Empacho de Trump

Carlos Brage

Nos levantamos y nos acostamos cada día con el hipermediático personaje que se cree el puto amo del mundo. Un tipo que concentra en su persona —en su ego— las peores pulsiones del ser humano y que, aun así, ocupa la presidencia del país más poderoso del planeta.

Es como aquella “dama de alta cuna y baja cama” que cantaba Cecilia: quiere ser el muerto en el entierro, la novia en la boda, el niño en el bautizo. También el Nobel de la Paz que María Corina Machado tuvo a bien insinuarle. Pacificador mundial —dice—, se atribuye el final de ocho conflictos, como quien se adjudica medallas en un espejo empañado.

Supera con creces a 'La conjura de los necios' y a su inolvidable Ignatius J. Reilly en desmesura, pero con un matiz inquietante: donde el otro provocaba risa, este provoca consecuencias.

Usurpador confeso de petróleo, bailarín frustrado, ilustre ignorante de las más elementales normas de cortesía, generador de conflictos donde no los había —para desgracia de todos—, bocazas cósmico y manipulador a tiempo completo. Y, además, cómplice y amiguete de un genocida, Netanyahu.

Su corte de aduladores jamás osará decirle lo evidente: que es un idiota peligroso. Y el resto —salvo sus fieles, que no son pocos y se extienden como una mancha de mierda por el planeta— asistimos a este espectáculo con una mezcla de fatiga y estupor, deseando, quizá en vano, perderlo de vista.

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Carlos Brage es socio de infoLibre.

Nos levantamos y nos acostamos cada día con el hipermediático personaje que se cree el puto amo del mundo. Un tipo que concentra en su persona —en su ego— las peores pulsiones del ser humano y que, aun así, ocupa la presidencia del país más poderoso del planeta.

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