Librepensadores

¿Pacto educativo, en España?

Joan Daniel Oliver

¿Pacto educativo, tal y como está concebida la educación en España? Imposible.

Hay dos formas de considerar el papel que juegan los centros educativos en la sociedad.

Una, más idealista, es considerar que la educación es un pilar básico en una sociedad civilizada y moderna cuyo fin es conseguir que los individuos, independientemente del nivel económico del que partan, puedan progresar desde el punto de vista sociocultural, ético, incluso económico. En resumen: formar ciudadanos cada vez más libres y solidarios y garantizar la igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos.

La otra idea, más pragmática, es asumir que los centros educativos son el lugar en el que nuestros hijos pasarán su infancia y adolescencia, la época en que seguramente se relacionarán con los que en un futuro serán sus amigos y colegas. Además, pero como de paso, adquirirán los conocimientos que tal vez (o no) les serán de utilidad para su vida laboral futura. Esta idea puede parecer políticamente incorrecta pero no por ello deja de ser real.

Ambas maneras de interpretar el papel que los centros educativos juegan en nuestra sociedad no son antagónicas y los padres las tienen presentes al seleccionar el centro educativo al que quieren llevar a sus hijos. Muchas veces se encuentran ante el siguiente dilema: “la educación ha de ser de calidad, fomentar valores, pero... ¿con quién se van a juntar mis hijos?

En muchos países que aparecen con frecuencia en los medios de comunicación como ejemplo de calidad educativa lo tienen claro: la educación pública se organiza en función de los ideales reseñados en la primera opción y si los padres quieren optar por algo más elitista (lo que sería básicamente la segunda consideración), se paga y se opta por un centro privado. Y esto nada tiene que ver con la calidad de la enseñanza ya que puede haber centros públicos horrorosos o centros privados magníficos (y al revés también).

El problema es que en España nos hacemos trampas y aquí aparece un tercer tipo de centro educativo, los centros concertados, que aspiran a participar de ambas concepciones: por una parte seleccionan al alumnado (y al profesorado), sutil pero eficazmente como lo haría un centro privado y, por otra, son centros de financiación pública como los centros auténticamente públicos.

Los centros concertados suelen presumir de ofrecer una formación integral del alumno, independientemente de que dicho centro pertenezca a la Iglesia (algo que se puede entender por razones históricas) o que sea una cooperativa de profesores progresistas que pretende dar otro tipo de formación que, según ellos, no la pueden ofrecer los centros públicos. Pero en el fondo, lo que pretenden es hacer cantera (como en los centro privados) y lograr que los alumnos que hayan pasado por sus manos en un futuro sean “de los nuestros” (de los suyos), es decir, que los antiguos alumnos de tal o cual centro (y el ejemplo del colegio concertado del Pilar es paradigmático) se sientan vinculados con el centro y con sus gestores y de este modo que el centro pueda ir ganando paulatinamente prestigio y sobre todo influencia económica y política.

Estos centros concertados suelen ser los preferidos de una buena parte de padres que se consideran pertenecientes a la clase media: no son tan caros como los privados pero sí son los suficientemente onerosos para impedir, digámoslo claramente, el acceso a los hijos de aquellos sectores de población que, o bien tienen pocos recursos económicos (muchos inmigrantes, por ejemplo, aunque no únicamente), o bien pertenecientes a familias marginales, desestructuradas... (que existir, existen) o bien a chavales que simple y llanamente dan muchos problemas. Es decir, son públicos, pero clasistas.

¿Dos modelos de centros públicos con objetivos distintos pueden coexistir? Creo que no y ahí radica el principal problema de la educación en España y el motivo por que no se ha solucionado ni se solucionará.

La tenencia de estos dos modelos de centros públicos desde el punto de vista de nuestros políticos de derechas (básicamente el PP) suele ser defendido con el principio sacrosanto de la “libre elección de los padres” y con el argumento de que la competencia entre los distintos centros favorece la calidad de la educación. Pero tanto el principio como el argumento son tramposos.

