Abolir la prostitución no es una quimera

Pilar Laura Mateo

Hoy ya estamos en ese cacareado mundo distinto que nos va a obligar a repensarlo todo, nuestra relación con el consumo, con la naturaleza, con el clima, con el trabajo, con internet, con la inteligencia artificial… Sin embargo, parece que en materia de igualdad, el único horizonte que se vislumbra es seguir poniendo parchecitos y sentirse de un género o de otro.

Hace unos días, infoLibre informaba de que el Gobierno quiere elaborar una Ley contra la trata y la explotación sexual que priorice las ayudas a las mujeres víctimas de trata y en contextos de prostitución. En el mismo artículo se reporta que el PSOE, en una posición abolicionista clara, quiere seguir el modelo abolicionista francés, y que aspira a convertir “La ley del solo sí es sí, ya en proceso de enmiendas, en un primer paso hacia la abolición de la prostitución”.

Es evidente que la idea no gusta a todos los partidos sean de izquierdas o de derechas. Los argumentos de unos y otros, a veces difieren y a veces coinciden. Lo sospechoso es que casi nunca se menta el tema económico, quizá porque hace feo decir que con ello el país ha ganado una cierta fama de paraíso sexual que ha favorecido el turismo y toda clase de negocios. Los más ubicuos son los grupos que preguntan cómo se van a ganar el pan las mujeres prostituidas y qué hay de los derechos de las que lo hacen por “libre elección” (falacia que merece otro artículo). Por último, están los tradicionales; abolir la prostitución es una auténtica quimera e incluso una hecatombe para esos hombres cuyo equilibrio psicológico depende de la existencia de las mujeres de la vida. Los que esto aducen, que son legión, están seguros de que en esta sociedad no se puede omitir un degradante uso del cuerpo del otro, en este caso de la otra. Son voces que utilizan tópicos y confunden ¿interesadamente? el concepto de abolición con el de la persecución o erradicación de las mujeres prostituidas. Según la RAE:

ABOLIR: (1) Dejar sin efecto una leyprecepto o norma vigente. Ej. abolir la pena de muerte. (2) Suspender o dejar sin vitalidad una costumbre, una práctica o el uso de una cosa mediante una disposición legal. Ej. abolir la esclavitud.

ERRADICAR: Eliminar o suprimir una cosa de manera completa y definitiva, especialmente algo que es negativo o perjudicial y afecta a muchas personas. Ej. erradicar la tuberculosis.

Queramos verlo o no, la prostitución es un atentado contra la dignidad de las mujeres y plegándonos al pensamiento perezoso del “siempre ha sido así”, justificamos y normalizamos esa esclavitud y perdemos la capacidad de enfrentarnos a la desigualdad.

A la luz de estas definiciones, no es tan difícil. Se trataría de desactivar una actividad tolerada por los poderes a través de una disposición legal. O sea, invalidar esa estructura prostitucional que actúa en el limbo de la “alegalidad”, sostenida por el patriarcado y un capitalismo que lo compra y vende todo. Países como Suecia, Noruega y Francia han promulgado leyes abolicionistas y sus resultados son buenos.

La realidad es que la violencia contra las mujeres tiene muchas caras: la violencia en el seno de la pareja es una, pero hay muchas otras y la prostitución es de las "más abyectas" pues degrada y marginaliza enormemente a las mujeres.  Lo mismo que el sistema esclavista alimentó durante siglos la idea de la superioridad de una raza sobre otra, justificando con ello las injusticias, la prostitución, que permite a cualquier hombre acceder carnalmente a un cuerpo femenino por un módico precio, apuntala, de hecho, la supremacía del hombre sobre la mujer al convertirla en un objeto de consumo. Por algo, todas las grandes teóricas del feminismo, desde Mary Wollstonecraft hasta nuestros días, han sido abolicionistas.

Queramos verlo o no, la prostitución es un atentado contra la dignidad de las mujeres y plegándonos al pensamiento perezoso del “siempre ha sido así”, justificamos y normalizamos esa esclavitud y perdemos la capacidad de enfrentarnos a la desigualdad. Ahí están los múltiples testimonios de las víctimas que han pasado por ese infierno para confirmarlo.

La abolición debería ser el objetivo prioritario de una sociedad democrática y de sus instituciones. Exijamos que la ley contra la trata y la explotación sexual prometida por el Gobierno establezca medios efectivos para impedir esta vergüenza humana. Haberlos, haylos.  Y no es pecar de ingenuidad, seguramente una Ley no hará desaparecer la prostitución, pero abolirla es crear una barrera legal frente al hecho de tratar a las mujeres como productos. Por el contrario, su legalización supone, además de un lavado de conciencia, enviar el mensaje a las nuevas generaciones de hombres de que los cuerpos de las mujeres son objetos sexuales en compraventa. Pero, no nos engañemos, hay cosas que no se pueden comprar y vender sin que los valores de toda la sociedad se resientan profundamente.

Pilar Laura Mateo es escritora y socia de infoLibre

 

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