Licencia para matar

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Verónica Barcina Téllez

A veces, da la impresión de que el ser humano es el único animal que disfruta matando a sus congéneres, hasta el punto de que, tal vez, la psicopatía no sea un trastorno de la personalidad, sino el estado natural de las personas que la sociedad se ve obligada a inhibir para su supervivencia. El ser humano disfruta matando a seres humanos, pero tiene miedo a ser matado, teme a la muerte. Eros y tánatos. Por fortuna, es una impresión. ¿Es sólo una impresión? Esperemos.

La fascinación por la muerte de personas desconocidas quizás pueda explicar que las imágenes de niños sepultados en vida o descuartizados por las bombas en Gaza, o que más de 6.000 niños y niñas menores de 5 años mueran cada día por desnutrición, en modo alguno afecte al estado de ánimo de una amplia e inhumana mayoría. Incluso, una parte de la población se regodea, lo justifica y hasta vota a quienes asesinan al por mayor.

El mundo y sus gobernantes se miran en el espejo de los EE.UU. y Donald Trump, perfecto ejemplar de psicópata predador. Hablamos del país que, a lo largo de su historia, ha participado en más conflictos bélicos, patrocinado más golpes de Estado y causado más víctimas que ningún otro en el mundo. Hablamos de un presidente que afirmó, como argumento electoral, que “podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Hablamos de una cultura en la que es hábito cotidiano que un adolescente asesine a diez o veinte escolares con un AK–47 anunciado en la tele y comprado en un supermercado.

El Partido Popular amaña la Justicia, alimenta a los medios afines y puede perpetrar una masacre en la Puerta del Sol sin perder votos

La cultura de la muerte está arraigada hasta tal punto que los gobiernos sacrifican el presupuesto de Sanidad en favor de la industria de la muerte, con el visto bueno de sus votantes. En España, el acuerdo PSOE/UP recogía subir en 2023 el gasto en Sanidad al 7% del PIB, pero el Programa de Estabilidad enviado a Bruselas recoge para 2024 el 6,2%, lo que supone 11.000 M € menos sobre lo acordado. Mientras, el presupuesto de Defensa fue de 12.800 M € en 2023, con el compromiso de incrementarlo hasta lo exigido por Donald Trump.

El PP tiene licencia histórica para matar, desde el golpista Franco hasta Aznar en Irak: las 62 muertes de Trillo en el Yak–42, las 42 de Metrovalencia, las de la hepatitis C de Feijóo y Ana Mato o las de 7.291 ancianos, que “iban a morir igual”, en las residencias de Ayuso. El bajo perfil político de esta banda, que se opone a la eutanasia y al aborto con el mismo entusiasmo y ardor guerrero que defiende su mezquina implicación en tanta muerte evitable o la actuación de Netanyahu en Gaza, se compensa con la guerra sucia y el populismo que avala el electorado.

Como Trump, el Partido Popular amaña la Justicia, alimenta a los medios afines y puede perpetrar una masacre en la Puerta del Sol sin perder votos; muy al contrario, a más sangre, más votos. Como Trump, si no ganan las elecciones, no reconocen los resultados y deslegitiman al Gobierno democrático: un golpe de Estado que sólo se pueden permitir ellos y ellas. 00PP con licencia para matar.

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Verónica Barcina Téllez es socia de infoLibre.

A veces, da la impresión de que el ser humano es el único animal que disfruta matando a sus congéneres, hasta el punto de que, tal vez, la psicopatía no sea un trastorno de la personalidad, sino el estado natural de las personas que la sociedad se ve obligada a inhibir para su supervivencia. El ser humano disfruta matando a seres humanos, pero tiene miedo a ser matado, teme a la muerte. Eros y tánatos. Por fortuna, es una impresión. ¿Es sólo una impresión? Esperemos.

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