“Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no necesitan ayuda de España ni de nadie más” para cumplir los objetivos de la guerra emprendida contra Irán. La Casa Blanca responde al Gobierno español por el cierre del espacio aéreo a los aviones estadounidenses que participan en ese conflicto y presume sobre sus capacidades, hasta el punto de rechazar que dependa logísticamente de sus aliados para desarrollar sus planes.
La afirmación oculta, sin embargo, la verdadera realidad del despliegue estadounidense en Europa, en Oriente Medio y el Golfo Pérsico, en el noreste de África y el Océano Índico con decenas de bases gestionadas directamente o en colaboración con el país anfitrión y que juegan un papel trascendental en la actual intervención militar.
La mayor de las instalaciones en los países vecinos de Irán se sitúa en Qatar, la base aérea de Al Udeid, sede del Comando Central de los Estados Unidos que ya ha sido objetivo de las represalias con misiles y drones por parte de la República Islámica. Otro de los pequeños estados bañados en petrodólares, Bahrein, alberga el cuartel general la V Flota de la Marina estadounidense y un poco más al sur, en Emiratos Árabes Unidos, tienen su base de operaciones los modernos cazas de combate furtivos F-22, uno de los pilares de la ofensiva. Sin embargo, las numerosas instalaciones militares con las que cuenta por Europa siguen jugando un papel central y sólo España ha ido tan lejos como para, además de impedir su uso, coartar ahora su actividad al negarles el espacio aéreo.
Italia acaba de prohibir a los bombarderos estadounidenses armados para la guerra de Irán operar desde la base aérea de Sicilia porque, según los acuerdos de la década de los 50, su uso es para propósitos logísticos y de entrenamiento, pero no como centro de tránsito desde el que transportar bombas y armamento hacia conflictos bélicos, salvo permiso expreso en situaciones de emergencia que debe aprobar el gobierno trasalpino tras pasar por el Parlamento.
En un efecto dominó semejante al de hace apenas tres semanas, Giorgia Meloni imita parcialmente las decisiones de España. Fue el 11 de marzo cuando la primera ministra protestó delante de su Parlamento porque “Italia está haciendo” lo mismo que España con su acuerdo bilateral con Estados Unidos sobre la utilización de las bases. Roma, como Madrid, rechaza verse arrastrada a la guerra contra Irán pese a la sintonía ideológica de Meloni con Donald Trump.
Italia intenta evitar cualquier tipo de roce diplomático y político con los Estados Unidos como los que vive España, de ahí que su ministro de Defensa, Guido Crosetto, intente minimizar el impacto de la decisión. “Algunos están intentando lanza el mensaje de que Italia ha decidido suspender el uso de las bases por activos estadounidenses”, afirma Crosetto, “es simplemente falso porque las bases siguen activas, en uso y nada ha cambiado”. Al mismo tiempo, el ministro italiano confirma el bloqueo al señalar que su gobierno “continua haciendo lo que todos los gobiernos italianos siempre han hecho en pleno cumplimiento de los compromisos en el Parlamento. Los acuerdos internacionales regulan claramente y distinguen lo que requiere una autorización específica del Gobierno”.
Europa, base logística militar de Estados Unidos
La acción unilateral de los Estados Unidos e Israel contra Irán sin consultar a los socios europeos está detrás de los recelos para permitir el uso de medio centenar de grandes instalaciones, una red de bases aéreas, puertos para barcos de guerra y centros de internamiento en gran parte heredada de la Guerra Fría y luego expandida al este tras la caída del Muro de Berlín. Según los propios datos del Comando Europeo de los Estados Unidos con cuartel general en Stuttgart albergan cerca de 84.000 soldados, tropa de marinería y de las fuerzas aéreas y demás personal.
Alemania, Italia, Reino Unido y España albergan la mayor concentración de militares estadounidenses y la presencia es creciente en Polonia o Rumanía. Hay bases también en Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Irlanda, Hungría, Bulgaria, Malta o Turquía. Las instalaciones son en muchos casos también centros de la OTAN con sistemas de vigilancia centrados en controlar el paso de los estrechos de Gibraltar y Bósforo, la presencia rusa en el Mar Báltico y en la frontera oriental europea o la lucha antiterrorista en Oriente Próximo.
El empleo, igual que en el caso de España e Italia, está regulado por acuerdos bilaterales y en situaciones sensibles exige expresa autorización del país anfitrión. En 1986, cuando el entonces presidente norteamericano Ronald Reagan ordenó ataques aéreos contra Libia, España e Italia negaron los vuelos sobre su territorio y el uso de las instalaciones. El Reino Unido de Margaret Thatcher fue el único país que sí lo autorizó. Las rencillas con los europeos son coyunturales y ya entre 1966 y 1967 las Fuerzas Armadas estadounidenses cerraron sus bases en Francia después de que el presidente galo, Charles de Gaulle, retirase a su país de la estructura de mando conjunta de la OTAN y exigiese la salida de las tropas extranjeras.
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En una decisión similar a la de España, pero con otro actor estatal como sujeto, la Francia del actual Emmanuel Macron acaba de prohibir a Israel el uso de su espacio aéreo para transportar armas estadounidenses que puedan emplearse contra Irán. Es la primera vez que París adopta una decisión similar y la diplomacia francesa aclara, ante las acusaciones de Trump este martes por redes sociales, que el veto no afectaría al resto de vuelos militares de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, que sí deben recibir autorización francesa individualmente para sobrevolar el hexágono.
Reino Unido se mantiene como el gran liado de los Estados Unidos y sigue siendo hoy uno de los centros logísticos y puntas de lanza para esas fuerzas armadas pese a la tensión política evidente con el gobierno de Keir Starmer. Al menos dos docenas de superbombaderos norteamericanos están aterrizando y despegando desde el sur de Inglaterra para participar en los ataques contra Irán, operaciones que el primer ministro británico define sólo como “defensivas y limitadas”.
El otro gran aliado estadounidense en Europa, Alemania, tampoco se plantea aplicar medidas similares a las de España, Italia o Francia aunque el gobierno del canciller Friedich Merz tiene en su mesa desde hace días un informe de los expertos legales del Parlamento Federal que considera que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán viola el derecho internacional y alerta ante posiciones implicaciones legales a Alemania ante el uso de las bases estadounidenses en su territorio.
“Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no necesitan ayuda de España ni de nadie más” para cumplir los objetivos de la guerra emprendida contra Irán. La Casa Blanca responde al Gobierno español por el cierre del espacio aéreo a los aviones estadounidenses que participan en ese conflicto y presume sobre sus capacidades, hasta el punto de rechazar que dependa logísticamente de sus aliados para desarrollar sus planes.