El principio de libre elección de centro es falso por ser sólo teórico. Imaginemos que un padre sin problemas económicos, de Vallecas (Madrid) por ejemplo, quiere llevar a su hijo (muy buen estudiante) al colegio de El Pilar porque, como es sabido, es un centro prestigioso del que han surgido muchísimos próceres del país. Cuando solicite su admisión y se ponga en lista de espera, se dará cuenta de que criterios como el tener otros hijos matriculados en el colegio (evidente), la cercanía del domicilio (lógico) o ser exalumno (no tan lógico) son muy valorados. Su solicitud quedará relegada. Es decir, los criterios de admisión facilitan la endogamia. Ni que decir tiene que si el padre no tiene suficientes medios económicos o su hijo tiene dificultades educativas ya que ni se lo plantee.

En cuanto al argumento de que la competencia entre los centros concertados y los públicos favorece la calidad de la educación no sólo es falso sino malintencionado. Es falso porque aunque se compite por el mismo alumnado no se hace en igualdad de condiciones: los concertados tienen libertad de gestión y pueden seleccionar de facto al alumnado, algo consentido por la Administración y que no lo pueden hacer los centros públicos. Esta selección tiende a evitar alumnado conflictivo (o con grandes dificultades académicas) y genera un bucle destructivo que conduce a que muchos centros públicos puedan acabar convertidos en auténticos guetos. Si el alumnado conflictivo se concentra en los centros públicos, lógicamente aumentará la conflictividad en éstos, lo que inclinará a muchos padres preocupados por la educación de sus hijos a llevarlos a centros concertados. La disminución de alumnado, llamémosle “normal”, en los centros públicos hace que las aulas tengan cada vez más alumnos con dificultades algo que conlleva un esfuerzo extra por parte del profesorado y una disminución en la calidad de enseñanza (no necesariamente la individual, pero sí la del conjunto). Esto conduce a que los centros públicos parezcan cada vez peores, queden desprestigiados y caminen progresivamente hacia la marginalidad.

Y es malintencionado porque es la propia Administración del PP la que, reduciendo presupuesto y profesorado en el sistema público, está favoreciendo e impulsando esa desigualdad de condiciones. Y lo hace a conciencia.

Si los centros públicos no son ya hoy en día centros marginales es por el esfuerzo que hacen día a día los profesores de la enseñanza pública, que no sólo han tenido que afrontar esta situación precaria sino que además han tenido que aguantar estoicamente todas las insidias que fueron soltando sobre su profesionalidad nuestras antiguas autoridades, léase Esperanza Aguirre, Lucía Figar...

Pero no deberíamos ser maniqueos y pensar que el todo el problema de la educación en España es culpa exclusivamente de la derecha ya que en España, desde la muerte de Franco, ha mandado más años la izquierda (el PSOE). Algo de responsabilidad tendrán también. Al fin y al cabo el PP es coherente y nunca ha disimulado su descarado apoyo a la escuela concertada. Pero el PSOE siempre se ha manifestado un defensor de la escuela pública. Pero ¿es verdad o es mera charlatanería? En mi opinión no es ni verdad ni mentira sino que es el PSOE en esencia pura, el PSOE de alma republicana y federalista que cuando llega al poder considera que no es el momento adecuado para tales planteamientos, el que practica la rara habilidad de intentar contentar a todos y de convencernos de que el pueblo es ignorante y que ellos hacen las cosas por su bien. Por eso sus reformas han sido meros parches y buena parte de sus dirigentes defienden grandilocuentemente la importancia de la escuela pública mientras llevan a sus hijos a centros concertados (ahora bien, no nos vayamos a confundir, no solo de la Iglesia, sino de cooperativas de profesores muy modernos y progresistas).

En conclusión, ni PSOE ni PP han tenido nunca la intención de resolver el verdadero problema educativo en España: la imposibilidad de mantener la coexistencia de dos modalidades de centros financiados públicamente cuyo objetivo es distinto y que compiten por el mismo alumnado. En lugar de ello, cada vez que un partido llega al poder, reforma las leyes educativas para que dé la impresión de que hacen algo y nos mantienen entretenidos (y liados) al profesorado y al alumnado. Lampedusa puro: “Que cambie todo para que no cambie nada”. Mientras tanto el foco del problema educativo y la discusión lo dirigen a temas más mediáticos pero que en el fondo son menores aunque desaten pasiones: que si el catalán, que si el bilingüismo, que si la religión, que si las reválidas, que si el informa PISA... En fin, ¡qué país! ___________________

Joan Daniel Oliver es socio de infoLibre

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