¿Amor de madre?

José Amella

Cuando era niña, Santa Teresita de Lisieux le preguntó a  su madre si iría al cielo, a lo que esta respondió que sí, siempre que fuera buena. “Pero si no fuese buena, iría al infierno. Sé muy bien lo que haría entonces: volar a ti, que estarías en el cielo. ¿Cómo se las arreglaría Dios para cogerme? Tú me apretarías fuertemente en tus brazos”, replicó la niña. Lo sabemos porque la madre se lo contó a una de sus hermanas mayores en una carta, poco antes de morir. “Leí en sus ojos que estaba positivamente convencida de que nada podría hacerle Dios si se escondía entre los brazos de su madre”, añadió.

De este párrafo se pueden extraer las siguientes conclusiones:

  1. Menuda madre tuvo Teresita de Lisieux que la aterrorizaba con el infierno si no era buena.
  2. Qué podía entender una niña de tres años por ser buena, pues nada más que hacer lo que le decía su madre. 
  3. La niña, Teresita de Lisieux, tiene tanto miedo de no ser buena que tiene miedo de un Dios que castiga con ir al infierno, por eso le dice a la madre que nada malo podría hacerle Dios si se escondía entre los brazos de su madre. Qué otra cosa puede decir una niña de tres años.

La articulista permanece indiferente a semejante madre, su objetivo va más allá de lo que dicen los puntos 1, 2 y 3. Dios está por encima de las humanas necesidades. Así pues la articulista continúa con su moralizante discurso:

Con apenas tres años, la Santa le puso imagen a una de las realidades más difíciles de asir y nombrar: el amor de una madre. Un amor tan fuerte que no se quiebra aunque el amado yerre ―ni aunque la amante sea siempre imperfecta―; un amor cuyo poder compite con el del propio Dios ―porque de Él es reflejo, como aprenderá Teresita después―. Quien ha sido abrazado alguna vez con la fuerza que describe la Santa sabe de su poder. Y quien no, aún más: no hace falta ser freudiano para saber que la llaga primera, en muchos casos eterna, viene siempre del amor primero. Crees que conoces personas heridas, que tú mismo eres una de ellas, hasta que te encuentras con alguien a quien su madre no lo ha sabido, o no lo ha podido querer: entonces entiendes lo que es vivir a la intemperie.

Del párrafo anterior se pueden extraer, entre otras, las siguientes conclusiones:

4) Sin duda el amor de una madre como la que tuvo Teresita de Lisieux era reflejo del amor de Dios en el que creía, pero no es un dios amoroso; hay que recordar que la niña tiene miedo de ir al infierno y hasta de un dios capaz de castigar eternamente. Amores como el de esa madre no se pueden querer, y tampoco se puede querer a un Dios capaz de crear el infierno. Eso una niña, aunque no lo verbalice, lo siente.

5) Qué podía saber esa niña de tres años lo que significaba ser bueno, excepto obedecer ciegamente a su madre. Menuda le caía si no era buena en tal sentido.

6) ¿Quién definía para la madre lo que era ser bueno? Por lo que dice se desprende que seguir a pies juntillas la doctrina oficial de la Iglesia Católica.

7) Son iguales los amores de una madre que por bondad entiende comportamientos no doctrinarios, que los de una que sigue religiosamente los que propugnan los miembros de sectas religiosas como el Opus Dei o El Yunque, o los que confían en la teoría de la liberación por centrarse en ramas de la Iglesia Católica. Si abrimos el abanico a otras religiones nos encontramos con tantos dioses como tantos conceptos de la bondad. ¿En todos los casos el amor de una madre es el reflejo del amor de dios? ¿De qué dios? En todos los casos son, sus intérpretes, sacerdotes, rabinos, imanes, maestros iniciáticos, etc... quienes interpretan el silencio de todos los dioses, y definen conceptos como bondad, maldad, premio, castigo, fe. La ideología religiosa de la madre de Teresita es la que transmitía a su hija. En la India hubiera tenido otra idea de la que significaba ser bueno.

8) ¿Qué niños están en la intemperie? ¿Los que tienen una madre como Teresita de Lisieux o los que tiene una madre que no les aterroriza con castigos eternos sino los que tienen una madre que les hablan con amor sin necesidad de aterrorizarlos? ¿Es mejor tener una madre como Teresita o más sensible a la vida de la hija? 

Claro que el aborto es una decisión difícil y dura en la mayoría de los casos, ¡por supuesto que es una decisión! ¿Quién debe tomarla? ¿Nadie? ¿El párroco? ¿El confesor? Ellos sí que tomarían una decisión acorde a sus creencias. La madre también la toma acorde a las suyas

Pero no, la articulista nada menciona de esto pues ella debe aleccionar desde su ideología que se apoya fuertemente en su idea de que el amor de madre está más allá del modo en que lo expresa; y el artículo continúa así: 

La trama de un libro de  Sofía Brotons es muy sencilla: hay una mujer que ama a su madre y a sus hijas. A la que nació y a la que no, fruto de la “única decisión que no es una decisión”. Y que se atreve a habar de ello más allá de los trámite que han hecho de la literatura de la generación de Brotons, que es la mía, se parezca a veces al pasillo sin gluten y sin azúcar de los supermercados: la ideología como pose, el moralismo, el adanismo.

