Sergio Ríos Esgueva es una de las piezas clave dentro de la Kitchen. Al fin y al cabo, de él dependía, en buena medida, el éxito de la supuesta operación parapolicial para robar a Luis Bárcenas información comprometedora que pudiera tener del PP. Como conductor y recadero del extesorero, conocía cada reunión mantenida, cada movimiento de documentación, cada escondite. Era, en palabras de Rosalía Iglesias, esposa del contable, "uno más de la familia". El topo perfecto para una misión que buscaba proteger del caso Gürtel a la formación conservadora. Un PP con el que, precisamente, el chófer había estado estrechamente conectado en el pasado.
Ríos Esgueva, nacido en Ceuta en 1975, aterrizó en casa de los Bárcenas en febrero de 2013. Lo hizo en un momento especialmente turbulento. El diario El País acababa de publicar los papeles del extesorero, que se encontraba ya bajo la lupa judicial, sobre la caja B del PP. Y el partido había retirado al exsenador, según explicó él mismo este lunes en el juicio de Kitchen, el "conductor que le tenía asignado". Es entonces cuando el extesorero descuelga el teléfono y acaba contratando a Ríos, un exmilitar con un pasado también turbulento. Fue, según publican varios medios, portero de un prostíbulo. Y las bases de datos policiales, tal y como consta en un informe de Asuntos Internos, recogen una detención a comienzos de siglo por tenencia de armas.
Su "función principal" era la de conductor, pero también hacía "tareas de carácter administrativo" –desde cobrar cheques a llevar documentación de un sitio a otro–. Un puesto para el que, en definitiva, la familia Bárcenas necesitaba a alguien de "absoluta confianza". El nombre de Ríos se lo facilitó al extesorero una persona de dentro de la formación conservadora. En resumen, un "jefe de Seguridad" del PP recomienda al entonces enemigo público número uno del partido que contrate como "chico para todo" a una persona que "había hecho trabajos" previamente para la formación. Bárcenas no dijo en ningún momento a lo largo del extenso interrogatorio el nombre de ese responsable de Seguridad, un departamento cuyo director era, por aquel entonces y según consta en resoluciones judiciales, el cuñado de Bárcenas.
El informe de la Unidad de Asuntos Internos que dio origen a Kitchen, pieza separada dentro de la macrocausa Tándem, ya hacía alusión a esa conexión laboral del chófer con la formación conservadora. En el mismo se recogían detalles de los papeles relacionados con la supuesta operación parapolicial que habían sido intervenidos en el domicilio del comisario jubilado José Manuel Villarejo, uno de los acusados en este procedimiento. Entre otros, se mencionaba, por ejemplo, un documento denominado "CURRI CHEF SERGIO JAVIER RÍOS ESGUEVA" que, según resaltaba el informe policial, se correspondía con el currículo del conductor y que recogía, dentro del apartado "experiencia laboral", una mención al "servicio de seguridad del Partido Popular".
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La lealtad de Ríos hacia la familia Bárcenas duró apenas unos meses. En el verano de 2013, el chófer ya estaba controlado por la brigada política. Según el relato de la Fiscalía Anticorrupción, hubo un "primer intento infructuoso" de captarle por parte de Enrique García Castaño, entonces comisario jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Comisaría General de Información, la que se encargó de la mayor parte de los seguimientos que se hicieron sobre el entorno del extesorero. Una captación que, finalmente, se produjo con la intermediación del excomisario Andrés Gómez Gordo, que también se sienta en el banquillo de los acusados. Y de la que se encargó el propio Villarejo, según apuntó en las primeras sesiones de juicio el investigador principal de la Kitchen.
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En la causa consta, precisamente, una grabación en la que el comisario retirado reconoce ese papel de captador al empresario Adrián de la Joya y al excomisario José Luis Olivera, que también integra la lista de acusados: "Primero va El Gordo –así llamaban a García Castaño– a captarlo… Oye, tú que has sido milico no sé y no sé cuántos, todo por la patria y no sé qué..., y el otro se asusta y se acojona: no quiero saber nada de usted. El Gordo claro, utiliza la técnica esa que tiene [sic] ellos de captación brusca, que se llama… Ummm, ¿sabes? Yo lo que hago es que digo: A ver este tío dónde está..., este tío ha sido el escolta de Granados, ha sido no sé qué... ¿A quién conoce?..., a éste y a éste... Y a quién tal... Cospedín. Y me voy a Cospedín", se escucha decir a Villarejo.
Cospedín es Gómez Gordo. Y le llamaban así por la estrecha relación que tenía con la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal, que cuando se convirtió en presidenta de Castilla-La Mancha se lo llevó como director general de Documentación y Análisis. Ríos le conocía, recoge Anticorrupción en su escrito, de haber coincidido con él en "eventos" de la Comunidad de Madrid. El exchófer, en concreto, trabajó años atrás para el exconsejero madrileño Francisco Granados. Y Gómez Gordo ocupó también varios puestos vinculados al Ejecutivo regional. Entre octubre de 2007 y octubre de 2009 fue director de Seguridad del fallido Campus de la Justicia. Y durante el año siguiente, ejerció como "personal eventual de confianza" de la Comunidad de Madrid.
En diciembre de 2018, el arrepentido David Marjaliza, uno de los principales imputados en la Operación Púnica, declaró ante el juez que fue Granados quien le pidió que localizara a Ríos porque el comisario José Villarejo lo necesitaba para “interceptar” documentación en poder de Luis Bárcenas. Al parecer, Ríos era amigo del conductor del empresario. Una afirmación que provocó el enfado del abogado del exconsejero madrileño, que lo negó tajantemente.
Sergio Ríos Esgueva es una de las piezas clave dentro de la Kitchen. Al fin y al cabo, de él dependía, en buena medida, el éxito de la supuesta operación parapolicial para robar a Luis Bárcenas información comprometedora que pudiera tener del PP. Como conductor y recadero del extesorero, conocía cada reunión mantenida, cada movimiento de documentación, cada escondite. Era, en palabras de Rosalía Iglesias, esposa del contable, "uno más de la familia". El topo perfecto para una misión que buscaba proteger del caso Gürtel a la formación conservadora. Un PP con el que, precisamente, el chófer había estado estrechamente conectado en el pasado.