Crisis del ébola

Sanidad mantiene bajo vigilancia a un centenar de personas

Personal sanitario del Hospital Carlos III, el centro de referencia para casos de ébola.

El doctor Fernando Rodríguez Artalejo –miembro del comité científico que asesora al comité especial formado por el Gobierno para encauzar la crisis del ébola– dejó claro este lunes en rueda de prensa que, a día de hoy, la técnico de enfermería Teresa Romero, que está aislada desde el pasado lunes, es la única persona que "puede transmitir" el virus en España. Por tanto, dijo, la situación es "de absoluta tranquilidad" desde el punto de vista de la salud pública.

No obstante, las autoridades hacen un seguimiento activo, aunque en diferentes grados, a hasta un centenar de personas que han podido tener algún tipo de contacto con el virus. Entre ellas se encuentran "más de ochenta personas" a las que, según un portavoz autorizado de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, se las considera de "bajo riesgo". Entre ellas hay, según el último protocolo actualizado por el Ministerio de Sanidad, personal sanitario que ha tenido un contacto directo con un caso confirmado (Teresa o el misionero García Viejo), con sus fluidos corporales o con cualquier material potencialmente contaminado aunque lo haya hecho protegido por un traje. Y también otras que han manifestado haber compartido espacios físicos cerrados en los que pueda haber restos biológicos de Teresa. Forman parte de este último grupo, por ejemplo, los pacientes con los que Teresa compartió sala de espera el martes 30 de septiembre, cuando acudió al centro de salud de su barrio, en Alcorcón. 

A todos ellos se les hará una "vigilancia activa supervisada" durante los 21 días posteriores a la última fecha de posible exposición a la infección. Se deben registrar la temperatura dos veces cada 24 horas y se les contacta diariamente para detectar precozmente la presencia de signos o síntomas de enfermedad. Estas personas deben estar localizables a lo largo del periodo de seguimiento. Si presentan fiebre de 37.7ºC  o más deben hacer autoaislamiento en su domicilio y comunicarlo de forma urgente al responsable de su seguimiento. 

Esta fue una de las modificaciones en el protocolo anunciadas el pasado jueves ante una escalada de críticas de los colectivos médicos y enfermeros. Fue la primera ocasión desde el inicio de la crisis en la que, aunque de forma tácita, el departamento de Ana Mato dio a entender que algo no se había hecho bien hasta el momento. Hasta entonces a los profesionales que habían estado en contacto con un paciente infectado sin incidentes se les consideraba de "bajo riesgo" y no estaban sometidos a control. Ellos mismos se tomaban la temperatura y tenían la orden de avisar si  tenían algún tipo de síntoma. Antes de este cambio, a los contactos llamados ocasionales, es decir, los que habían compartido un mismo espacio pero sin tener un contacto físico directo con el contagiaba se les consideraba "sin riesgo" y no requerían seguimiento. 

Aislamiento en el Carlos III

A este grupo de ochenta se suman las 15 personas que están ingresadas en el Hospital Carlos III, aunque ninguna de ellas ha presentado síntomas de haber resultado infectada por el virus. En ese centro hospitalario permanece aislado el marido de Teresa, Javier Limón. También Juan Manuel Parra, el médico de Urgencias del Hospital de Alcorcón que la atendió prácticamente todo el tiempo que estuvo en ese centro sanitario. Durante varias horas, tal y como él mismo relató en una carta enviada a sus superiores, lo hizo sin el equipo de protección adecuado. E incluso el traje de mayor protección le quedaba pequeño, lo que hacía que las muñecas le quedaran al aire. No obstante, no ha presentado síntomas. 

En el Carlos III también está ingresada la médica que atendió a Teresa en el centro de atención primaria de su localidad cuando esta ya tenía 38ºC de fiebre; un facultativo del SUMMA que iba en la ambulancia que la trasladó en la noche del domingo desde su casa hasta el Hospital de Alcorcón; así como dos médicos más (un hombre y una mujer) y cuatro enfermeros (tres mujeres y un hombre). En la misma situación está un celador, una empleada de limpieza del centro de salud de Alcorcón y las tres peluqueras que la atendieron en un centro de estética el pasado 30 de septiembre. Todos ellos están internados en una planta de vigilancia activa para contactos de alto riesgo que la gerencia del centro sanitario tuvo que desalojar para ingresarlos. 

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