Librepensadores

La peligrosa Rusia de Putin

Franklyn Raúl Estruch Fernandez

Con la desaparición del campo socialista, la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión soviética, muchos pensaron que había desaparecido el peligro de una guerra mundial y que habría una paz duradera. Otros gritaban el “fin de la ideología” y la paz social. ¡Qué lejos de la realidad! Ni una cosa, ni otra. El capital es insaciable. Siempre habrá una justificación, un enemigo y un explotado o satanizado.

Decía alguien, que EEUU surgió bajo una guerra, la de independencia y desde entonces no puede existir sin ella. ¿Pretextos, justificaciones? Muchos: la seguridad nacional, la lucha contra el comunismo, la protección de sus ciudadanos y sus intereses en el extranjero, los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo. Detrás de esta envoltura política e ideológica, usada a conveniencia, hay en última instancia una motivación económica, promovida por sus grandes beneficiarios detrás del poder: el complejo militar industrial (que integra a las grandes empresas industriales y corporaciones asociadas al motor-la metalurgia y la electrónica) y el capital que vive y crece de los hidrocarburos. Cuando hay guerra, EEUU sale de la crisis o su economía crece. Esa es su máxima y la base de su política internacional.

Se necesitaba y se necesita un nuevo enemigo y ahí estaban a mano los regímenes autocráticos árabes no aliados a Washington (no objeto de nuestro artículo), y la Rusia independiente y ortodoxa que no se avenía a las órdenes, y a todos los cánones democráticos occidentales.

Rusia ya no es comunista, pero es de temer. Esa es la nueva filosofía. “El peligro ruso”, pasa a ser la nueva justificación de EEUU y sus aliados europeos occidentales, para expandir su radio de influencia a los antiguos países comunistas de Europa oriental, en lo económico, político y militar. Aparece la justificación para trasladar las bases militares de la OTAN de sus territorios, y reinstalarlas en la frontera más próxima a Rusia; es decir, en los antiguos países comunistas. De golpe, apareció ante la Europa occidental, un vasto mercado por conquistar, que hasta no hace mucho era inaccesible para sus producciones industriales y sus finanzas; además de una nada despreciable fuente de materia prima y mano de obra barata calificada, incluyendo científicos e investigadores. No fue nada difícil para EEUU, el comprometer a Europa en esta nueva cruzada. El bocado era muy apetitoso para todos.

Alimentando los perjuicios y prejuicios, justificados o no, de antiguos países comunistas de Europa oriental, y de antiguas repúblicas soviéticas hacia la Rusia-Moscú que nucleó el fallido proyecto comunista multinacional (la URSS), la UE y EEUU fueron captando a estas con promesas y programas de ayuda económica, financiera y militar. Hoy son miembros de la UE: Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumanía, Croacia y Eslovenia (junto a otros 4 países conformaban la antigua Yugoslavia), Eslovaquia y República Checa (antigua república de Checoslovaquia) y las tres repúblicas del Báltico (прибалтика)- Estonia, Letonia y Lituania. En todas ellas, y en Georgia, hay bases militares de la OTAN que como un muro bélico, rodean la frontera europea de Rusia, a título de “escudo antimisiles rusos”.

Rusia ha estado consciente del cerco militar cada vez más estrecho de la OTAN y EEUU, y de la pérdida de mercados históricos, y lo ha aceptado con serenidad y responsabilidad. Eso sí, no ha dejado de desarrollar la industria armamentista, para fortalecer su capacidad defensiva y de respuesta.

Entonces cabría preguntarse, ¿realmente quién está acorralando a quién? ¿Quién ha estado mostrando una política provocadora y agresiva? Evidentemente la OTAN y EEUU. Hay que decir, que la Rusia soviética y post soviética se mantuvo al margen cuando los países de Europa oriental decidieron abandonar el camino del comunismo. Desmanteló sus bases militares, y retiró sus tropas. La Rusia capitalista de Yeltsin, apologética de EEUU y del capitalismo, facilitó este proceso con creces.

Con la llegada al Kremlin, del binomio Vladimir Putin y Medvedev, Rusia ha recuperado su voz y pujanza en la esfera internacional, ha elevado la moral y la dignidad del pueblo ruso, y rescatado las tradiciones ortodoxas cristianas. Su gobierno goza del apoyo de la mayoría de la población, nos guste o no. Rusia no sólo se rearma con éxito, sino que también interviene activamente en los asuntos internacionales, rompiendo con el poder absoluto de EEUU. Para EEUU, que necesita de una Rusia débil y dividida, esto no es nada grato, y da pasos para reavivar la Guerra fría, a sabiendas de que un enfrentamiento militar entre ambos, sería el fin de la civilización, y que ninguno daría el primer paso. Evidentemente, la verdadera causa, es económica y geopolítica

Hasta hoy, las mayores justificaciones del peligro ruso, se han sustentado en el conflicto de Georgia, y últimamente en el de Ucrania. EEUU y la OTAN lo han manipulado a su favor, y utilizado para alimentar la ruso fobia, y la carrera armamentista en la región.