Pienso que ya llegamos al oculto motivo del artículo, hasta ahora las palabras del discurso eran: niña, Teresita, Él, bueno, infierno, abrazo, madre, amor. Pero en este último párrafo el corazón oculto del artículo se desvela: 

9) Claro que el aborto es una decisión, y seguramente nada apetecible ni deseable. Quién es la articulista para dar por sentado “que es la única decisión que no es una decisión”. Claro que es una decisión difícil y dura en la mayoría de los casos, ¡por supuesto que es una decisión! ¿Quién debe tomar la decisión? ¿Nadie? ¿El párroco? ¿El confesor? Ellos sí que tomarían una decisión acorde a sus creencias. La madre también la toma acorde a las suyas. ¿Es mejor la primera que la segunda? ¿Quién juzga? ¿Dónde ponemos el fiel de la balanza? 

10) Claro, faltaba poder generalizar el tema sobre la literatura que ha tratado del tema y que según la articulista se parece  al pasillo sin gluten y sin azúcar de los supermercados. Es decir, literatura superficial, sin contenido, que no se atreve a mirar a la luz como hace Brotons en su libro Matriz. Una vulgar generalización, estúpida como casi todas, y mentira casi siempre. No se ha escrito suficiente sobre el aborto ancho y alto, a favor y en contra, como para compararla solamente con los productos light. Lo cierto es que se ha escrito para poder compararlo con los chorizos picantes y los dulces, de cerdo o de pavo. Fíjese, hasta usted comenta, aunque no se atreve a escribir la palabra.

11) Aquí ya llegamos al objetivo de su artículo: la ideología como pose. Este es el meollo de su artículo envuelto en palabras como amor de madre, Él, Santa, luz, etc...: la ideología como pose. Otra vez pontificando, ¿quién es la articulista para decir que los que no se oponen al aborto o lo apoyan tienen la ideología como pose? ¿Qué se creerán estos salvavidas para decir cuándo la ideología es o no una pose? Ellos creen tener la vara de medir la bondad, de saber qué caminos conducen al amor y al cielo y cuáles otros al odio y al infierno. Sinceramente en mi balanza ideológica, que incluye una idea de bondad, su artículo solamente me sirve para saber por dónde no ir, y eso no se lo puedo agradecer pues ya lo sabía, pero siempre uno espera encontrarse con argumentos que, aunque no convenzan, te obliguen a reflexionar sobre la postura ante la vida. Y ese no ha sido el caso

Ya hemos llegado al ejemplo que aclara, explica y clarifica el artículo. Me ha recordado a los ejemplos que en el púlpito de la iglesia, el sacerdote exponía como demostración de lo que él estaba exponiendo. La articulista no falla y vuelve a introducir un ejemplo con el que adornar su tesis, es decir, su fe.

Hace un par de semanas justo cuando empezaba a leer el libro de Brotons, mi padre me dijo una tarde mientras mis hijos jugaban a su alrededor que no creía en Dios porque, si el cielo existiera, su madre habría vuelto para pasar al menos un rato con él. Su reflexión es la misma que la de Santa Teresita pero al revés, porque así es la fe de los ateos, tuerta pero no ciega. Lo sé porque la he tenido.

12) No hablaré sobre la fe que tiene la articulista. Es su problema. Tampoco la de su padre, de si es ciega o tuerta. Es su problema. Lo que no es permisible es que vuelva a generalizar y diga que así es la fe de los ateos. ¡Qué atrevimiento! Esta mujer con semejante fe, en la época de la Inquisición sería terrible. Ahora generaliza, en la Edad Media... Los ateos tienen su ideología y punto, ni ciega ni tuerta. Es su problema. Por cierto, en mi opinión, con una perspectiva de la vida con mayor alcance que la que alumbra la fe en un dios vengativo y que educa a una madre para que pueda aterrorizar a sus hijos. No todas las madres o padres lo hacen, pero esas creencias lo posibilitan.

Por supuesto que ni referencia a lo que indica el punto décimo segundo. Según la articulista: la fe firme, no acepta excepciones. Hay que seguir adelante caiga quien caiga. Y si no tiene fe como la mía la tiene tuerta, pero fe al fin y al cabo

El artículo finaliza, el bochorno también:

El artículo finaliza con una definición del amor materno, ese que retrata Teresa de Lisieux y al que escribe Sofía Brotons: que tiene la capacidad de permanecer, no como entelequia sino como certeza, no como recuerdo sino como presencia, cuando ellas se van.

13) Como esto es una definición del amor materno acorde con la fe que dice profesar la articulista, pues nada hay que añadir. 

―Respetemos su fe, aunque ella no respeta la de los que disienten

―Su fe forma parte de su ideología. Lo mismo que las creencias metafísicas, por definición indemostrables, forman parte de las ideologías de otras personas. 

―En medio de tanto amor materno, la articulista suelta su mensaje: 

Ateos, vuestra fe no es ciega es tuerta. ¡Ideologías! Estad atentas que dirán que sois de pose y os compararán con el lineal light de un supermercado. 

*Comentario a un artículo de Ana Iris Simón publicado, el sábado 7 de febrero de este año, en El País, titulado Amor de Madre.

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José Amella es socio de infoLibre.

José Amella

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