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Educación

Ventajas e inconvenientes de dividir en dos ministerios Ciencia y Universidades

Un aula durante una prueba de acceso a la universidad.

La composición del nuevo Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos admite ya pocas sorpresas, después de que la información haya llegado a cuentagotas a lo largo de la semana. Uno de esos nombres que desde un primer momento ha trascendido es el del sociólogo Manuel Castells, que dirigirá el Ministerio de Universidades. Una cartera que no contará con los apellidos de Ciencia e Innovación. ¿Qué consecuencias tiene aislar al Ministerio de Universidades?

Los actores implicados se muestran escépticos ante la nueva organización ministerial. La Conferencia de Rectores de las Universidades (CRUE) apostaba por concentrar en un mismo ministerio ambos extremos, manteniendo la estructura actual. "Estamos convencidos de que un interlocutor dedicado en exclusiva a esos ámbitos garantizaría una mejor coordinación con otros departamentos de cara a la elaboración de cualquier normativa que afecte al Sistema Universitario Español", relatan fuentes de la CRUE a preguntas de infoLibre.

Esta cuestión, la que atañe a la coordinación ministerial, es una de las principales aristas a la que apuntan también los sindicatos. "Va a ser necesaria una labor de coordinación importante", algo que no siempre es sencillo. Así lo entiende Encina González, secretaria de Universidad e Investigación de CCOO, quien tira de experiencias previas: "Cuantos más ministerios se tengan, más difícil es sacar adelante iniciativas", por lo que el sindicato no entiende la nueva dirección como positiva. "La Universidad debe ir con Ciencia e Innovación, también porque la mayor parte de la ciencia y de las figuras investigadoras están en las universidades", agrega.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 2018 el 45,68% de los investigadores en equivalencia a jornada completa se dedicaban a la enseñanza superior, frente al 38,79% que estaba en las empresas, el 15,28% en la Administración Pública y el 0,23% que ostentó el sector Instituciones Privadas Sin Fines de Lucro (IPSFL).

Manuel Ortega, responsable de FeSP-UGT, coincide en que la situación parece complicarse en relación a la pasada legislatura. "Parece un poco más complejo" que entonces, pero también "respecto a la etapa anterior, cuando estaba en el Ministerio de Educación". Sin embargo, rememora el portavoz sindical, "cuando se desgajó para unirse a investigación nos vino bien, porque se fraguó una sola interlocución para resolver juntos determinadas cuestiones". Aunque los sindicatos apuestan por congregar "todo el sistema educativo" –la universidad como una etapa formativa más–, "unirlo a ciencia fue positivo".

Ahora, reflexiona Ortega, nos encontramos ante un cambio de modelo "que está relacionado con las circunstancias especiales del Ejecutivo", pero lo cierto es que "va a ser más difícil coordinar calendarios".

Tampoco desde el sector científico están convencidos del cambio. Para Perla Wahnón, presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), resulta "absolutamente necesario mantener un ministerio propio con mayor peso político y unos objetivos más precisos y ambiciosos". El escenario que se fragua por parte del nuevo Gobierno de coalición "iría en sentido contrario al de los países de nuestro entorno" y complicaría la coordinación también a nivel internacional, especialmente en lo que respecta a la interlocución "con la nueva comisaría europea, que concentra investigación, innovación y educación". Por el contrario, defiende Wahnón, "debemos acordar una política de Estado que dé continuidad a las políticas científicas, desligue la ciencia de los ciclos políticos y garantice un crecimiento mantenido y sostenible de la inversión".

De "error" lo califica igualmente Fidel Rodríguez, secretario general de la Asociación Española para el Avance de la ciencia (AEAC). "Fundamentalmente porque el proceso de educación superior y de generación de conocimiento mediante la ciencia es único" y en esencia "todos los programas de investigación" brotan de las universidades. "A no ser que estén perfectamente coordinados, va a haber disfunciones", vaticina al otro lado del teléfono.

Además, recuerda Rodríguez, unir universidades con innovación ha sido hasta ahora "una forma de fomentar la transferencia de conocimiento y enganche con la sociedad". Retroceder en el sentido opuesto lastraría los avances cosechados. "La cadena de la educación superior fluye mejor cuando es una sola", remata.

Tiempo prudencial

Si bien los sindicatos no ocultan su escepticismo ante la medida, también tratan de expresar cautela. Todavía queda conocer muchos de los detalles que marcarán esta nueva organización ministerial, sostienen, por lo que es importante valorar el escenario con prudencia. Desde la CRUE resaltan que en cualquier caso, con la división, el Ministerio de Ciencia "debería contar también con personas procedentes de la universidad para agilizar la imprescindible comunicación entre ambos departamentos". Y advierten que lo contrario "sería ignorar al 70% del Sistema de Ciencia y Tecnología que representan las universidades".

Aunque es cierto que "podría quedar muy mermado", González sugiere esperar a "ver las competencias" que ostentará la cartera "para ver si es fuerte". También Ortega cree importante esperar a "las primeras reuniones", pero sí cavila sobre los posibles aspectos positivos que se podrían desgranar escarbando en una nueva estructura. "Da la impresión que se quiere afianzar la futura Ley de Universidades", porque la intención de un ministerio específico "podría apuntar" a un mayor esfuerzo en dicho propósito. Por otro lado, relata el sindicalista, "que el titular sea una persona que conoce bien la universidad es una ventaja".

Saturnino Martínez, investigador y profesor de Sociología en la Universidad de la Laguna (ULL), coincide en que un Ministerio de Universidades quedaría "bastante vaciado de competencias", especialmente porque las políticas económicas están transferidas a las comunidades, de manera que "los márgenes de actuación serían débiles". En ese sentido, recuerda Martínez, "no existe una mesa sectorial bien dotada y coordinada" con las comunidades autónomas "donde el ministerio participe", de manera que "no habría esa capacidad de impulsar políticas financieras". Sin embargo, un eventual Ministerio de Universidades "se quedaría con becas, capacidad regulatoria del profesorado y supervisión de títulos universitarios", esferas donde sí caben mejoras. Asimismo, repara, la cartera "se quedaría con la capacidad de hacer una ley orgánica" cuyo desarrollo y adaptación al sistema "llevaría mucho tiempo".

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Entre todos los escenarios resultantes de la segregación ministerial, el docente sí entrevé un elemento claramente positivo: "Se lanza un mensaje de que a la política de universidad se le va a dar una prioridad y una fuerza".

Rodríguez también concede un margen: "Podría haber algún punto de interés que, de momento, no se nos ha explicado", sopesa. Y apunta igualmente a la nueva Ley de Universidades, cuya confección asumiría el nuevo ministerio independiente. La norma, puntualiza, "cuenta con varios puntos sobre la posición frente a los procesos de investigación", de manera que los lazos entre ambas esferas son difíciles de ignorar. "Una universidad que no es investigadora, no es universidad" y de hecho "el pasado" ya ha evidenciado que "la separación ha llevado a que la cadena se debilite o incluso se rompa".

Para evitarlo, Rodríguez cree fundamental "un gran pacto social por la ciencia" que quede suscrito "por los dos ministerios". El miedo de los científicos, añade, tiene que ver con que "los objetivos sean distintos", por lo que apremia a que "ambos ministerios trabajen para hacer de la ciencia un vector de crecimiento".

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