Fin del tabú pero casi todo por hacer: la salud mental año y medio después del "¡vete al médico!"

Una mujer sostiene dos pancartas en una marcha con motivo del Día Mundial de la Salud Mental de 2021.

Todo empezó con un grito lanzado por Carmelo Romero (PP) en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. “¡Vete al médico!”, le espetó al diputado de Más País Íñigo Errejón, que desde su escaño hablaba de salud mental, cuyo día mundial se conmemora este lunes. Después vino una especie de #MeToo en el que las redes sociales se llenaron de #YoTambiénVoyAlMédico. A continuación, las cifras: la salud mental llevaba años olvidada y, como mostró Romero, estigmatizada. Por último, la respuesta: un plan nacional, más fondos y más recursos. Pero, ¿ha sido suficiente? Ha pasado un año y medio desde entonces y, como muestran los datos y aseguran los profesionales, más gente pide ayuda, aunque los recursos de los que disponen estén lejos de ser los necesarios.

Era marzo de 2021. Había pasado un año desde el comienzo de la crisis sanitaria del covid y ya se sabía que la enfermedad y las medidas que se tomaron para luchar contra ella habían tenido un efecto muy negativo en la salud mental de los españoles. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) había publicado tan solo un mes antes un barómetro dedicado exclusivamente al asunto. Según reveló, el 9,4% de los españoles se había sentido "decaído, deprimido o sin esperanza" durante "muchos días" en la pandemia, mientras que el 33,3% lo había sentido durante "algunos". El estudio Salud mental y covid-19. Un año de pandemia, elaborado el mismo mes de marzo de 2021 por la Confederación Salud Mental España, por su parte, recogía que el 46% de los españoles manifestó un aumento del malestar psicólogico durante el confinamiento y que un 30% llegó a sufrir ataques de pánico.

Errejón lo quiso poner de relieve en el Congreso. "Si yo digo Diazepam, Valium, Lorazepam, Trankimazin o Lexatin, ¿por qué todos sabemos de lo que estoy hablando?", se preguntó. A partir de entonces comenzó a darse visibilidad al problema y el Gobierno aprobó, en el mes de diciembre, la estrategia de salud mental que sustituía a la última, que fue aprobada en el año 2009. El plan, que tiene vigencia desde este 2022 y hasta 2026 incluye, entre otras cosas, 100 millones de euros de presupuesto y un teléfono de atención al suicidio activo 24 horas al día: el 024.

Esta semana, además, se conoció que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) aprobados por el Gobierno incluyen un aumento del 6,7% en la partida sanitaria, que incluye además una transferencia de 500 millones a las comunidades autónomas para infraestructuras en atención primaria y salud mental.

Todo es positivo, pero aún falta mucho camino por recorrer. "Celebramos todas estas medidas, pero hay que ser más audaz. La salud mental estaba tan olvidada que la dotación económica necesaria es muy grande", señala Nel González, presidente de la Confederación Salud Mental España. "Los recursos que se han asignado por el Gobierno nunca habían existido, y es algo simbólico y un primer peldaño para ir corrigiendo los desajustes que tenemos", añade.

¿A qué se refiere? Principalmente, a la falta de profesionales. En España, según recoge un informe del Defensor del Pueblo publicado en enero de 2020 que incluye el dato facilitado por el Ministerio de Sanidad en 2018, hay seis psicólogos en el sistema público de salud por cada 100.000 habitantes. En Europa, de media, son 18. Por otro lado, según reflejó una Proposición No de Ley presentada por Ciudadanos en el Congreso, tan solo hay 9,69 especialistas en psiquiatría por cada 100.000, lo que sitúa a nuestro país solo por delante de Grecia, Italia y Rumanía en la Unión Europea, y a mucha distancia de países como Francia (20,91), Bélgica (20,06) o Suecia (19,12).

"Los recursos humanos son muy escasos y no llegan a la gente que lo necesita", se queja González, que afirma que, durante este último año y medio, han aumentado considerablemente las visitas al psicólogo y al psiquiatra, algo que corroboran los profesionales que, además, apuntan que son cada vez más los jóvenes los que acuden a consulta. "Hemos visto un aumento de la demanda de salud mental, sobre todo en los jóvenes", afirma la psiquiatra Belén González Callado. "Vienen muchos adolescentes, entre 11 y 15 años, muchos con autolesiones, trastornos o problemas emocionales como depresión, sentimiento de abandono y problemas relacionados con el impacto que tienen las redes sociales", completa el psicólogo Luis Fernando López.

