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España y sus banderas

César Moya Villasante

En este país, tenemos un problema eterno con los nacionalismos, principalmente el vasco, el catalán y el español, que no hay que olvidar. Este último se generó demasiado en aquella Guerra Civil que los que ganaron se erigieron en los salvadores de la patria generando una España unida, pero no era verdad, porque hay que admitir que existen otros dos externos que no encuentran el acomodo perfecto dentro de un país muy variado que hay que aceptar como tal. Además, aquella unión que pergeñó Franco era basada en que todos pensáramos igual y eso es imposible en un país como este, en que todos pensamos y, al pensar, puede que haya tantas diferencias como personas, algo malo para los que tratan de mandar o gobernar

Conozco muy bien Euskadi pues vivo de siempre entre esa tierra y Madrid y también conozco bien a los catalanes. Todo ello por dos familias bien diferenciadas en origen. Por lo tanto, puedo opinar bien sobre ello.

El nacionalismo catalán siempre ha estado presente, aunque agazapado hasta esta legislatura por mucho hartazgo al ninguneo del Gobierno a sus reclamaciones. Jamás un gobierno ha creado más independentistas, muchos de ellos no identificados como tales, pero enfadados con ese ninguneo. Y con ello no quiere decir que estén felices con Mas o Puigdemont pero su amor a su tierra hay que entenderlo y aceptarlo. En este nacionalismo y deseo de independencia se cometen muchos errores ya que hoy en Europa no es fácil independizarse, salvo que esa independencia sea total saliendo de la moneda incluso, pues la unión continental es solo un mercado, con lo que ello supone. Y se engaña a los sentimientos naturales contándoles el cuento de la lechera que hoy no existe en ningún lugar.

El vasco tuvo el problema del terrorismo de ETA que todos padecimos y eso ha serenado mucho a todos después de una tragedia tan larga. Los gobiernos de Patxi López y Urkullu han hecho lo posible para que Euskadi no fuera noticia cada día. Y hoy en esa tierra se está haciendo una gran labor por la reconciliación entre amigos, familias y para ello se habla poco de política o se trata de hacerlo en convivencia. La lección esta aprendida. Aunque existe un problema entre gente que quiere ganar votos a base de hacerse los simpáticos con el nacionalismo radical prometiendo consultas allí y a todo aquel que lo pida, aunque sea en Albacete. Nada más negativo para la paz conseguida ahora que nadie reclama nada. Otegi e Iglesias deberían hacer lo posible para que no se deteriorara la convivencia por un afán de gobernar o de simple protagonismo. Porque pueden estropear mucho la convivencia que se recupera gracias al esfuerzo de muchos. Además, los representantes políticos se eligen para eso, para decidir de acuerdo a programas, pero no para someter a consulta cada cosa que les puede acarrear un problema, que siempre es el de los votos. Para eso no necesitamos esos políticos.

El nacionalismo español, basado en aquella Guerra Civil, nunca fue tolerante con estos dos. Y ahí estamos desde hace demasiado tiempo. ETA hizo demasiado daño en su tierra lo que provoco la reacción contraria con razón. Pero ahora es el momento de abordar desde Madrid un acuerdo con el gobierno vasco, que está en disposición de ello, para acabar con ese recuerdo de forma total, pero nadie puede pedir a Rajoy que actué, pues ese asunto le da votos y él se erige en el otro salvador de la patria convencido de que aquella unidad de Franco es la única existente. Es el único modo que tiene para ser el más votado por aquellos que ya están en la tercera edad, porque los jóvenes no son su mejor caladero. Pero no le importa porque solo gobierna para estar, no para resolver.

Pero hay muchas maneras de afrontar el problema. Recuerdo en mi juventud cuando pasaba a Iparralde, el País Vasco francés y veía con envidia la ikurriña con total libertad. Y jamás los franceses han tenido un problema con sus vascos. Aquello dio origen a muchos muertos. Se debería tener un espíritu abierto para reconocer que los sentimientos de nación no solo pueden ser unos, los oficiales, porque hay otros que deben ser respetados. Para ello hay que dialogar mucho y con tolerancia. Y eso es lo que falta, quizá por todas las partes, pero siempre por parte de los gobiernos centrales que no han querido afrontar el problema porque les podía quitar más votos que los que podrían conquistar. Y así es imposible ningún acuerdo, cuando los votos son más importantes que la nación, esa que dicen muchos defender.

