Vigalondo y la subversiva Baltimore de John Waters

“Se trata de un lugar soñado, de hecho sus habitantes eran llamados dreamlanders, pero a la vez se trata de un sitio real, ubicado en un espacio que ya no es lo que era y en un tiempo que no volverá”. Así describe el cineasta Nacho Vigalondo su lugar predilecto para una escapada imaginaria al margen de convencionalismos y restricciones.

Habla de Baltimore, la ciudad portuaria de la estadounidense Maryland. Pero Vigalondo no tiene en mente a un Baltimore cualquiera; él se decanta por aquel “en el que John Waters rodó sus películas de juventud”, relata, “un estado mental en guerra con las convenciones sociales y la normatividad cultural, sexual y añada lo que le apetezca”. Perdiéndose en Baltimore, Vigalondo se pierde también en películas como Mondo Trasho o “la legendaria Pink Flamingos, que son a la vez ficción y retrato del equipo de rodaje, una comunidad de punk y drags a dos pasos de aparecer en las páginas de sucesos”, explica.

“El valor de Dreamland (la productora de Waters, de donde proviene el término dreamlanders), y el gran éxito del joven John Waters no fue zambullirse en la contracultura de su tiempo”, cuenta, recordando que el director estadounidense tuvo la oportunidad de desarrollar su carrera en Nueva York, “de donde tardó poco en ser expulsado”. El atractivo de Waters radica en su condición de aquel que “vuelve a casa y es capaz de sacarse de la manga una escena punk en, casi literalmente, la acera de enfrente”, explica Vigalondo. “Como si Warhol hubiese liderado una Factory compuesta exclusivamente de vecinos, o como si en España cada pueblo hubiese sabido tener su Movida, igual de memorable y discutida como la de la capital”.

Nacho Vigalondo imagina su escapada más allá de imposiciones morales y culturales, para sumirse de lleno en la enterrada pero igualmente representativa cultura de lo políticamente incorrecto. “Ahora que tenemos tan presente el municipalismo, tiremos de ejemplo de Waters y colaboremos entre todos para darle forma a la cara B de nuestros barrios, con sus rincones peligrosos, fiestas ilegales, figuras controvertidas, cultura obscena y leyendas macabras”, defiende el cineasta. “Mi verano ideal lo pasaría en una Dreamland levantada, sin precaución alguna, en mi natal Cantabria”, relata. “Porque todos tenemos derecho a, al menos en un momento de nuestras vidas, no desentonar entre monstruos”.

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Y en la vida real…

Nacho Vigalondo se encuentra completamente sumergido en el rodaje de Colossal, que protagonizará la actriz Anne Hathaway, y que prevé presentar este año en el mercado del Festival de Cannes.

El cineasta cántabro comienza su carrera en el mundo del cine a través de cortometrajes como Una lección de cine o 7:35 de la mañana, nominado a los Óscar en el año 2004. Su primer largometraje se rodó en el año 2008, Los Cronocrímenes, presentado un año antes en el Festival de Sitges, y por el que fue nominado al Goya como mejor director novel. Su última película, Open Windows Open Windows(2014) está protagonizada por Elijah Wood y Sasha Grey. Vigalondo es también guionista y ha trabajado como actor en diversas películas y cortometrajes.

“Se trata de un lugar soñado, de hecho sus habitantes eran llamados dreamlanders, pero a la vez se trata de un sitio real, ubicado en un espacio que ya no es lo que era y en un tiempo que no volverá”. Así describe el cineasta Nacho Vigalondo su lugar predilecto para una escapada imaginaria al margen de convencionalismos y restricciones.

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