Les avalan los datos. Según un estudio realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de FAD con el apoyo de la Fundación Pfizer, un 24% de los jóvenes españoles dice tener problemas de salud mental con cierta o mucha frecuencia, lo que supone un incremento de más de hasta 18 puntos porcentuales con respecto a los años anteriores (8,6% en 2021 y 6,2% en 2019).

Pero no solo les ha pasado a ellos. Cruz Roja ha registrado un repunte en la demanda al servicio de atención psicológica que pusieron en marcha en 2020. Según sus propios datos, las cifras de llamadas a Cruz Roja Responde este año rondan más los datos pandémicos registrados en 2020 que los de 2021: hasta agosto se ha registrado un 61% más de llamadas que en todo 2021. Además, el teléfono 024 ha atendido desde el pasado 10 de mayo 55.000 llamadas y ha intervenido en 1.000 casos de riesgo de suicidio muy alto o de suicidio en curso, tal y como informó la ministra de Sanidad, Carolina Darias, el pasado miércoles.

¿Por qué ha ocurrido esto? Todos los expertos consultados apuntan a la combinación entre la crisis económica y social derivada de la sanitaria y la ruptura del tabú que provocó el movimiento #YoTambiénVoyAlMédico. "Es evidente que la salud mental ha entrado en el debate público y que hablar de ella ya es como hablar del tiempo que hace. Se ha popularizado y a la gente ya le da menos miedo mostrar angustia o ansiedad", señala Javier Padilla, médico, diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid y autor, junto a Marta Carmona, del libro Malestamos. Cuando estar mal es un problema colectivo (Capitán Swing, 2022).

Las soluciones, ¿colectivas o individuales?

El título de Padilla y Carmona, además, explora otra cuestión que surge en torno al protagonismo que ha alcanzado la salud mental. ¿Estamos combatiendo su deterioro de manera adecuada? Hay voces que apuntan a que no y el libro es un ejemplo de ello. "En términos generales, la respuesta a estos problemas está circunscrita a la terapia y a la atención especializada, sin ahondar en los factores que pueden favorecer a su alivio", explica el médico y diputado.

González Callado se muestra en la misma línea. "Reforzar el sistema sin ir a las causas no es más que poner parches", añade.

Para ambos, las causas están claras. Son, precisamente, esa crisis económica y social que ha derivado de la pandemia y, también, de la guerra en Ucrania. "Si se hubieran controlado el precio de los alquileres, tendríamos a menos jóvenes que sufren angustia; si se hubiera trabajado para garantizar que las madres solteras no van a tener problemas para el cuidado, también se evitarían problemas. Al final, la sensación de angustia está vinculada con políticas concretas", señala Padilla, que apunta a que es imprescindible luchar contra la precariedad para combatir las cifras de ansiedad y depresión que se sufren en España.

Como especificó la Encuesta Nacional de Salud de España de 2017, el 6,7% de la población de España está afectada por la ansiedad, exactamente la misma cifra de personas con depresión. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 9% de la población tiene algún tipo de problema de salud mental y el 25% lo tendrá en algún momento a lo largo de su vida. Y como dicen González Callado y Padilla, las condiciones económicas tienen mucho que ver.

Así, el informe Costes socio-económicos de los riesgos psicosociales realizado por UGT señala que entre el 11% y el 27% de los problemas de salud mental en España se pueden atribuir a las condiciones de trabajo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), ocho de cada diez personas que sufren problemas de salud mental no tienen empleo.

Para diagnosticar precisamente el papel de la precariedad laboral en el deterioro de la salud mental se creó, el pasado mes de abril, la Comisión de expertos en salud mental y precariedad laboral. La puso en marcha el Ministerio de Trabajo tras un acuerdo del PSOE con Más País a cambio del apoyo del partido de Íñigo Errejón a la reforma laboral de Yolanda Díaz y González Callado, que forma parte de ella, afirma que ya están trabajando en un informe que será presentado oficialmente en los próximos meses.

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