Sé que esta ideología o sentimiento es brutal en este país porque siempre la he vivido de modo personal de un lado y de otro. Es más, es una radicalización absurda que vemos en los manejos que se hacen de las banderas. Si yo aparco mi coche en el barrio Salamanca de Madrid con una pegatina en el capot con la ikurriña es muy posible que me lo encuentre con algún daño. Si hago lo mismo con la española y lo aparco en algún pueblo del Goierri vasco puede que me pase lo mismo. Porque es un sentimiento que mueve pasiones de amor y odio que nacen de lo que paso en aquella guerra civil. Lo vemos cada día, sobre todo, en periodo electoral en donde el PP saca a relucir algún tema de banderas, himnos o símbolos que le ayudan a ganar. Aunque no le importe perder casi todos los votos en aquellas comunidades que se mueven con otros sentimientos.

Por todo ello hay que buscar una solución antes de empeorar más las cosas. Con un Gobierno del PP sería imposible pues es parte interesada. Solo con el PSOE se podría arbitrar un diálogo con las partes para enfocar el problema de la convivencia nacional sin que se estuviera hostigando cada día en un sentido u otro. Porque, como digo, España no es una grande y libre de pensamiento único como quería Franco que fuese.

Pongamos las bases. Lo primero es buscar un líder carismático que hoy no se ve de cerca. En la izquierda, no nacionalista, la única que puede prosperar en ello solo veo una persona hoy en día que podría empezar a mover ficha, se llama Iñigo Errejon, para mí una de las personas más inteligentes que está en política. Nunca Pablo Iglesias al que le mata su ambición de gobernar. Tampoco en el PSOE observo a nadie, aunque el liderazgo de Felipe González es inequívoco, pese a su veteranía. Podría haber algún tapado actualmente como Madina, hombre dialogante y representante moral de una negociación como esta. No descartaría a García Margallo que, siendo del PP, es un hombre con sentido común y capaz de hablar con cualquiera, o sea, la antítesis de Rajoy. Por qué no un trio como equipo entre los que señalo. Por parte vasca y catalana hay nombres capaces para ello que siempre lo han demostrado, aunque ahora se ha radicalizado la parte catalana, pero todos sabemos que son capaces de sentarse a dialogar. Y para ese dialogo hay que partir de dos premisas.

La primera es la semántica y la segunda la económica. Si nos dejamos de tonterías y llamamos nación a Euskadi y a Catalunya ya habremos avanzado mucho, aunque parezca mentira. Desarrollando esa palabra dentro de un contexto nacional español en donde tengan cabida las formas de definirse sin crear una base independentista. O sea, crear una España, tipo Europa, en donde existen naciones dentro de un mismo mercado. ¿Porque que es el mundo actual más que un mercado? Si lo aceptamos en Europa, porque negarlo en España.

En la parte económica, esas dos nacionalidades deben tener un estatus como el actual de la primera, con un concierto económico que en el País Vasco funciona muy bien pues están en el 12% de paro mientras en el resto se supera con creces. Todo a base de no postrarse a los pies de Merkel con sus ideas y a los de Rajoy suprimiendo el I+D, lo mejor que puede tener España en su conjunto como país latino. El resto del país debe aceptar disminuir las autonomías y dejando como tal a Andalucía, Galizia y poco más. Creo que habría ahí más problema que en el otro porque el café para todos no puede ser.

Yo creo que estas ideas bastarían para callar las protestas y los deseos secesionistas de algunos, pero explicando bien a la sociedad todo ello, con números, con razones y pidiendo a todo el país que se ceda unos y otros para el bien de esa unidad que quieren establecer ahora ninguneando a muchos. Con Adolfo Suarez se consiguió hace tiempo, por qué ahora no? No mirando a los votos de reojo, sería posible.

César Moya Villasante es socio de infoLibre

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