La desintegración de la antigua URSS, y la constitución de sus estados miembros en repúblicas independientes fue muy abrupta, casi espontánea, y sorprendió a regiones autónomas, poblaciones y etnias enteras. La población rusa que se radicó en las antiguas repúblicas soviéticas (proceso que se venía gestando desde la época del imperio zarista), no es nada despreciable. El idioma ruso siguió siendo en muchas, un elemento imprescindible e integrador de nacionalidades y culturas diversas. La integración e interdependencia de sus economías no permitía un desconecte total, sin ayuda del otro lado. Todo esto presagiaba fricciones y conflictos aislados entre Rusia y algunas de las exrepúblicas soviéticas.

En Georgia, ex república soviética, se declararon en rebeldía y reclamaron su separación las regiones de Osetia del Sur (región autónoma desde la Unión soviética, separada de facto desde la independencia de Georgia y una etnia totalmente diferente a los georgianos), y Abjasia (que había proclamado su independencia en 1999). Un conflicto étnico histórico de no pertenencia a Georgia, explosionó durante el mal gobierno de Sakashvili (2006) que llevó al país a la crisis económica, y que llevó a este a utilizar la fuerza y la ley marcial para reprimir los intentos separatistas, de población mayoritariamente rusa. Las tropas rusas que en función de los acuerdos de paz que pusieron fin al conflicto bélico, estaban presentes en la república separatista, tomaron las armas de lado osetio al poco de desencadenarse los combates. Se enfrentaron al ejército georgiano enviado para recuperar el control del enclave Osetio. En agosto del 2008 se decretó el fin de las operaciones militares rusas en territorio georgiano y posteriormente aceptó el plan de paz propuesto por la UE, que conllevaba la retirada de ambos bandos a las posiciones anteriores al comienzo del conflicto. Aunque en circunstancias de afinidad étnica, fronteras, etc., completamente diferentes, y sin bombardeos que masacraran a la población civil y destruyeran objetivos económicos y civiles, Rusia actuó, en última instancia, según las pautas con que actuó la OTAN y EEUU en el conflicto de Kosovo [1].

La archiconocida máxima anglosajona en política exterior, divide y vencerás, es la principal estrategia de EEUU, para disolver estados fuertes no afines, para debilitar gobiernos de izquierda, y para imponer sus intereses.

De vital importancia para acabar de consumar el cerco a Rusia, a EEUU y la OTAN sólo les quedaba Ucrania. Una Ucrania inconforme con su rol histórico de segundona, con una economía fuertemente interdependiente de Rusia, con tierras muy fértiles y productivas, con un mercado potencial muy grande, una posición privilegiada en el Mar Negro, y una amplia frontera con Rusia. Ucrania fue preparada, empujada y presionada para aceptar un acuerdo de asociación con la UE, con un plan de ayuda como cebo. Ya conocemos el costo de esa operación. Un golpe de estado al gobierno legítimamente electo de Víctor Yanukovich (al margen de su carácter corrupto o no) promovido desde el exterior; la instauración de un gobierno anti ruso, y la reacción esperada: los levantamientos en Crimea, y en las regiones de Luhansk y Donetsk

¿Acaso algún analista iluso llegó a pensar que Rusia iba a renunciar a su base naval histórica en Crimea, a su salida naval-militar al Mediterráneo? ¿Hasta dónde puede llegar a cegar, la prepotencia política y el injerentismo? Algo similar nadie lo hubiese permitido, y mucho menos EEUU, que en contra el derecho soberano de Cuba, y la repulsa mundial, sigue manteniendo la base naval de Guantánamo, la menos operativa que tiene hoy en el mundo. Se lo pusieron fácil a Rusia. Con población mayoritariamente rusa, y ruso parlante, Crimea levantó la bandera de la independencia, y le siguen las regiones de Donetsk y Luhansk, con iguales características.

La rusofobia no sólo no está bien sustentada, sino que es una burda manipulación, que a la larga hará a Rusia más fuerte. De exportadora de petróleo y gas, ha pasado a ser la segunda mayor exportadora de armas, llegando a disputarle a EEUU, el mercado latinoamericano. Su desarrollo armamentista dinamizará su economía y su industria (tal como sucedió en el mundo, durante la primera y segunda guerra mundial); está desarrollando y consolidando gradualmente su demanda interna, y se ha orientado a alianzas estratégicas con Asia, que le abre nuevos mercados y oportunidades, y la hace menos dependiente de Europa occidental.

En toda esta nueva cruzada, la que más arriesga en caso de un conflicto bélico, es Europa (por cercanía), y la que más pierde en oportunidades económicas es Europa. ¿Acaso no se ve? ¿Cuándo Europa será realmente independiente y práctica y dejará de seguir fielmente a los EEUU, en todas sus aventuras bélicas y políticas? ¿Ahora, ante el desaire y el nacionalismo de Trump? No lo creo. Su condición de primer mundo la hace arrogante y juez universal, haciéndola inflexible e impositiva. Le hace falta mucho más.

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[1] Conflicto Kosovo. Rusia -aliado histórico de Serbia- apoyó incondicionalmente a Belgrado en el tema de Kosovo. Serbia nunca aceptó la secesión de Kosovo -lograda con ayuda de la OTAN en 1999- aunque acordó no bloquear el camino de su antigua provincia a la membresía de la Unión Europea. Muchos otros países también rechazaron la declaración de independencia de Kosovo en 2008. Rusia congeló la cooperación militar con la OTAN poco después de que la alianza lanzó en 1999 incursiones de bombardeos a gran escala en Serbia.

 

Franklyn Raúl Estruch Fernandez es socio de infoLibre

 

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