Aitana, queridísima amiga, esta noche ha llegado un apresurado mensaje de Beatriz, desde un entorno urbano oscurecido por la falta de suministro eléctrico y las dificultades de transporte, comunicándome, con una enorme tristeza, tu ausencia definitiva. En otros momentos muy difíciles, por la prematura ausencia de mi compañera Laura, me enviaste rápidamente un precioso poema tuyo dedicado a su memoria. En tus versos la recordaste luminosa, sensible e invulnerable en la oquedad del corazón.
Pocos meses después, me abriste las puertas del ámbito cultural habanero con la generosidad, elegancia natural y calidez de anfitriona que también caracterizaban a tu madre. En aquellas tertulias de Pleamar, que ha sido tu espacio habitado desde hace más de cuatro décadas, tuvimos el privilegio de compartir con frecuencia, durante muchos años, largas horas de inolvidables conversaciones entre amigos.
Tu casa rodeada por un pequeño jardín con plantas en macetas de terracota, en todas sus formas y tamaños, bajo las ramas verdes de sus árboles tropicales, es un espacio sugerente y atractivo de estancias con superficies reducidas, pero de dimensiones ilimitadas. Esa atmósfera incita de inmediato a la contemplación de cuadros, dibujos, fotografías y cerámicas que nos permiten evocar a la generación del 27. En la sala destaca el espacio dedicado a tu madre, en una esquina de paredes blancas en ángulo recto, cerca de una ventana abierta al aire cálido y la frondosidad de las hojas verdes.
Tuvimos el privilegio de compartir con frecuencia, durante muchos años, largas horas de inolvidables conversaciones
Desde la ciudad de las columnas evocabas los ecos de las lejanas voces amigas, entre los pinos y las playas de Punta del Este, en aquella geometría que todavía habitas. Recuerdo con precisión tu mirada llena de melancolía cuando hablábamos, destacando la nostalgia inseparable de tu padre, sobre aquel paraíso infantil tuyo, en la casa uruguaya proyectada por Bonet, que se perfilaba mejor con la lejanía temporal y geográfica.
Seguiremos caminando con el aire y la luz de La Habana, bajo sus innumerables pórticos, aprendiendo del valioso legado cultural que nos dejaron tus padres y sus compañeros de generación y que supiste extender, con tanta persistencia y sensibilidad, a todas las personas que te han querido.
Nos dejas tus hermosos libros en las arboledas compartidas, ese ejemplo de compromiso digno y generosidad ilimitada y una sostenida actividad cultural desde tu doble perspectiva rioplatense y mediterránea. Tras escribir estas líneas, con la tristeza de la noche, retorno de nuevo —evocando a san Agustín— a las mejores salas de nuestro edificio de la memoria donde ya permaneces, también para siempre, invulnerable en la oquedad del corazón.
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Joan Carles Fogo Vila es doctor arquitecto y socio de infoLibre.
Aitana, queridísima amiga, esta noche ha llegado un apresurado mensaje de Beatriz, desde un entorno urbano oscurecido por la falta de suministro eléctrico y las dificultades de transporte, comunicándome, con una enorme tristeza, tu ausencia definitiva. En otros momentos muy difíciles, por la prematura ausencia de mi compañera Laura, me enviaste rápidamente un precioso poema tuyo dedicado a su memoria. En tus versos la recordaste luminosa, sensible e invulnerable en la oquedad del corazón.