (AME) critica que se utilizaran en todo momento equipos de nivel tres de protección (el máximo es cuatro) y considera que se debería haber utilizado la equipación de máxima seguridad especialmente en la retirada del material infectado tras el fallecimiento del enfermo. Es importante reseñar que en la última fase antes de morir, un enfermo del virus del Ébola experimenta sangrados internos y externos así como otro tipo de secreciones y que al estar en una fase avanzada del contagio, la carga viral en ese es mayor. 

La retirada de los trajes 

El segundo aspecto relevante relativo a los trajes es su retirada, según coinciden todos los profesionales consultados. En un escrito firmado por enfermeros de La Paz fechado el día 7 de agosto (cuando tuvo lugar la repatriación del primer sacerdote) y que pasó por el registro de la Consejería de Sanidad el 8, estos ya advertían de que no conocían cómo manejar los trajes tipo Saturno y que ni los habían visto ni habían podido hacer simulacros con ellos. Y recordaban que, según el artículo 17 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, el empresario debe proporcionar los equipos y "velar por el uso efectivo de los mismos".

"La formación específica sobre cómo ponerse ese material fue muy limitada. Las primeras pruebas se hicieron con unos trajes que luego no fueron los que se utilizaron y al final los compañeros acabaron haciendo pruebas horas antes de entrar en el turno en que les tocaba trabajar", asegura Esther Quiñones, responsable de la sección sindical de CCOO en La Paz. El doctor Bernabéu insiste en la misma idea. "El personal de Médicos Sin Fronteras, que son expertos en este tipo de epidemias, estima en hasta 40 minutos el tiempo que tarda un profesional en desprenderse del traje para que haya el mínimo riesgo de contaminación. Aquí los cursillos duraban en total unos 20 minutos. Los profesionales no estaba entrenados ni familiarizados con un material que genera mucha sensación de asfixia", se queja.

La doctora Victoria Velasco, responsable de Salud Laboral del sindicato médico AMYTS, también cree que faltó entrenamiento. "Ha fallado que no ha habido la práctica suficiente, pues se trata de un material que requiere preparación a conciencia y una observación estricta mientras el profesional se deprende de él. Lo ideal es que hubiera una persona indicando en todo momento que qué movimientos hay que hacer para quitarse el traje y no sabemos si se hizo así. Lo que si nos han trasladado es que la esclusa era muy pequeña", subraya. Además, esta profesional insiste en que tenía que haber habido también una mejor preparación psicológica para que los sanitarios pudieran soportar mejor el hecho de estar recluidos en un traje en el que se pueden alcanzar altas temperaturas y así evitar que tuvieran la tentación de precipitarse a la hora de quitárselos para liberarse de esa sensación de agobio. 

Protocolo detallado

El doctor Bernabéu también considera relevante que en el protocolo de actuación de La Paz en caso de que llegara al hospital un paciente infectado por ébola –algunos sanitarios tuvieron acceso a él de forma extraoficial y sólo se colgó en la intranet del centro en la tarde del martes– no se incluyera un apartado específico sobre cómo debían actuar los auxiliares de enfermería, que son los profesionales que pueden tener un contacto más directo con los fluidos del paciente infectado. "El protocolo debería haber incluido recomendaciones relativas a cada perfil asistencial e información más detallada sobre los espacios. Ahora es cuando los trabajadores sanitarios comienzan a conocer bien la zona", señala. Otras fuentes, sin embargo, aseguran que es habitual que los protocolos ni incluyan distingos por perfil profesional porque se entiende que todas las intervenciones son de máximo riesgo. 

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