Corrupción política

Sergi Castillo: “Valencia fue un imán para los corruptos”

Sergi Castillo: “Valencia fue un imán para los corruptos”

Cien dirigentes del PP imputados por corrupción. Los casos Gürtel, Noós, Brugal, Terra Mítica, Emarsa y tantos otros. Son los símbolos que representan, en palabras del periodista Sergi Castillo, autor de Tierra de saqueo, "la caída del régimen" de corrupción que se instauró en la Comunidad Valenciana. Castillo repasa en las poco más de 500 páginas de su libro la historia de reciente de una comunidad que fue cautivada por un discurso en el que se vendieron "sueños" que, años después, se convirtieron en pesadillas.

PREGUNTA: Hablemos de corrupción. ¿Por qué la trama Gürtel estaba tan enraizada en la Comunidad Valenciana?

Gürtel

RESPUESTA: Valencia fue como un imán para los corruptos y para la gente que había puesto sus ojos en el dinero público, porque tenía unos dirigentes dispuestos a entregar muchas cosas por poder. Camps regaló gran parte de la Administración a cambio de poder, de gente que le podía organizar actos para mejorar y promocionar su imagen. Era una persona muy débil intelectualmente que se dejó cautivar, y la trama mandó a Álvaro Pérez “El Bigotes”, una persona con una gran capacidad de seducción que inmediatamente se ganó la confianza de Camps y se convirtió en una de las personas más poderosas de la Comunidad Valenciana.

P: Y sin embargo, con Camps ya imputado, el PPvolvió a ganar con mayoría absoluta las elecciones autonómicas en 2011. ¿Por qué la sociedad valenciana no ha castigado estos episodios de corrupción?

R: En momentos de bonanza económica la sociedad tuvo cierta permisividad con algunos comportamientos que ahora, en época de crisis, no va a tolerar. Había mucho dinero: las cajas de ahorros valencianas, ahora desaparecidas, eran un pozo sin fondo donde el PP podía utilizar el dinero a su antojo. El PP también construyó una Administración paralela a la oficial: estamos hablando de 100.000 personas colocadas en los diferentes ámbitos de la Administración, en fundaciones, empresas públicas… No sólo ellos: también todos sus familiares y amigos eran un voto cautivo.

Además jugaban con ventaja, con una presunta sobrefinanciación. La información de los contratos se ocultaba, y además prácticamente todos los medios de comunicación dependían de las subvenciones de la Administración pública. La información que salía a la luz era la que el PP vendía, y tenían un discurso imposible de batir: ellos eran los que defendían a los valencianos y cualquiera que los criticase era enemigo del pueblo valenciano. Vendieron sueños, ilusiones, trajeron los grandes proyectos y hasta construyeron un aeropuerto en Castellón. Supieron tocar la fibra sensible de los valencianos y hacernos creer que eramos merecedores de eso y de mucho más. Con el tiempo, hemos descubierto que detrás de ese discurso estaban las grandes tramas de corrupción.

Hubo gente desde la oposición y desde la prensa independiente, limitada en la Comunidad Valenciana, que denunció estas prácticas. Pero parecía que denunciar el tema de la corrupción no vendía: recuerdo que, cuando el PSPV presentó en 2009 una querella contra los empresarios y los políticos que habían participado presuntamente en la financiación ilegal del PP, la misma dirección del PSOE desde Madrid se opuso. No era un discurso amable.

P: ¿Hay una oposición en la Comunidad Valenciana capaz de ganarse la confianza de los ciudadanos?

R: Ha habido gente –por ejemplo Ángel Luna, portavoz socialista, o Mónica Oltra, portavoz de Compromís– que lo ha hecho muy bien, pero ha habido también grandes fallos. A veces la oposición se ha dedicado a sus batallas internas y a luchas cainitas, y esto nos ha hecho perder mucho tiempo. Ahora creo que sí se dan las circunstancias para que la oposición esté cohesionada y anteponga el interés de los ciudadanos al interés personal o de los partidos, porque la situación es muy grave. Lo importante es que el Gobierno autonómico pueda tener una alternativa que los ciudadanos vean como una opción clara, fuerte, y esta necesidad se ha vislumbrado con el cierre de Canal Nou.

P: El cierre de Canal Nou: ¿qué conclusiones pueden extraerse de este episodio?

