'Casus belli'. Repensar la guerra

Juan Carlos Sanz Miguel

La guerra ya no empieza cuando avanzan los tanques. Empieza antes: cuando un Estado convierte la inseguridad en principio de gobierno, cuando la frontera deja de ser límite y pasa a ser filtro de humanidad, cuando la excepción se vuelve método y la amenaza organiza presupuestos, alianzas, tecnologías y obediencias. La guerra contemporánea no solo combate enemigos: fabrica el mundo en el que esos enemigos resultan políticamente necesarios.

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El gran error consiste en seguir buscándola solo en el campo de batalla. Hoy la guerra opera también como arquitectura estratégica: selecciona territorios sacrificables, jerarquiza vidas, redefine cadenas logísticas, militariza infraestructuras críticas, acelera la vigilancia y transforma la seguridad en la gramática superior del poder. No irrumpe desde fuera del orden; cada vez más, administra el orden desde dentro.

La guerra ha dejado de ser solo una decisión militar: es una forma de leer el planeta, de repartir riesgos y de decidir quién merece protección y quién puede quedar expuesto

Por eso el verdadero casus belli ya no es únicamente una agresión visible. Puede ser una narrativa de cerco, una percepción de vulnerabilidad, una disputa por corredores energéticos, una batalla por el control del dato, una doctrina preventiva, una economía entera reconfigurada por la anticipación del conflicto. La guerra ha dejado de ser solo una decisión militar: es una forma de leer el planeta, de repartir riesgos y de decidir quién merece protección y quién puede quedar expuesto.

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En esa mutación reside su potencia más inquietante. La guerra no destruye únicamente ciudades; simplifica la realidad. Reduce la complejidad a amenaza, la política a alineamiento, la prudencia a debilidad, la discrepancia a sospecha. Donde se impone la lógica guerrera, el poder gana velocidad, pero el mundo pierde espesor. Todo debe clasificarse de inmediato: aliado o enemigo, seguro o peligroso, defendible o descartable.

La cuestión decisiva ya no es solo cómo evitar la guerra, sino cómo impedir que la guerra se convierta en la racionalidad ordinaria del gobierno. Porque cuando la seguridad absorbe toda legitimidad, la paz deja de ser convivencia y pasa a ser mera administración del miedo. Y entonces la guerra, incluso sin disparos, ya ha vencido. 

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Juan Carlos Sanz Miguel es socio de infoLibre.

La guerra ya no empieza cuando avanzan los tanques. Empieza antes: cuando un Estado convierte la inseguridad en principio de gobierno, cuando la frontera deja de ser límite y pasa a ser filtro de humanidad, cuando la excepción se vuelve método y la amenaza organiza presupuestos, alianzas, tecnologías y obediencias. La guerra contemporánea no solo combate enemigos: fabrica el mundo en el que esos enemigos resultan políticamente necesarios.

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