Detrás de la historia

La rebelión cantonal, el movimiento que precipitó la caída de la I República

Caricatura que muestra a Pi y Margall (centro) desbordado por el federalismo (1873).

José Carlos Huerta

El día 12 de julio de 1873, unos 30 hombres entran en la guarnición militar de Cartagena para proclamar el cantón de Murcia. Daba así comienzo lo que ha pasado a la historia con el nombre de "rebelión cantonal". La revuelta se producía meses después de la proclamación de la Primera República española, el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación ese mismo día del rey Amadeo de Saboya. El Gobierno de la República federal fue incapaz de resolver el conflicto con el cantón ni política ni militarmente, lo que lo haría vulnerable al golpe de Estado que acabó con la República.

Las cortes españolas de este periodo estaban fragmentadas, aunque hubo bastante apoyo parlamentario a la proclamación de la República. Sin embargo, pronto empezarían los problemas: un sector de las cortes, los denominados "intransigentes" o "radicales" exigían un modelo de República federal, y querían implantarlo desde abajo hacia arriba, es decir, proclamando primero los distintos cantones o "Estados" —con un modelo similar al estadounidense—, para posteriormente redactar una Constitución.

Esta falta de acuerdo entre los parlamentarios que querían construir la República "desde abajo" y el Gobierno, liderado en ese momento por Francisco Pi y Margall, llevaría al conflicto armado entre ambas facciones. Inicialmente hubo revueltas en pueblos de Andalucía, pero la verdadera rebelión comenzaría en Cartagena.

Estaba previsto que ese mismo día 12 de julio llegaran a la ciudad refuerzos militares leales al Gobierno, así que la revuelta podría haber acabado en ese mismo momento y con un baño de sangre. Pero los rebeldes controlaron rápidamente el fuerte, y poco después, los buques militares establecidos en el puerto de Cartagena empezaron a expresar apoyo a la rebelión, principalmente por las exigencias de los marineros. Desde el fuerte y en los barcos se empezarían a izar banderas totalmente rojas, convertidas en el símbolo del cantón, que rápidamente se extendería por la región. Quedaba constituido el cantón de Murcia.

El intento de expansión

Antonio Gálvez Arce, AntoneteAntonetepara sus contemporáneos, era un diputado murciano muy respetado por los federales que se presentó en la ciudad junto al gobernador civil de la región. Ambos aconsejaron a las autoridades municipales que dimitieran, ya que las calles de la localidad se habían volcado en apoyo a los rebeldes. Así, los partidarios del cantón se hacían con el control de la ciudad, y Gálvez fue nombrado comandante general de todas las fuerzas militares de Cartagena y líder del cantón de Murcia.

 

Fotografía de Antonio Gálvez Arce Antonete (fecha desconocida).

La respuesta del Gobierno central de Pi y Margall fue militar. Varios generales fueron convocados para atacar a los rebeldes y poner fin a la situación. Los barcos cartageneros fueron declarados "piratas" por el Gobierno central, por lo que cualquier nación podía detenerlos. La respuesta de Gálvez es colocar al frente de las tropas cantonales al general Contreras y nombrar a un líder del cantón de Cartagena, que queda separado del de Murcia, más extenso.

El objetivo de la insurrección en Cartagena no era tanto la "independencia" de la ciudad como que esta era fácilmente defendible una vez tomada, y estaba en una posición estratégica ideal para extender el cantonalismo. Cuando el control de la ciudad fue total, los barcos atracados zarparon hacia Alicante para apoyar a los rebeldes cantonales de allí. Uno de ellos, el buque Vitoria, fue detenido como "pirata" por un almirante alemán frente al puerto de Cartagena, por lo que el apoyo a Alicante no se produjo como los cantonalistas querían.

Entretanto, la situación es imposible de controlar para el Gobierno central, lo que fuerza la salida de Pi y Margall y la llegada de Nicolás Salmerón a la presidencia. Este es uno de los elementos más característicos de la Primera República española: la corta duración de sus gobiernos a causa del caos político y el clima de violencia y revueltas, y la incapacidad de los gobernantes para atajar estos problemas. Decenas de localidades se habían declarado independientes en el convulso 1873: Cádiz, Málaga, Motril, Tarifa o Valencia, entre otras. Sin embargo, la mayoría de esos cantones fueron disueltos a los pocos días de su proclamación.

Las fuerzas cartageneras intentaron extender la insurrección y fortalecer su posición. Aparte de su intento de apoyo a los cantonalistas de Alicante, el 5 de agosto 2.500 efectivos se dirigen a Hellín y posteriormente a Chinchilla (ambas localidades en Albacete), para tratar de exigir su adhesión a la causa cantonal y bloquear el ferrocarril. Pero el general Martínez Campos (en esos momentos leal al Gobierno, pero que es conocido por poner fin a la República poco después) y el general Salcedo les salieron al paso y acabaron con los efectivos cantonales. Martínez Campos avanzó hacia la ciudad de Murcia y el cantón murciano quedaba extinguido en cuestión de días. Solo quedaba Cartagena.

Asedio y caída

Tras la toma de la ciudad de Murcia, Martínez Campos avanza hasta Cartagena y se encuentra una fortaleza preparada para su llegada, por lo que la rodea y comienza el sitio de la ciudad, que poco después es acompañado de un intento de bloqueo marítimo. El sitio duró meses, y los sitiados intentan en varias ocasiones romperlo con escaso éxito en el mar y nulo en tierra.

La situación se estanca, y el caos en el resto de España está extendido: los carlistas se han rebelado en el norte y en el área de Valencia, que además de las intentonas cantonales cuenta con grupos de obreros reclamando sus derechos con huelgas que pronto se tornan violentas. Los cantones andaluces han sido despuestos, pero la paz aún está lejos. La zona norte de la Península también cuenta con sus propias revueltas en una especie de todos contra todos entre carlistas, tropas gubernamentales y obreros. Con este clima llega a la presidencia del Gobierno Emilio Castelar, que aplicará con más dureza si cabe la política de su antecesor: acallar a los rebeldes con las armas.

Cartagena fue bombardeada día tras día desde el 25 de noviembre, pero los cantonales no se rendían. Lejos del asedio, la posición de Castelar era cada vez más débil: entre los políticos se dudaba de su verdadera lealtad a la idea de República por algunas de sus decisiones, como retomar contactos con el Vaticano. Así, el día 3 de enero Castelar se vio forzado a dimitir, y cuando las Cortes se disponían a elegir a su sucesor (un republicano federal: Eduardo Palanca Asensi), se repitió lo que fue la tónica del siglo XIX español: un golpe militar.

 

Grabado de la entrada de las tropas de Pavía en el Congreso en 1874.

El general Pavía rodeaba el Congreso e imponía un Gobierno de "concentración" (del que quedaban excluidos los republicanos federales), al frente del que pronto se situaría el general Francisco Serrano. Aunque Alfonso XII no llegaría a España hasta finales de 1874, la República ya había dejado de existir, ya que Serrano impuso una dictadura que 12 meses después concluiría con el regreso de la monarquía borbónica.

El 12 de enero de 1874, las tropas gubernamentales entran en Cartagena a aceptar la rendición de una ciudad que había sufrido 48 días de bombardeo constante. Los cantonales, al recibir la noticia del golpe de Estado de Pavía, de la formación del nuevo gobierno centralista y contrario a la idea de la España federal, y conscientes de que no quedaba ningún otro cantón que les apoyara, se rinden. Concluían así los seis meses de vida del cantón de Cartagena, y menos de un año después acababa la Primera República española.

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