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No sólo Cataluña es singular: del 'dumping fiscal' de Madrid al criterio de dispersión en Galicia

Más papistas que el papa

Antonio García Gómez

Más biblistas que el propio Jesús interpretando la verdad de las cosas de su dios, de su dios padre.

Porque la derecha no puede quedarse sin el relato. No puede quedarse “sin ETA y sin procés”. Así, dándole oxígeno y esperanza a su escaso bagaje opositor, ante una sociedad española que ha mostrado capacidad, decencia y dignidad, al menos desde la vulnerabilidad que con frecuencia ha debido lidiar, y que, en consecuencia, ha sabido luchar y sobrevivir, sin conceder nada inconfesable a cambio, salvo el seguidismo de los más crédulos, de los más acérrimos, de los más tramposos. Con la derecha enrabietada negando la posibilidad de afrontar una convivencia razonable y una atención tolerable, esperanzadora para las cosas del vivir a diario, con aquello que de verdad importa y urge a la población de a pie. Porque la derecha anda, por naturaleza, desahogada, y su dedicación favorita es la encizañar con la rabia del poderoso aupado de su pedestal. Y si hay que echar, desde el Senado, para atrás una ley, como la de la amnistía, con mayoría parlamentaria en el Congreso, pues se echa atrás, aunque se haya comprobado que puede que haya tenido cierto efecto balsámico, en pro de la convivencia y la desafección de muchos independentistas catalanes.

Por eso quedó algo descolocada la derecha cainita ante la derrota conjunta e innegable del citado soberanismo catalán, en las pasadas elecciones, como opción rupturista, quimérica y maleducada, a partir de una rácana mayoría social que hasta entonces creía ostentar y ahora misma perdida, relegada a un 39%, porque la derecha necesita que perviva el independentismo al que enfrentarse con insidia y toque a rebato, como ha necesitado a ETA revivida una y otra vez, porque la derecha “contra ETA y el procés vive mejor”, y el discurso ya lo tenía muy elaborado, el discurso, la alarma permanente, el miedo inducido, el “a por ellos” que movilizara a los suyos contra el espectro que, a su pesar, iba diluyéndose. Ese “a por ellos” que solo ha logrado ser incendiario como espoleta.

Con la mala fe de quien y quienes insultan a nuestro presidente de gobierno legítimo y democrático con el indecente “hijo de puta”, rumiado y revenido, para luego negar la verdad de sus palabras masculladas, y hacer gracietas, y lucir camisetas inspiradas en un abyecto terrorista, para envenenar y entretener y así dejar de hablar de, como diría Salvador Illa, las cosas de comer.

La derecha necesita que perviva el independentismo al que enfrentarse con insidia y toque a rebato, como ha necesitado a ETA revivida una y otra vez, porque la derecha “contra ETA y el 'procés' vive mejor”

Porque no soportan una mayoría plural, social y política que no haya querido beber las aguas de una derecha rampante y muy retrógrada.

Por eso mismo, ahora siguen algo descolocados, los representantes de la dichosa derecha, aunque enseguida han readaptado el nuevo discurso en Cataluña y donde les crea convenir, y así, ahora coincide y se abraza el nuevo relato, y es que el nuevo líder del separatismo y soberanismo catalán es y será el propio Pedro Sánchez. Y, por lo tanto, más leña al odio y más odio a la ausencia de convivencia que la derecha pretende ahondar hasta la degradación más insoportable, sí o sí.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre.

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