La promesa infinita de la noche de verano

Imagen de una escena de la película 'Victoria'

“La noche les pertenece a las mujeres y los maricas”. Lo dice Théo, uno de los protagonistas de Théo & Hugo: París 5:59. Ellos son los dueños de París como la protagonista de Victoria es dueña de Berlín, al menos hasta que amanezca. Dos películas disponibles en Filmin que forman un perfecto díptico sobre esa promesa infinita que es la noche veraniega.

Las dos empiezan in media res, bajo tierra y al son de música electrónica. Victoria, una joven española que pasa unos meses en la capital alemana, trabajando e intentando vivir, baila en un club subterráneo. Se recoge el pelo en una coleta, acalorada, y se acerca a la barra para tomar un chupito. Está sola, hasta que se cruza con un grupo de chicos algo gamberros pero simpáticos, y se deja llevar. Por su parte, Théo y Hugo se conocen follando en un cuarto oscuro y se gustan tanto que abandonan el local juntos, empezando un intenso idilio que se verá manchado cuando descubran que, embriagados por la pasión y la oscuridad, han tenido sexo sin condón.

Los franceses Olivier Ducastel y Jacques Martineau iluminan el local de alterne con luces monocromáticas; el alemán Sebastian Schipper rueda la figura de la chica a contraluz. Théo, Hugo y Victoria están rodeados de sombras, a punto de salir escaleras arriba de la cueva de Platón (en el caso de Théo & Hugo: París 5:59, antes hay unos 20 minutos de sexo grupal explícito no apto para los espectadores más pudorosos, pues Ducastel y Martineau filman lo que ocurre dentro de un cuarto oscuro, con estilización y cierta idealización, pero sin censura ni recato). 

Aunque la noche de verano parece interminable, muy a nuestro pesar tiene fin, y el tiempo real con su paso inevitable es un elemento omnipresente en ambas películas. Victoria, triunfadora total en los premios Lola del cine alemán de 2015, está rodada en un plano secuencia sin cortes que sigue en todo momento a la española Laia Costa, protagonista absoluta que se convirtió en la primera actriz no alemana en ganar el galardón principal de interpretación femenina. Théo & Hugo: París 5:59 cuenta la historia mostrando en pantalla el paso de las horas cada vez que sus protagonistas miran el reloj de sus móviles. 

Los personajes son veinteañeros que se comportan como niños traviesos, quemando el dinero conforme cae en sus manos y jugueteando con la libertad de esas noches veraniegas en la gran urbe. Mientras deambulan en la ciudad solitaria, ya sea en bici, andando o corriendo junto al Sena, las calles vacías parecen más grandes de lo que son. Berlín tiene las anchas aceras y los edificios bajos, las azoteas y los grandes patios interiores, la rudeza y el peso de la historia; París la luz, los pequeños áticos con ventanas a los tejados, la belleza arrolladora. “Me gusta París. Es grande. Es anónima. A uno le va mejor en los lugares anónimos”, les dice una desconocida a los dos chicos en el metro. Nada más liberador que no ser nadie, literalmente en el caso de Victoria, que al final de la noche podrá escapar de la justicia porque nadie la conoce.

Las dos películas son subversivas. Cuando uno ve a la pequeña y frágil Victoria pasear junto a cuatro hombres desconocidos en una ciudad ajena no puede evitar pensar en la violencia sexual que tantas mujeres se encuentran en la noche, pero la historia va por otros derroteros más inesperados. Esta no es una joven inocente corrompida por un grupo de delincuentes; no es una mujer raptada por Fausto en ese Vals de Mefisto que Victoria toca al piano, nostálgica de la infancia que no pudo tener. Ella siente una atracción por el riesgo y es la única responsable de todo lo que acabará haciendo en la noche berlinesa. En el caso de Théo & Hugo: París 5:59, es una película sobre el VIH apegada a la actualidad: aunque un poco dramática y desinformada, muestra un mundo en el que las personas seropositivas, medicadas y con una carga indetectable e intransmisible del virus, pueden soñar y esperar un futuro brillante y libre.

Me gustan mucho ambas películas (más Victoria, sorprendente, fresca y progresiva, a pesar de su metraje demasiado largo; y menos Théo & Hugo: París 5:59, con esos dos protagonistas tan franceses, tan intensos, tan charlatanes, pero con ese comienzo tan rompedor, guarro y bello), y me gustaría que fuera cierto eso que dice Théo. “La noche les pertenece a las mujeres y los maricas”. Pero la verdad es que no siempre nos sentimos seguros en ella: a las mujeres las violan y a los maricas nos pegan palizas. Y aun así, ¿qué vamos a hacer, quedarnos en la cueva? No, la noche de verano es nuestra, mientras dure, y vamos a quemarla.

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