‘Apagón’, cuatro distopías y una mirada esperanzada en España

Protagonistas de la serie de Movistar Plus 'Apagón'.

¿A qué distancia estamos cada uno de nosotros de perder nuestra civilidad y convertirnos en individuos descarnados luchando por la supervivencia? Puede que a un apagón eléctrico prolongado.

Los cinco episodios de Apagón, en Movistar Plus, plantean esta hipótesis y exploran ese miedo. Con diferentes directores, pero con una coordinación en el guion y el abordaje, se aproximan a una España en la que una tormenta solar termina con nuestra sociedad eléctrica imposibilitando el transporte y las comunicaciones.

Cada entrega elige un ángulo para observar el panorama generado por el apagón y unos personajes diferentes, sin relación entre ellos salvo excepciones. Poco a poco se nos informa también de cuánto tiempo ha transcurrido en cada situación desde que falló la electricidad.

La creación de un nuevo mundo

Se trata por tanto de cinco estampas diferentes que comparten un cierto aire sobrio e intimista. Se estructuran como fases en la organización del nuevo mundo, dando nombre a los capítulos, Negación, Emergencia, Confrontación, Supervivencia y Equilibrio.

El primer episodio recoge la actividad del centro operativo de Protección Civil, al que la noticia de la tormenta solar llega sin tiempo de prepararse. Lo escribe Isabel Peña y dirige Rodrigo Sorogoyen, lo que une nuevamente a un equipo que ha tenido éxitos como As bestas y Antidisturbios.

En esta ocasión la acción comienza un poco redundante y lenta hasta alcanzar el brío que caracteriza al dúo de creadores. Se apoyan en una música electrónica de Olivier Arson, también sello de los creadores, que se mete dentro del cuerpo y acelera las pulsaciones. Arson es responsable de la banda sonora de los cinco episodios, una de las señas de continuidad de la serie.

Homenaje a los sanitarios

El episodio Emergencia, el segundo, es el que más sufre la comparación con el enorme éxito francés El Colapso, de 2019. Se trataba de una serie en la que nuestra estructura social acababa de colapsar, como en esta, y en la que una entrega se centraba en una residencia de ancianos.

Allí, casi todos los empleados habían abandonado a los residentes y la labor de los pocos que quedaban era titánica. Había que defenderse de los robos, atender a los necesitados sin medios y mantener la humanidad hasta donde fuera posible.

Este episodio afronta dilemas muy parecidos. La serie francesa se escribió antes de la pandemia, pero se emitió coincidiendo con ella. Las similitudes con el drama que se vivía en los centros de mayores helaban la sangre.

Este nuevo homenaje a los sanitarios que luchan contra el abandono y la precariedad sigue siendo necesario, aunque recuerde a aquel. El actor Raúl Arévalo ejerce de director de esta entrega.

Una lucha a vida o muerte

Más originales resultan los puntos de vista de los capítulos tres y cuatro. El tercero, Supervivencia, sigue a un pastor de cabras, ejemplo de persona mejor adaptada al apagón general, pero cuyo rebaño es ahora objeto de codicia para los nuevos habitantes de los montes.

En este episodio también se reúne un equipo consolidado, Rafael Cobos en el guion y Alberto Rodríguez en la dirección. Juntos ganaron premios Goya por La isla mínima y El hombre de las mil caras. En esta serie bordan su encargo con una realización atmosférica y un protagonista espectacular, Jesús Carroza. El actor se relaciona con sus cabras como si hubiera pasado la vida con ellas.

Quizás el episodio más sorprendente y logrado es el dirigido por Isa Campo y escrito por ella y por Fran Araújo, responsable también de toda la serie. El clásico bloque de viviendas con pista de pádel y columpios en la zona común magistralmente descrito por Jorge Dioni López en su libro La España de las piscinas se ha convertido en castillo para algunos de sus habitantes. Lo defienden de los invasores a duras penas.

Fábula sobre el miedo al otro

Este capítulo podría funcionar como un mediometraje por sí solo. Contiene una gran carga como fábula sobre la inmigración, sobre el miedo al otro, sobre cómo podemos pasar de inocentes a verdugos o sobre la emancipación de los padres. Zoe Arnao y, especialmente, Patricia López Arnaiz bordan sus interpretaciones, acompañadas de actores no profesionales llenos de energía.

Y para terminar la distopía, una utopía, la última entrega. Fran Araújo e Isa Campo vuelven a escribir, con la dirección de Isaki Lacuesta, el episodio final, el de la adaptación. Casi un ejercicio de nostalgia de una vida más auténtica. Como en el eslogan de Douglas Coupland, “Echo de menos mi cerebro pre internet”, se puede añorar una sociedad más conectada personalmente que la actual, aunque nunca se haya vivido.

Basada en el podcast ‘El gran apagón’

Lo curioso de esta serie es que, a pesar de recordar inevitablemente a El colapso, está inspirada libremente por otro proyecto, El gran apagón, un podcast de ficción de enorme éxito escrito por el brillante guionista José Antonio Pérez Ledo, que comenzó a emitirse en 2016, años antes de la miniserie francesa.

El último responsable de esta interesante versión televisiva de aquella idea firma también varios de los guiones. Fran Araújo fue quien se hizo con los derechos del podcast, organizó la coherencia de las distintas entregas, y formó una sala de guionistas, como cuenta a Nacho Milán en Milana.

Al igual que El colapso, Apagón sugiere que cuando la civilización cae hay dos formas de sobrevivir, la competencia y la colaboración y a veces ni siquiera se puede elegir. Nos pone en la tesitura constante de qué haríamos nosotros, algo que también nos planteamos cuando leemos sobre posibles apocalipsis por el cambio climático, la crisis energética o la amenaza nuclear. Y nos lo cuenta con personajes que habitan nuestras ciudades, cercanos a nosotros, a lo mejor nuestro propio espejo.

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