R: La caída de Canal Nou es un símbolo de la caída del régimen, porque era una de las banderas, un símbolo que el PP exhibía con orgullo: ellos eran los grandes defensores de la identidad valenciana, de los símbolos valencianos, y Canal Nou era uno de ellos. La mayor parte de los directivos, de la gente que daba la cara, era gente colocada por el PP. El cierre del canal me parece un punto de inflexión en toda esta historia, además de un ejemplo. Porque la orden de cierre fue dada por Montoro dentro de la idea que tienen [los dirigentes del PP] de eliminar todo lo público: es un experimento que hace el Gobierno central en la Comunidad Valenciana porque ésta tiene el Gobierno más débil de todos, con un presidente que no pinta nada. La Comunidad Valenciana es una comunidad intervenida, un campo de pruebas para las políticas neoliberales.

P: ¿Cuál es la sensación de la ciudadanía con respecto al cierre?

R: La Comunidad Valenciana está en estado de shock. Estamos viviendo una serie de hechos muy relevantes históricamente: la condena a Carlos Fabra, en pocos días el cierre de Canal Nou… todavía no nos ha dado tiempo a asimilar muchas cosas. Pero sí creo que todos coincidimos en señalar que es un punto de inflexión. De hecho, en la manifestación del sábado en defensa de Canal Nou había banderas de todos los tipos, no era una manifestación de la izquierda o la derecha: era una manifestación del pueblo valenciano en su conjunto.

P: Existiendo este consenso entre los ciudadanos, ¿ha cometido Fabra un suicidio político?

R: Efectivamente. Ni los dirigentes ni los votantes del PP entienden el cierre de RTVV. La gente que más veía Canal Nou era gente de entorno rural, el gran granero de votos del PP, porque [el canal] daba la información más cercana, en su lengua. Hay gente del PP muy dolida, incluso diputados que votaron a favor del cierre sólo por la disciplina de voto. Hay un gran malestar no sólo con el cierre de la tele, sino con el esperpento que ha supuesto su retransmisión en directo, con las fuerzas de seguridad ocupando un edificio público. Ha sido una imagen parecida a la de los tanques saliendo el 23-F en Valencia. Han cerrado Canal Nou tan mal como lo han gestionado.

P: Volviendo a la corrupción, ¿ha supuesto una sorpresa la condena del expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra?

R: Hay opiniones para todos los gustos. Yo soy de los que opina que esta condena ha sido una gran victoria del sistema democrático, porque se ha producido en la Audiencia Provincial de Castellón, en su casa. En dos ocasiones, la Audiencia Provincial trató de archivar el caso, e incluso se descubrió que el presidente de la Audiendia Provincial era amigo íntimo de Carlos Fabra, y éste renunció a participar en el juicio alegando esta amistad. Durante diez años muchos valencianos hemos creído que Fabra nunca jamás iba a sentarse en un banquillo, y es cierto que ha sido absuelto de cohecho y tráfico de influencias, pero la Fiscalía Anticorrupción va a recurrir al Supremo esa decisión y estoy convencido, con la avalancha de indicios que hay –y que incluso la Audiencia Provincial reconoce en su auto– de que va a ser condenado de nuevo y su pena se va a incrementar.

P: ¿Puede esta sentencia ser el detonante de una serie de condenas por corrupción en la Comunidad Valenciana?

R: Como Fabra van a venir muchos más dirigentes de este régimen, que parecía imbatible hace cinco años. En este momento hay cien dirigentes o altos cargos de la Administración del PP imputados por delitos de corrupción. Creo que el recorrido que hemos hecho en estos cinco años ha sido una gran victoria de las instituciones: ha sido lento, pero posible gracias al trabajo de muchos políticos, periodistas, jueces y fiscales valientes que han luchado contra el sistema y lo han vencido.

P: ¿Supondrá la condena a Fabra supondrá un cambio de ciclo?

R: Estoy convencido de que, aunque los cien imputados no entrarán en prisión, va a haber muchos altos dirigentes del PP que van a pasar por la cárcel, y eso va a marcar un antes y un después. El que los mismos políticos del partido vean que va a prisión uno de sus dirigentes va a remover conciencias.

P: Y, si se produce este cambio de mentalidad, ¿provocará que los políticos apliquen medidas de transparencia y contra la corrupción?

R: Yo creo que sí. Estoy convencido de que en cuanto haya condenas a prisión se va a llegar a ese punto de inflexión. La sociedad no está dispuesta a tolerar más comportamientos como, por ejemplo, la firma de 45 diputados en las Cortes para pedir el indulto de un alcalde condenado por corrupción. O se regeneran, o la sociedad los va a regenerar.

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