Momentos difíciles

Eduardo Vázquez Martul

Estoy leyendo un pensamiento escrito que encaja en los momentos actuales: "El dandismo aparece sobre todo en las épocas de transición, cuando la democracia no es aún todopoderosa y la aristocracia sólo en parte está degradada y tambaleante. En la anarquía de esas épocas, algunos hombres desclasados, hartos, ociosos, pero todos ricos en fuerza nativa, pueden concebir el proyecto de fundar un nuevo tipo de aristocracia...". "El dandismo es el último destello de heroísmo en las decadencias" (C. Baudelaire, El dandy, 1863).

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Los dandis provienen de sectores trabajadores, pero se apropian de las normas aristocráticas y constituyen parte de la raíz del fascismo. Se aúpan en clases trabajadoras, incluso humildes e ignorantes, a las que engañan prometiéndoles que serán admitidas en sociedad o que entrarán en el reino de los cielos, utilizando para ello falsos predicadores evangélicos. Es, en parte, la explicación del trumpismo, que se acompaña de personajes como Marco Rubio —desclasado de origen cubano— y que se extiende por el mundo con un discurso que une a descamisados, a una burguesía venida a menos y a rencorosos que se consideran abandonados.

Mussolini, Hitler y Franco fueron, sin duda, los máximos líderes que se aprovecharon de esa ideología del rencor, utilizando nacionalismos, purezas de raza, falsas religiones —que prometen cielos a descamisados— y crisis económicas no resueltas por líderes mediocres de las democracias. Trump, Milei y Bolsonaro, entre otros, y en nuestras latitudes Ayuso o Abascal, aparecen como fieles seguidores. Saben que su discurso demagógico y populista engorda un ejército de seguidores que, como hooligans, abrazan su falsa religión. "Hay que destruir al contrario por cualquier medio...", vino a decir Tellado, fiel acólito de Feijóo, envueltos ambos en el dilema de presentarse como moderados y, a la vez, contaminarse de ese discurso ultra que creen que les dará votos. Todo vale. Desde asaltar el Capitolio estadounidense, igual que hicieron los bárbaros entrando en Roma, hasta desacreditar el Parlamento y al Ejecutivo legalmente constituido, desvirtuar la función del Senado o utilizar instituciones tan importantes en una democracia como la justicia.

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Son momentos muy preocupantes, no sólo por el movimiento ultra que nos asola como una peste, sino también por la parálisis de un mundo que presume de demócrata, culto y con valores, pero que se limita a mirar por la ventana

La mentira es su bandera para convencer o crear dudas en el ciudadano incrédulo. Saben que las dudas engrosan la abstención que les facilitará una victoria. ¿Qué quedará después? La nada. El poder que debería ejercer la buena política al servicio del ciudadano será sustituido por el poder de las finanzas, que desean transformar la res publica en una empresa. Primero, los patrios que besen banderas; los sajones antes que los mestizos; el Gobierno de Netanyahu exterminando a los palestinos. Fuera impuestos, que cada cual se las apañe. Los ciudadanos pasarán a ser clientes —o súbditos— obedientes y temerosos. Temerosos ante el peligro del asesinato civil mediante el descrédito social, ante imputaciones nunca probadas; ante la imputación judicial que lleva consigo la culpabilidad antes de ser juzgado, con gran difusión de una prensa regada con dinero público y que actúa como cuarto poder.

Son momentos muy preocupantes, no sólo por este movimiento ultra que nos asola como una peste, sino también —y esto es más preocupante— por la parálisis de un mundo que presume de demócrata, culto y con valores, pero que se limita a mirar por la ventana. La masacre y el genocidio de Gaza, la actual invasión del Líbano por el sionismo, las salvajes guerras fratricidas de Sudán, Siria, antes Libia, Ucrania o tantas otras lindes así lo atestiguan. Un mundo mudo. Las potencias que deberían cortar con firmeza tanta muerte y tantos crímenes juegan al ajedrez esperando que caiga la torre. La nueva Contrarreforma mundial está ganando la partida. Ya se han encargado de desprestigiar o anular los organismos internacionales creados después de la Segunda Guerra Mundial para salvaguardar la paz. Tiene el camino libre, a menos que surja algún movimiento ciudadano que lo impida. Difíciles momentos. EEUU, como imperio en crisis, impone su ley del Oeste: "el que saque primero mata". Europa, sin norte, anda perdida. La Rusia de Putin es capitalista y quiere reconquistar su pasado imperial. China observa: es Confucio y no Aristóteles. Momentos difíciles.

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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.

Estoy leyendo un pensamiento escrito que encaja en los momentos actuales: "El dandismo aparece sobre todo en las épocas de transición, cuando la democracia no es aún todopoderosa y la aristocracia sólo en parte está degradada y tambaleante. En la anarquía de esas épocas, algunos hombres desclasados, hartos, ociosos, pero todos ricos en fuerza nativa, pueden concebir el proyecto de fundar un nuevo tipo de aristocracia...". "El dandismo es el último destello de heroísmo en las decadencias" (C. Baudelaire, El dandy, 1863).

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